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Nadal vence a Berrettini y jugará la final del US Open frente a Medvedev

Redacción

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Rafa Nadal se ha clasificado para la final del US Open, cuarto y último ‘Grand Slam’ de la temporada, tras imponerse al novato italiano Matteo Berrettini en un excelente partido resuelto por 7-6(6), 6-4 y 6-1 en dos horas y 35 minutos de partido.

El de Manacor, triple campeón en Estados Unidos (2010, 2013 y 2017), buscará su cuarto entorchado ante el ruso Daniil Medvédev, una de las revelaciones del torneo, pero su nivel esta madrugada ha sido tan alto que los pronósticos acercan al español a un nuevo hito en su carrera: el que sería su 19º.

Nadal fue el de las grandes noches. Apretando el puño y celebrando cada punto, el jugador balear necesitó un primer set muy igualado para luego asestar el golpe mortal a su rival. Este viernes no estuvo especialmente fino al resto, pero se fue entonando con el paso de los juegos y, sobre todo, al superar el primer asalto.

El mallorquín dejó escapar hasta seis bolas de rotura y no tuvo más remedio que acudir al ‘tie-break’ para resolver el set inicial. Nadal estuvo más certero que el joven italiano de 23 años y se apuntó la primera manga de lo que -parecía- iba a ser un partido maratoniano. Berrettini desperdició un 0-4 a su favor con dos errores propios de su juventud.

Fue entonces cuando cambió la historia a la décima oportunidad para Rafa. Se había pasado de un posible nuevo desempate, al 2-0 para el español y la dificultad de levantar la empresa para Berrettini, diez años más joven que Nadal. La experiencia y la cabeza jugaron un papel vital, ya lo dijo el propio Rafa tras los cuartos de final, y acabó suponiendo el desgaste total del tenista romano, fan del manacorí desde pequeño.

De esta forma, Nadal encaró el tercer set con la suficiencia que le otorga su currículo, pero también con la confianza que ha ido ganando en Flushing Meadows, donde es un auténtico ídolo. El insular se abrió paso en la que será la final de Grand Slam número 27 de su carrera (18-8) y la quinta en Nueva York.

Además, este domingo tratará de recortar distancias frente al suizo Roger Federer en la lista histórica de campeones en esta categoría. Y es que el español guarda en su vitrina 18 títulos, mientras que el de Basilea conserva 20 coronas de este nivel.

Nadal se enfrentará en el último partido por el título ante Daniil Medvedev por segunda vez en esta gira americana. El tenista español domina el ‘cara a cara’ por 1-0 en el único precedente entre ambos en la final del ATP Masters 1000 de Canadá, donde se impuso por 6-3, 6-0 en apenas 70 minutos.

Medvedev, de 23 años, ha alcanzado la final del último ‘grande’ de la temporada después de derrotar en la primera semifinal al búlgaro Grigor Dimitrov, también en tres asaltos 7-6, 6-4 y 6-3. El ruso hace historia en su país al conseguir clasificarse para la final de un ‘Grand Slam’ 14 años después de Marat Safin en Australia 2005.

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Zapatillas: comodidad, moda y decisiones de compra en el Perú de hoy

Redacción

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zapatillas: la palabra suena cotidiana, pero en el Perú de hoy concentra una discusión más grande sobre consumo, identidad y hasta salud pública, porque lo que nos ponemos en los pies dice mucho de cómo vivimos y de lo que priorizamos. En Lima y en regiones, la escena se repite: gente que se mueve más, que combina trabajo con trayectos largos y que, en medio de un ritmo acelerado, busca algo que aguante el trote sin castigar la espalda ni el bolsillo.

La “zapatilla” ya no es un objeto reservado para el deporte. Se metió en la oficina (cuando el código de vestimenta se relajó), en el campus, en la combi, en el mall, en la salida familiar del domingo y en la caminata improvisada por el malecón cuando el día se presta. Y, sobre todo, se instaló como una compra que no se hace a ciegas: se compara, se calcula y se decide con una mezcla de gusto, necesidad y presupuesto. Lo interesante es que el mercado lo entendió antes que muchos: el abanico de opciones se ha ampliado al punto de que, en una sola vitrina digital, conviven líneas urbanas, deportivas y “de uso diario”, con marcas globales y otras más accesibles que apuntan al volumen.

