Internacional
«No habrá paz para los malvados» por Jorge Brugos. O porqué Nayib Bukele hace lo correcto
El buenismo del garantismo provoca que lejos de haber más libertad, hay mucha menos. El garatismo se convierte en la garantía de los delincuentes.
Hablaba con un amigo sobre las políticas penitenciarias del presidente de El Salvador, Nayib Bukele, y me decía que estaba saltándose todos los derechos humanos. No mentía. El dirigente latinoamericano está sometiendo a matanzas masivas a los miembros de las Maras -bandas salvadoreñas en las que sus miembros adornan todo su cuerpo con tatuajes-, humillando a los criminales ante el escarnio público y ejerciendo torturas a cada de sus integrantes. Esas políticas de mano dura han conseguido que el país más peligroso del mundo reduzca su índice de criminalidad y de asesinatos.
Me encontraba en una tertulia de mesa y mantel cuando al hablar sobre la falta de dureza del Código Penal español una de las interlocutoras espetó de forma contundente: “pero existen los derechos humanos”. Otra vez el argumento con el que me había obsequiado mi colega en la otra conversación. Cuanto daño han hecho las malentendidas y manoseadas garantías universales.
Ignoran el famoso binomio comunicante entre la libertad y la seguridad de que si quieres más protección debes renunciar a parte de esos derechos. El pijo, cosmopolita y caprichoso hombre posmoderno quiere caminar seguro por sus calles mientras se condena a los criminales a hacer cursos de inserción o se priva de medios a las fuerzas de seguridad del estado. Veía el otro día un vídeo en el que un afroamericano le propinaba una paliza a dos policías sin que estos pudieran hacer nada. No es que fueran unos matados, que también, (siempre digo que no entiendo como no se instruye a nuestros agentes en algún arte marcial) sino que saben que cualquier movimiento desproporcionado puede desembocar en una investigación de asuntos internos y su posible expulsión del cuerpo.
Los criminales cada vez tienen más derechos y las víctimas más indefensión. Todo porque vivimos en un sistema dominado por los falsos moderados que en realidad ejercen como aliados de los verdugos. Vivimos en jurisdicciones en los que el que okupa una casa tiene más derechos que su propietario.
Nadie se atreve a decir que a lo mejor una de las formas de terminar con tanta peligrosidad está en actuar con mano dura ante los enemigos de la libertad. En cuanto subes un poco el tono y amenazas con endurecer un ápice nuestro código penal te viene el cenizo con lo de los derechos humanos. ¿Dónde estaban los derechos humanos de los asesinados por ETA? ¿Dónde estaba la dignidad de los cortados a trocitos por las bandas latinas? ¿Qué ha sido de las garantías de las chicas violadas y asesinadas? Todo eso parece no importar, aquí solo nos interesan los que aprietan el gatillo.
Sino hubiese paz para los malvados sí que viviríamos en paz.
Jorge Brugos
Internacional
Louis, 17 años, asesinado en Narbona: su madre convoca una marcha y exige justicia
La familia de Louis, de 17 años, asesinado tras una brutal paliza en una obra de Narbona, convoca una gran marcha el 5 de julio para exigir justicia. Su madre reclama que los acusados sean juzgados como adultos y que Francia deje de mirar hacia otro lado ante una violencia juvenil cada vez más salvaje.
Narbona vuelve a convertirse en símbolo de una Francia sacudida por la violencia. La familia de Louis, un adolescente de 17 años que murió después de ser atraído a una obra y golpeado hasta quedar inconsciente, ha convocado para el domingo 5 de julio una “marcha blanca” en su memoria. No será, según sus allegados, una simple ceremonia de duelo: será una llamada pública a la justicia, a la responsabilidad política y al fin de la impunidad.
