España
Ni Gobierno ni coalición: Iglesias naufraga en el coronavirus

(R) Sostenía el sociólogo alemán Max Weber que las crisis no deben entenderse como hechos sobrevenidos sobre los que nada se puede hacer, que hay cierta clase de líderes, los carismáticos, que ayudan a solventarlas e incluso influir en el devenir de la historia. Ahí están Roosevelt, Lincoln, Churchill y De Gaulle, cuya obra se cinceló durante la guerra.
España carece de líderes. No los tiene en este tiempo bélico, de guerra bacteriológica. No lo es Pablo Iglesias. Después de los hechos acontecidos este sábado, precedidos de otros nada afortunados, el presidente Sánchez debería plantearse romper con el Gobierno de coalición.
La discusión dentro del Ejecutivo sobre el alcance de las medidas económicas —en las que la ortodoxia de Nadia Calviño y María Jesús Montero choca frontalmente con el dogmatismo de la cúpula de Unidas Podemos—, la pataleta de Iglesias —haciendo perder un tiempo que no se mide en minutos sino en vidas humanas— por haberse quedado sin silla en el mando del estado de alarma, y la presencia física del líder morado en el Consejo de Ministros rompiendo con la cuarentena y haciendo justo lo contrario de lo que las autoridades recomiendan al resto de ciudadanos, son razones de peso para la ruptura.
Mientras se dilapidaban diez horas de Consejo de Ministros por culpa de rifirrafes internos para desgranar un estado de alarma que ya se anunció el viernes y unas medidas económicas que no entrarán en vigor hasta la semana que viene, en Madrid se duplicaba el número de fallecidos por coronavirus. Cuando Sánchez dijo que «no dormiría tranquilo» con Iglesias en el Gobierno, debía referirse a esto.
Pero no solo es Unidas Podemos. Sánchez debe poner el foco en los otros partidos que le mantienen el poder y que, en circunstancias tan dramáticas, han destapado su rostro más feroz. Véanse las declaraciones de los líderes nacionalistas de las últimas 24 horas.
Cuando se demanda un mando único para gestionar la crisis, el ‘president’ Quim Torra barre para casa («no podemos aceptar que el Gobierno español confisque nuestras competencias en salud, seguridad y transporte […]. Necesitamos apoyo, no recentralización») y el portavoz del ejecutivo vasco, Josu Erkoreka, compara el estado de alarma con el 155 («sería un 155 en esta materia que, en principio no estaba anunciado, ni está tampoco en el tenor de las conversaciones que el ‘lehendakari’ ha mantenido con Pedro Sánchez»).
Lo peor de estas declaraciones es que a pocos pillan por sorpresa. Lo debería haber sabido también Sánchez. Mientras unos piensan en la salud pública, otros lo hacen en clave interna. Como destaca un ministro socialista, el teatro de Iglesias no es sino «una cortina de humo para tapar el verdadero problema: la tensión territorial».
Por todo ello, en este momento de emergencia nacional, el PSOE debe marcar distancias con Unidas Podemos y los nacionalistas y buscar el acercamiento a PP y Ciudadanos. No es que no haya excusas ideológicas para ello. Lo que no hay es tiempo.
«Desde Portugal [112 casos, 1 recuperado, 0 muertos] contemplamos con perplejidad lo que está ocurriendo en España. Aquí, como en la revolución del 74, estamos todos los partidos más unidos que nunca, remando para el mismo lado. Nos preocupa ver la división y falta de iniciativa de nuestro país vecino», comentaba ayer un ministro del gobierno luso.
El sentido de Estado que transmitió la ‘canciller’ Angela Merkel en su mensaje —»el virus ya está aquí y la población no es inmune, no hay una vacuna ni terapia, entre el 60% y el 70% de la población acabará infectada»— dista también de la atonía oficial del Ejecutivo español.
