Sucesos
Muere la anciana que sufrió un violento robo a manos de dos jóvenes en Vitoria
La mujer de 75 años víctima de un violento robo en un portal de Vitoria ha muerto finalmente tras permanecer varias jornadas ingresada en el hospital de Santiago. La Policía vasca mantiene abierta la investigación para dar con los agresores, al parecer dos varones jóvenes de origen extranjero.
Los hechos tuvieron lugar la tarde del domingo, en torno a las cuatro y media, en un bloque de viviendas ubicado en el barrio de Aranbizkarra. Según confirmó el Departamento vasco de Seguridad, dos individuos que supuestamente habían estado siguiendo a la víctima entraron con ella al portal y se metieron juntos en el ascensor.
Una vez allí, los agresores comenzaron a golpearla con el fin de arrebatarle sus pertenencias. Nada hizo sospechar a la anciana de las malas intenciones de los jóvenes, dado que se trata de un bloque de viviendas en el que muchas personas viven de alquiler y es habitual cruzarse con gente desconocida.
La mujer, de 75 años, fue hallada poco después por sus vecinos, que dieron la alarma a los servicios sanitarios. Estos trasladaron a la víctima hasta el hospital de Santiago de la capital alavesa, donde finalmente ha fallecido este martes.
Algunos vecinos del inmueble relataron a El Correo que la mujer, todavía aturdida por los golpes y con el rostro ensangrentado, comenzó a pedir auxilio a gritos. La encontraron en las escaleras del quinto piso con la nariz destrozada y otras contusiones en el rostro. En ese momento les explicó que había sufrido un atraco a manos de unos jóvenes «de origen magrebí». La víctima vivía en el primero desde hacía poco tiempo, y según las primeras informaciones no tiene marido, hijos ni familia conocida.
Fuentes policiales apuntaron hacia la posibilidad de que la mujer sufriera un ictus una vez trasladada al hospital de Santiago, donde antes de sufrir las complicaciones había vuelto a relatar lo sucedido.
Investigación abierta
A la espera de que Salud ofrezca novedades en torno al estado de salud de la anciana, la Policía autonómica mantiene abierta la investigación para intentar arrestar a los presuntos culpables, que abandonaron el lugar a pie. Los investigadores buscaron por el edificio huellas u otras pistas biológicas que pudieran facilitar su identificación. También peinaron la zona y consultaron a los vecinos sobre si habían visto a los implicados.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