La frase pronunciada por su madre resume el estado de ánimo de una familia rota y de una parte creciente de la sociedad francesa: “No es tiempo de duelo, es tiempo de guerra”. Una declaración durísima, nacida del dolor, que apunta directamente contra un sistema que, según la familia, no protegió a Louis pese a las advertencias previas.
Una marcha para que Louis sea “el último”
La concentración partirá a las 11:00 horas desde la plaza del Ayuntamiento de Narbona y llegará hasta el lugar en el que Louis fue agredido. La convocatoria ha sido presentada por la familia como “la última marcha”, una expresión con la que quieren dejar claro que no aceptan que este tipo de crímenes se normalicen ni se diluyan entre comunicados oficiales, minutos de silencio y promesas políticas vacías.
Su tía y madrina, Marie-Julie Marteau, ha explicado en medios franceses que la familia invita a ciudadanos, padres y responsables políticos de todos los partidos. El mensaje es directo: lo ocurrido a Louis no es solo una tragedia familiar, sino un asunto nacional.
La madre exige que los acusados sean juzgados como adultos
La madre de Louis ha reclamado que los presuntos autores sean tratados penalmente como adultos. Su argumento es tan sencillo como demoledor: quien mata como un adulto debe responder como un adulto. También exige una revisión profunda de la justicia de menores en Francia, convencida de que las normas actuales ya no sirven para responder a una delincuencia cada vez más violenta, organizada y consciente de sus actos.
La familia sostiene además que hubo alertas previas sobre la situación de Louis. El joven, que estaba bajo el sistema francés de protección de menores, ya habría sufrido agresiones anteriores. Esa circunstancia eleva el caso más allá del crimen concreto: obliga a preguntar qué falló, quién no actuó y por qué un menor señalado como vulnerable terminó abandonado a su suerte.
Una agresión grabada y una frialdad que indigna a Francia
Según las informaciones difundidas por medios franceses, Louis fue atraído a una obra en Narbona durante la noche del 19 al 20 de junio. Allí fue brutalmente golpeado por un grupo de jóvenes. La agresión habría sido grabada en vídeo por los propios atacantes, un detalle que ha provocado una ola de indignación por la crueldad del crimen y por la aparente ausencia de remordimiento.
Louis fue encontrado inconsciente, con graves lesiones en la cabeza y en el rostro. Fue ingresado en coma inducido y murió días después. Cinco sospechosos, entre ellos varios menores, han sido puestos bajo investigación por asesinato, de acuerdo con la prensa francesa. La investigación continúa abierta y los acusados conservan la presunción de inocencia hasta que haya sentencia firme.
“Creen que son intocables”
La tía de Louis ha descrito públicamente la escena con palabras que estremecen: los agresores se habrían grabado mientras el joven yacía malherido, e incluso habrían regresado al lugar para filmarse de nuevo. “Creen que son intocables”, denunció. Esa sensación de impunidad es precisamente lo que la familia quiere romper con la marcha del 5 de julio.
El caso ha reabierto en Francia el debate sobre la violencia juvenil, la eficacia de los servicios sociales, la justicia de menores y la respuesta del Estado ante ataques cometidos por grupos de adolescentes que actúan con una brutalidad extrema y, en ocasiones, con una exhibición pública de sus actos en redes sociales.
Un crimen que golpea el debate político francés
La muerte de Louis ha provocado reacciones políticas de alto voltaje. Dirigentes de distintos partidos han condenado el crimen y han reclamado una respuesta judicial firme. Pero, más allá de las declaraciones, el fondo del asunto sigue siendo el mismo: una sociedad que ve cómo determinados episodios de violencia extrema se repiten, mientras las familias de las víctimas sienten que el sistema llega tarde.
La marcha de Narbona no solo honrará la memoria de Louis. También será una prueba de la capacidad de Francia para mirar de frente un problema que ya no puede esconderse bajo eufemismos. Cuando una madre dice que ya no es tiempo de llorar, sino de luchar, lo que está haciendo es acusar a todo un sistema de haber fallado.
