Sociedad
Moderna pone precio a su vacuna: entre 21 y 31 euros
La farmacéutica estadounidense Moderna ha puesto precio a su vacuna contra el coronavirus. La compañía ha anunciado que cobrará entre 21 y 31 euros a los gobiernos de todo el mundo por cada una de las dosis de su antígeno. Teniendo en cuenta que son necesarias dos inyecciones, inmunizar a una persona contra la Covid-19 podría ascender a 60 euros.
El director ejecutivo de la farmacéutica, Stephane Bancel, ha informado de que la horquilla de costes se ha calculado en relación al precio de salida que tienen otros fármacos del mercado. “Nuestra vacuna cuesta aproximadamente lo mismo que una vacuna contra la gripe”, ha informado en una entrevista en el semanario alemán Welt am Sonntag.
El establecimiento del precio de la vacuna demuestra el gran beneficio que puede recibir la compañía si finalmente logra el visto bueno definitivo de los reguladores sanitarios internacionales para comercializar su vacuna. Pretenden sacar al mercado hasta 1.000 millones de unidades a lo largo del 2021.
Europa no logra alcanzar un acuerdo con Moderna
Varios días después de que Moderna anunciase que su vacuna tiene una eficacia del 94,5% para combatir la Covid-19, la Unión Europea todavía no ha logrado desatascar las negociaciones para poder adquirir una primera partida de dosis. La desvelación del precio rompe una espiral de secretismo que había protagonizado las negociaciones hasta ahora.
La Comisión Europea ha tratado de llegar a un acuerdo equivalente al que ha suscrito con otras grandes farmacéuticas como Pfizer, Astrazeneca o Sanofi para reservar cientos de millones de unidades del antígeno que repartirá entre los países miembros del bloque, sin embargo las conversaciones aún no han llegado a buen puerto.
El precio fijado por Moderna ofrece una primera estimación sobre el coste de la compra, que los responsables europeos nunca han querido comunicar a la prensa. Reservar 300 millones de dosis (la cantidad que han adquirido del resto de compañías internacionales) podría suponer una inversión que llegara hasta los 9.000 millones de euros para el bloque.
A pesar de la dilatación de las negociaciones, tanto los responsables de Moderna como los portavoces de la Comisión Europea siguen insistiendo en que buscan cerrar un acuerdo cuanto antes. «Todavía no se ha firmado nada, pero estamos cerca de un acuerdo con la Comisión de la UE. Queremos entregar a Europa y estamos en conversaciones constructivas”, ha expresado Bancel.
Moderna tiene la segunda vacuna más eficaz del mercado
Moderna ha logrado desarrollar la segunda vacuna más eficaz durante la carrera internacional. Han demostrado en los ensayos clínicos con cerca de 30.000 voluntarios de todo el mundo, que su prototipo es eficaz al 94,5%. Solo medio punto por debajo que el diseño de la farmacéutica estadounidense Pfizer, su gran rival nacional e internacional.
La principal ventaja que dispone Moderna es que su vacuna no requiere una convervación a una temperatura tan baja como la de Pfizer que debe ser transportada y almacenada a -80 grados centígrados. Un fenómeno que facilita su suministro a lo largo del mundo durante los primeros meses del 2021.
Moderna ha confiado buena parte de su estrategia de distribución internacional en España. Los laboratorios Rovi de Madrid serán uno de los puntos estratégicos en los que se fabricarán y repartirán las dosis para toda Europa.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