Ese crecimiento se nota en la oferta. En el catálogo de marcas de zapatillas de Ripley, por ejemplo, la variedad es tan amplia que el listado se cuenta por miles de resultados y reúne nombres que van desde Adidas, Nike y Puma hasta New Balance, Converse, Skechers, Reebok y Steve Madden, entre muchas otras marcas presentes en el mismo espacio de búsqueda. No es un detalle menor: cuando el consumidor encuentra tanta diversidad en un solo lugar, la competencia deja de ser únicamente “quién vende” y pasa a ser “quién orienta mejor”, “quién ofrece mejor experiencia” y “quién resuelve rápido” si algo no calza como uno esperaba.

También hay un componente económico que empuja la conversación. Las campañas de descuento, cupones y temporadas comerciales han convertido a las zapatillas en uno de los productos emblema del e‑commerce, con mensajes agresivos de precio y urgencia. En esa misma página se promocionan ofertas “hasta 30% OFF” y se menciona incluso la dinámica de cupón en app, un guiño directo al nuevo consumidor que compra desde el celular y caza promociones con paciencia. No estamos hablando solo de calzado: hablamos de un hábito de compra cada vez más sofisticado, donde la gente no solo busca “algo bonito”, sino “algo que rinda” y que, si puede, salga con descuento.

Pero la zapatilla no vive únicamente en la lógica del ahorro. Hay un fenómeno cultural, silencioso y persistente: el calzado se volvió una forma de pertenecer. En el Perú urbano, sobre todo entre jóvenes, la zapatilla comunica. Una silueta ancha o minimalista, un color sobrio o una combinación llamativa, un modelo clásico o uno más “tech”: todo eso funciona como lenguaje. No hace falta decirlo en voz alta. Se ve. Y esa lectura se ha normalizado tanto que hoy hay personas que planifican su outfit alrededor del par que tienen, no al revés.

En paralelo, la demanda de comodidad dejó de ser “un gusto” para convertirse en criterio principal. El ciudadano promedio camina más de lo que cree: para llegar al paradero, para atravesar centros comerciales, para hacer trámites, para moverse en jornadas largas. En ese escenario, la amortiguación, el soporte y la durabilidad pesan tanto como la apariencia. Por eso se ha vuelto común que una misma persona tenga distintos pares según uso: uno para entrenar, otro para calle y otro para el día a día, incluso si todos se llaman “zapatillas”. Y esa segmentación explica por qué los catálogos se han hecho tan extensos y detallados: no se compra lo mismo para correr que para caminar o para estar de pie ocho horas.

La otra cara de esta historia es la digitalización del consumo. Comprar zapatillas por internet —antes visto con desconfianza— hoy es rutina, especialmente cuando el usuario siente que puede filtrar por marca, talla, estilo y precio en segundos. Esa “sensación de control” es clave. La navegación por grandes listados, donde aparecen decenas de marcas y una cantidad muy alta de opciones, refleja que el consumidor peruano ya no quiere una tienda con pocas alternativas: quiere un buscador con muchas puertas. Y el retail ha respondido con páginas que organizan el caos: filtros, categorías y un lenguaje comercial que insiste en el beneficio inmediato (descuento, envío, cupón, campaña).

Ahora bien, en medio de tanta oferta, surge la pregunta que vale oro para cualquier comprador: ¿cómo elegir sin perderse? Aquí, más que recetas, hay criterios prácticos. Primero, tener claro el uso: no es lo mismo una zapatilla urbana, pensada para caminar y combinar, que una de entrenamiento, que debe priorizar estabilidad y soporte. Segundo, mirar el material: la promesa de “ligereza” puede ser buena, pero si el uso es intenso conviene revisar costuras, suela y ventilación. Tercero, no subestimar la talla: el pie cambia con el tiempo, con el calor y con el tipo de media; comprar por impulso suele ser el camino más corto a la incomodidad.

Al final, las zapatillas concentran un retrato bastante exacto del Perú contemporáneo: un país que se mueve, que mezcla lo formal con lo práctico, que compra con más información que antes y que, pese a las diferencias de ciudad y bolsillo, comparte una misma idea básica: caminar cómodo ya no es un lujo, es una necesidad. Y en esa necesidad caben muchas historias: la del estudiante que quiere durar todo el ciclo con un solo par, la del trabajador que prioriza salud y resistencia, la del padre o madre que busca calidad sin desbalancear el gasto, y la de quien —simplemente— encuentra en un buen par una pequeña certeza para enfrentar el día.

 

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