Con el arranque de la crisis del coronavirus, anterior a que el Gobierno tuviera conciencia de la misma, este periódico estableció una escala de prioridades a la hora de informar: primero es la salud; segundo, la economía, y tercero, la política, estando las dos últimas supeditadas al primero. Nos conjuramos para ejercer de servicio público y no entrar en disputas en un momento en el que los errores y la falta de coordinación entre las Administraciones resultan hasta previsibles. Ya habría tiempo más adelante para pedir responsabilidades.
Sin embargo, cuando la acción (e inacción) pone en riesgo la salud de los ciudadanos, no hay más remedio que entrar en la crítica y exigir medidas drásticas e inmediatas que solventen una situación que, sin duda, irá a más.
España
¡Al fin! VOX trata al PSOE Azul (Antiguo PP) como se merece y advierte: serán «el doble de exigentes» y acusa al PP de «patrocinar guerras sucias» contra Vox

El líder de Vox reclama a los populares negociaciones «serias, sin prisas, con medidas concretas» y plazos y garantías de cumplimiento: «No son de fiar»
Santiago Abascal ha ofrecido este lunes una declaración ante los medios de comunicación en la que ha acusado al PP y al PSOE de atacar de forma «permanente» a Vox con «mentiras e insinuaciones» y en concreto a los populares de «patrocinar guerras sucias» contra su formación. Y ha advertido a Alberto Núñez Feijóo de que en las negociaciones, que ahora parece que han quedado en stand by, después de la investidura fallida de María Guardiola y la falta de acuerdo en Aragón para la Mesa de las Cortes, Vox será «el doble de exigente» porque en las urnas los ciudadanos han pedido el doble de Vox.«Después de este maratón de elecciones,(…) podemos concluir que Feijóo ha cometido un grave error impidiendo que se llegasen a acuerdos con Vox tanto en Aragón como en Extremadura que fuesen parecidos a los del PP de la Comunidad Valenciana», ha sostenido Abascal. «Si el PP convocó esas elecciones para no aceptar las exigencias de vox y los extremeños y aragoneses han dicho que quieren el doble de exigencias, nosotros vamos ser el doble de exigentes», ha asegurado.Según ha expresado el líder de Vox, hay un «Gobierno criminal» enfrente y mientras un PP al que ve «absolutamente incapaz» de romper con Pedro Sánchez y de presentar una moción de censura contra él. Y cree que ambos están empeñados en «acabar» con su partido. «Son incapaces de debatir con nosotros sobre los problemas reales de las políticas que han aprobado desde hace décadas y que han impulsado desde Bruselas», ha criticado.
En este contexto ha indicado que es «muy difícil» entablar conversaciones para que haya un acuerdo con el PP y ha reclamado a los populares entablar «negociaciones serias, sin prisas, con medidas concretas» asociadas a presupuestos para poder acometerlas y con plazos y garantías de cumplimiento. «No son de fiar», cree Santiago Abascal.El líder de Vox ha hecho estas declaraciones desde el Parador de Gredos, tras una reunión con el Comité Ejecutivo Nacional, el Comité de Acción Política, los portavoces nacionales y los portavoces autonómicos.Una reunión que se produce a pocos días de las elecciones de Castilla y León, donde a partir de la semana que viene todo apunta a que tendrán que sentarse a hablar con el PP, y tras unos días de tensión a nivel interno, con la reciente expulsión definitiva de Javier Ortega Smith del partido y la apertura de expediente disciplinario a José Ángel Antelo. Ortega Smith este mismo lunes ha anunciado una denuncia contra la Ejecutiva de Vox por la «filtración» de su expediente de expulsión, y recursos contra su expulsión. Y Antelo ha pasado al grupo mixto en la Asamblea de Murcia.Abascal no ha aludido a ninguno de los dos, ya se pronunció al respecto la semana pasada y zanjó: «Nadie está obligado a estar en Vox. Quienes están en Vox están obligados a respetar las normas internas de Vox, sea el presidente o el último afiliado, y eso va a seguir siendo así».Respecto a las «mentiras, demonización y guerra sucia» contra su partido que achaca a Ferraz y a Génova, ha instado al PSOE y al PP a que «pierdan toda esperanza de destruirnos o de pararnos». «Tenemos el apoyo creciente del pueblo español».






