Opinión
«Nervios y agobio en Moncloa» Por Jesús Salamanca Alonso
Hay nervios, incertidumbre y enorme preocupación en Moncloa.
Han tardado en reconocerlo porque el atormentado gurú del CIS ha estado tapando las goteras con plastilina y, cuando la lluvia ha arreciado, han quedado al descubierto todos los agujeros. Y eso trae otras consecuencias: muchos ya empiezan a preocuparse por su puesto de trabajo a dedo; es decir, que no podrán levantarse a las diez de la mañana, ni cobrar un sueldo público de gorra. Las coaliciones siempre conllevan multiplicación de gastos, pero también de problemas. En el PSOE y en Unidas Podemos tiemblan cientos de asesores inservibles, carentes de especialización, muchos de ellos sin «curre» fijo y aprovechados de ocasión.
Los sondeos atan a Pedro Sánchez. Lo curioso es que no se había sentido atrapado hasta ahora. Ha tenido que caerse del burro, como San Pablo cayó del caballo camino de Damasco, para comprobar cómo a Núñez Feijóo lo vitorean en calles y restaurantes, a la vez que aumenta su intención de voto, sin que falten duros improperios contra Sánchez. Isabel Díaz Ayuso revoluciona los lugares donde acude y la ciudadanía se agolpa a su alrededor con aplausos, piropos y mensajes de cariño. Macarena Olona reúne a miles y miles de andaluces allí donde acude, a pesar del boicot que intenta a diario la izquierda radicalizada y antisistema, con despegue de carteles, caras de odio y piedras en los bolsillos.
Sabido es que Pedro Sánchez y sus estrafalarios asesores nos han tomado por tontos e ilegalmente nos han encerrado en casa innecesariamente durante semanas, porque era más fácil manipular así y hacer tramposa política escondida en leyes y decretos. Gracias a los tribunales y al buen hacer de políticos como Olona y Ayuso nos hemos librado de más actuaciones dictatoriales y represivas. Ahora, tanto el socialismo de Sánchez como el propio «Sanchismo» ya son un muerto viviente del que solo se pueden esperar trampas en las urnas, amenazas «fake» contra los opositores y recepción de balas, navajas o burdos «fake» de armas bajo la servilleta de ese restaurante al que nunca acudió el político acusado. ¡Atentos a los próximos días si Juan Espadas fracasa, que fracasará, en el primer debate televisado!
Hojeen y ojeen los diarios donde se informa de la asistencia a Cuevas del Almanzora (Almería) del presidente y de Juan Espadas. Me recuerdan a los novilleros que iban por los pueblos en busca de una oportunidad. Lo curioso es que han cercado el recinto donde «actuaban». Ambos saben que son dos cadáveres de la política, cada uno por motivos diferentes. Más de doscientos metros de protección para que el presidente no viera cómo lo abucheaban e insultaban. El recinto era el castillo del Marqués de los Vélez y solo entraron los fieles, muchos de ellos llegados en autocares, supongo que con bocadillo, cerveza, consignas y sombrero con cinta roja. ¿Lo habrán aprendido los actuales socialistas de aquellas exaltaciones al caudillo en la Plaza de Oriente?
El PSOE andaluz no consigue movilizar a sus seguidores. Juan Espadas no tendrá apoyo del municipalismo. Las corruptelas de la FAFFE y su paso por la Junta no se han olvidado. Hay rencillas y viejas cuchilladas pendientes. Saben que no puede ganar: aún colean los 21M de euros que «se perdieron» en EGMASA, empresa de carácter público que el propio Juan Espadas dirigió y presidió con inusual torpeza entre 2004 y 2008. El instructor de los ERE puede echársele encima en cualquier momento.
Me siento avergonzado escuchando a Sánchez que «todo lo bueno que tiene Andalucía lo ha hecho el PSOE». Supongo que en justa reciprocidad debería decir que «toda la historia del latrocinio, lupanares, robo a parados, dinero desaparecido, represión y traiciones a la ciudadanía se le debe al PSOE» ¿O no es así? Ni Sánchez, ni Espadas son ya voto útil. Estamos ante dos cadáveres políticos que, si los agasajan con un desierto de arena, en dos años la habrán vendido de forma fullera al primer postor, incluso una burra coja y soltera como feminista y de buena familia.
Las cosas no van bien. El presidente comprueba que la ciudadanía no lo acepta, en tanto que sí vitorea el trabajo, la ilusión y la entrega de otros líderes muy lejanos al represor y fanático sociocomunismo («socio», que no social). Tezanos ya no suma. El CIS es la gran mentira forrada de oro público. Y la marca socialista está a la altura de bilduetarras, golpistas, inútiles bullangueros y fascistas con tinte nacionalista.
En fin, respecto a los datos de Andalucía, si se confirman los resultados de las encuestas ajenas al embrutecido CIS, puede que estemos ante el hundimiento del Gobierno sociocomunista de España que, dicho sea de paso, no deja de oler a podrido, día sí y día también, por mucho perfume falsificado que lo echen.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
