Opinión
Mujeres maltratadas y denuncias falsas
Ramiro Grau Morancho(*).- Evidentemente no todas las denuncias presentadas por mujeres maltratadas son falsas; pero sí una buena parte. El porque se ocultan estos datos, no se deducen testimonios de las denuncias falsas, que constituyen un delito, o ni siquiera se llevan estadísticas fiables al respecto, habría que preguntárselo al Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género, y a los entes similares creados a lo largo y ancho de España, generosamente regados con dinero público, y que solo sirven para dar acomodo a feministas recalcitrantes.
Son varios los autores que han alertado de los peligros de esta legislación pro mujer, que ignora los principios básicos del derecho penal, por no decir que los pisotea abiertamente.
Desaparece la presunción de inocencia para pasar a convertirse en presunción de culpabilidad, salvo prueba en contrario. Prueba que realmente es diabólica, porque, ¿cómo demuestro que no he agredido a una mujer, si esta se da cabezazos contra una puerta para luego acusarme de ello? Este caso que digo es real, y lo he vivido en mi experiencia como fiscal sustituto.
O ¿cómo podemos valorar penalmente, se entiende, el llamado maltrato psicológico? A la inversa, es decir, de la mujer al varón: ¿es maltrato psicológico no lavar la ropa, no hacer la comida, tener la casa hecha una m…, y pasar de todo? Casos así también los he visto. O quedarse íntegramente con su sueldo y pretender que tú pagues todo, absolutamente todo, mientras ella dilapida su dinero en cremas, potingues y modelitos, a la búsqueda de una juventud años ha perdida, por el rápido devenir de los años. Por no hablar de las operaciones de cirugía estética a las que algunas son tan aficionadas: me quito culo, me pongo pecho, estiro la cara, etc.
La legislación no solamente ignora estas realidades y problemas sociales y jurídicos, sino que se empeña en seguir profundizando en la creación de enfrentamientos entre hombres y mujeres, dando todo tipo de facilidades a las mujeres para que utilicen el derecho penal como un instrumento para criminalizar a su ex, convirtiéndole en un juguete roto, sin presente ni futuro. Por supuesto que hay hombres merecedores de reproche penal, y que no justifico, en modo alguno, los maltratos físicos o psicológicos a cualquier mujer, pero es evidente que hemos llegado a una situación de auténtico abuso, por el exceso de protección.
El derecho penal no puede ni debe ser un instrumento para perjudicar a otras personas, sino un medio de pacificación social, para evitar enfrentamientos, acudiendo a un tercero, el Estado, que ejercita el ius puniendi, sancionando aquellas conductas merecedoras de reproche penal, y pacificando las relaciones interpersonales de las partes, denunciante y denunciada. Y más en asuntos tan sensibles como estos, dónde hay hijos, normalmente menores de edad, de por medio, y cualquier conflicto entre los padres repercute negativamente en las relaciones con los hijos.
Mientras sigamos legislando a favor de las mujeres maltratadas, correremos el peligro de que se presenten millares de denuncias falsas, todos los años, que lo único que buscan es obtener los beneficios que el buenismo gubernamental les depara…, aunque sean falsas. Y para muestra un botón: Real Decreto-Ley 27/2012, de 15 de noviembre, de medidas urgentes para reforzar la protección a los deudores hipotecarios, artículo 1, suspensión por dos años de los lanzamientos sobre viviendas habituales de colectivos especialmente vulnerables, apartado 2, letra g). Unidad familiar en que exista una víctima de violencia de género, conforme a lo establecido en la legislación vigente, en el caso de que la vivienda objeto de lanzamiento constituya su domicilio habitual”.
¿Cuántas denuncias falsas por violencia de género veremos en los próximos años, simplemente para evitar el desahucio? Una vez presentada la denuncia, y celebrado el juicio rápido correspondiente, ambos dos, la supuesta víctima y el presunto agresor, seguirán viviendo tranquilamente en la casa, al menos durante los dos años siguientes… Y aquí paz y después gloria. Las personas necesitadas, y sobre todo los extranjeros, se las saben todas, y una buena parte de ellos tienen un concepto meramente instrumental de las leyes, es decir las utilizan única y exclusivamente en su propio beneficio.
Me gustaría equivocarme, pero por desgracia, creo que no. Y estas denuncias provocarán interminables actuaciones policiales y judiciales, detenciones, instrucción de procedimientos, juicios rápidos, etc., todo lo cual tendrá un elevadísimo coste económico y social. Con el añadido, además, de que al ser personas con escasas rentas, no pagarán tasa judicial alguna, por lo que sus chanchullos correrán a nuestro cargo…
*Ex juez y fiscal, abogado.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
