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Muere un entrenador de fútbol juvenil en España tras dar positivo por coronavirus

Redacción

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España continúa en el foco de la información cuando se habla del coronavirus. Entre sus más de 200 muertes, éste domingo se registró la de un joven de 21 años que integraba el grupo de riesgo y había dado positivo por COVID-19 en unas pruebas que se le habían hecho días atrás.

Francisco García, entrenador del equipo infantil del club malagueño Atlético Portada Alta no superó la enfermedad. Al español se le había diagnosticado una leucemia con anterioridad y el virus empeoró su cuadro. El joven se convirtió en el séptimo fallecido en la región de Andalucía.

Hasta el momento, el técnico español se convirtió en la persona más joven en España en morir por esta enfermedad de la que se tiene constancia y en diálogo con “Málaga Hoy”, las fuentes sanitarias aseguraron que si sólo hubiera sido infectado con el virus, seguramente se hubiera recuperado.

“Desde el Atlético Portada Alta queremos manifestar nuestro más profundo pésame a la familia, amigos y allegados de nuestro entrenador Francisco García que nos ha dejado, por profunda desgracia, en el día de hoy. ¿Y ahora qué hacemos sin tí, Francis? Sí siempre estabas con nosotros en el Portada o donde hiciera falta, ayudando. ¿Cómo vamos a seguir conquistando kilómetros en la liga? No sabemos como, pero seguro que lo haremos, por tí. No te vamos a olvidar, descansa en paz, fenómeno. Hasta siempre”, fue el comunicado que publicó la cuenta oficial del equipo en sus redes sociales.

Según detalló el sitio “ABC” de España, García padecía una leucemia que se le había detectado tras acudir al Hospital Regional la semana pasada con síntomas propiamente correspondientes al coronavirus (dificultad para respirar).

El presidente del Atlético Portada Alta, José Bueno, habló acerca del fallecimiento de su colega y detalló que se produjo sobre las ocho de la noche en el centro médico y que minutos antes había hablado con su familia y se encontraba estable. El directivo tenía la esperanza de que el joven iba a salvarse porque “era un chico fuerte”, se lamentó.

Al mismo tiempo, comentó que “tenía toda la vida por delante” y que “quería a los niños como si fueran suyos”. García formaba parte de la institución hace cuatro años y además de entrenar a la cuarta división infantil (12 y 13 años), también era el delegado de la categoría “Benjamín” (entre 8 y 9 años)

El primer equipo del Málaga, ciudad en la que se encuentra el club, también se hizo eco del fallecimiento de Francisco García y envió sus condolencias a los familiares: “Desde el Club queremos trasladar al Atlético Portada Alta nuestro más sentido pésame por la pérdida de uno de sus técnicos, Francisco García, así como mandar un cálido abrazo a sus familiares y amigos. Entre todos debemos frenar al #COVID19”.

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Zapatillas: comodidad, moda y decisiones de compra en el Perú de hoy

Redacción

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zapatillas: la palabra suena cotidiana, pero en el Perú de hoy concentra una discusión más grande sobre consumo, identidad y hasta salud pública, porque lo que nos ponemos en los pies dice mucho de cómo vivimos y de lo que priorizamos. En Lima y en regiones, la escena se repite: gente que se mueve más, que combina trabajo con trayectos largos y que, en medio de un ritmo acelerado, busca algo que aguante el trote sin castigar la espalda ni el bolsillo.

La “zapatilla” ya no es un objeto reservado para el deporte. Se metió en la oficina (cuando el código de vestimenta se relajó), en el campus, en la combi, en el mall, en la salida familiar del domingo y en la caminata improvisada por el malecón cuando el día se presta. Y, sobre todo, se instaló como una compra que no se hace a ciegas: se compara, se calcula y se decide con una mezcla de gusto, necesidad y presupuesto. Lo interesante es que el mercado lo entendió antes que muchos: el abanico de opciones se ha ampliado al punto de que, en una sola vitrina digital, conviven líneas urbanas, deportivas y “de uso diario”, con marcas globales y otras más accesibles que apuntan al volumen.

