Sociedad
El jefe de Riesgos Laborales de la Delegación del Gobierno en Madrid a la juez: «Yo no hubiera autorizado el 8-M»
El jefe del servicio de Prevención de Riesgos Laborales de la Delegación del Gobierno en Madrid ha ratificado hoy ante la juez del 8-M que el 2 de marzo hizo un envío masivo a todo el personal de la institución de un correo electrónico con un protocolo con medidas de prevención para evitar posibles contagios. Un documento del que José Manuel Franco, delegado del Gobierno, afirmó el pasado miércoles en su declaración judicial -según fuentes jurídicas- no haber tenido conocimiento ese día, pese a que el testigo precisó que también le puso en copia.
El testigo ratificó también que, tal y como declaró a la Guardia Civil, como experto en riesgos laborales y farmacéutico cree que las manifestaciones celebradas en torno al 8 de marzo no se deberían haber celebrado, además de considerar que pudieron tener incidencia en el número de contagios, por lo que le extrañaba que la Delegación del Gobierno no las hubiese suspendido. Sin embargo, hoy ha matizado que esas manifestaciones las hizo “a título personal” y puso de relieve que él no es virólogo, aunque se estuvo documentando previamente respecto al virus.
El autor del informe de prevención de riesgos laborales de la Delegacion, Ramez Muhzrram, aseguró que ese documento, fechado el 28 de febrero, se envió también a través de la red Intranet.
Para elaborarlo, explicó según fuentes jurídicas, «se estuvo documentando desde el primer momento», entre otras fuentes por medio del Ministerio de Política Territorial, y «tuvo muy en cuenta las medidas de distancia social», aunque precisó que respecto al ámbito laboral. Eso sí, admitió que no informó directamente de ese documento al responsable de Seguridad Ciudadana de la Delegación.
El jefe del servicio de Riesgos Laborales dijo a la Guardia Civil el pasado 29 de mayo que conocía las recomendaciones sanitarias que se habían enviado a la Delegación del Gobierno desde principios de febrero y que le constaba la celebración de reuniones internas sobre la situación sanitaria desde mediados de mes. Se refirió, en particular, a un encuentro por videoconferencia desde la «unidad de coordinación» en el que, detalló, participó y durante el cual se abordaron medidas de prevención, entre ellas el distanciamiento social de uno a dos metros.
Según explicó a la Guardia Civil, el secretario general de la Delegación, Fernando Talavera, revisó el protocolo antes de remitirlo a todos los trabajadores. Además, añadió el testigo, lo puso en conocimiento de la directora de Sanidad y la subdelegada le llamó para preguntarle qué fuentes informativas había consultado para elaborarlo.
La titular del Juzgado de Instrucción número 51 continuó ayer con su ronda de testificales y tomó declaración a cinco trabajadores de la Delegación, cuatro de ellos del departamento de Seguridad Ciudadana -que a partir del 11 de marzo se encargaron de llamar a una docena de promotores de concentraciones autorizadas antes del 8-M para instarles a que las desconvocaron por motivos sanitarios- y a diez promotores de protestas previstas para fechas próximas a la concentración feminista.
Algunos de ellos explicaron a la juez que decidieron desconvocarlas, como hizo la Plataforma de Afectados de Fórum y Afinsa el 11 de marzo tras recibir la autorización cinco días antes, o no celebrarlas a la vista de la situación sanitaria y otros, como el sindicato CGT, contaron que recibieron una llamada de la Delegación del Gobierno, entre el 11 y el 12 de marzo, en la que se les trasladó que “era mejor no seguir adelante”. Sus representantes explicaron que no se sintieron presionados y que finalmente optaron por desconvocar las concentraciones, el 12 de marzo en el caso de una protesta contra Amazon y al día siguiente respecto a dos concentraciones que iban a tener lugar en Leganés.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