Ese crecimiento se nota en la oferta. En el catálogo de marcas de zapatillas de Ripley, por ejemplo, la variedad es tan amplia que el listado se cuenta por miles de resultados y reúne nombres que van desde Adidas, Nike y Puma hasta New Balance, Converse, Skechers, Reebok y Steve Madden, entre muchas otras marcas presentes en el mismo espacio de búsqueda. No es un detalle menor: cuando el consumidor encuentra tanta diversidad en un solo lugar, la competencia deja de ser únicamente “quién vende” y pasa a ser “quién orienta mejor”, “quién ofrece mejor experiencia” y “quién resuelve rápido” si algo no calza como uno esperaba.

También hay un componente económico que empuja la conversación. Las campañas de descuento, cupones y temporadas comerciales han convertido a las zapatillas en uno de los productos emblema del e‑commerce, con mensajes agresivos de precio y urgencia. En esa misma página se promocionan ofertas “hasta 30% OFF” y se menciona incluso la dinámica de cupón en app, un guiño directo al nuevo consumidor que compra desde el celular y caza promociones con paciencia. No estamos hablando solo de calzado: hablamos de un hábito de compra cada vez más sofisticado, donde la gente no solo busca “algo bonito”, sino “algo que rinda” y que, si puede, salga con descuento.

Pero la zapatilla no vive únicamente en la lógica del ahorro. Hay un fenómeno cultural, silencioso y persistente: el calzado se volvió una forma de pertenecer. En el Perú urbano, sobre todo entre jóvenes, la zapatilla comunica. Una silueta ancha o minimalista, un color sobrio o una combinación llamativa, un modelo clásico o uno más “tech”: todo eso funciona como lenguaje. No hace falta decirlo en voz alta. Se ve. Y esa lectura se ha normalizado tanto que hoy hay personas que planifican su outfit alrededor del par que tienen, no al revés.

En paralelo, la demanda de comodidad dejó de ser “un gusto” para convertirse en criterio principal. El ciudadano promedio camina más de lo que cree: para llegar al paradero, para atravesar centros comerciales, para hacer trámites, para moverse en jornadas largas. En ese escenario, la amortiguación, el soporte y la durabilidad pesan tanto como la apariencia. Por eso se ha vuelto común que una misma persona tenga distintos pares según uso: uno para entrenar, otro para calle y otro para el día a día, incluso si todos se llaman “zapatillas”. Y esa segmentación explica por qué los catálogos se han hecho tan extensos y detallados: no se compra lo mismo para correr que para caminar o para estar de pie ocho horas.

La otra cara de esta historia es la digitalización del consumo. Comprar zapatillas por internet —antes visto con desconfianza— hoy es rutina, especialmente cuando el usuario siente que puede filtrar por marca, talla, estilo y precio en segundos. Esa “sensación de control” es clave. La navegación por grandes listados, donde aparecen decenas de marcas y una cantidad muy alta de opciones, refleja que el consumidor peruano ya no quiere una tienda con pocas alternativas: quiere un buscador con muchas puertas. Y el retail ha respondido con páginas que organizan el caos: filtros, categorías y un lenguaje comercial que insiste en el beneficio inmediato (descuento, envío, cupón, campaña).

Ahora bien, en medio de tanta oferta, surge la pregunta que vale oro para cualquier comprador: ¿cómo elegir sin perderse? Aquí, más que recetas, hay criterios prácticos. Primero, tener claro el uso: no es lo mismo una zapatilla urbana, pensada para caminar y combinar, que una de entrenamiento, que debe priorizar estabilidad y soporte. Segundo, mirar el material: la promesa de “ligereza” puede ser buena, pero si el uso es intenso conviene revisar costuras, suela y ventilación. Tercero, no subestimar la talla: el pie cambia con el tiempo, con el calor y con el tipo de media; comprar por impulso suele ser el camino más corto a la incomodidad.

Al final, las zapatillas concentran un retrato bastante exacto del Perú contemporáneo: un país que se mueve, que mezcla lo formal con lo práctico, que compra con más información que antes y que, pese a las diferencias de ciudad y bolsillo, comparte una misma idea básica: caminar cómodo ya no es un lujo, es una necesidad. Y en esa necesidad caben muchas historias: la del estudiante que quiere durar todo el ciclo con un solo par, la del trabajador que prioriza salud y resistencia, la del padre o madre que busca calidad sin desbalancear el gasto, y la de quien —simplemente— encuentra en un buen par una pequeña certeza para enfrentar el día.

 

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