España
Adriana Lastra, esa «eminencia gris» del Gobierno, no informó de los detalles del pacto con BILDU ni al propio Pedro Sánchez
Pese a que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, estaba al tanto de la negociación con EH Bildu para asegurar que el voto de sus diputados no iba a ser un obstáculo para sacar adelante la quinta prórroga del estado de alarma, al parecer, el jefe del Ejecutivo desconocía el detalle del acuerdo firmado entre PSOE y Unidas Podemos en el Congreso con la formación vasca.
Así lo han afirmado fuentes socialistas y gubernamentales a Servimedia, algo que nos han corroborado al admitir que fue necesaria la aclaración que se realizó cerca de la medianoche de este miércoles por las interpretaciones que se estaban produciendo de un acuerdo que, a su entender, no se salía de lo fijado en el pacto de investidura.
Reconocen, además, que fue «un fallo gordo», porque en la «redacción final» -que se firma sin más por los portavoces- se cuela un adjetivo que abre la puerta a que se genere un «ruido» alrededor del pacto que ensombrece el espíritu del mismo que, añaden las fuentes consultadas, es meramente social. E insisten en que las tres formaciones coincidieron en la subsanación del malentendido con la aclaración que difundió el PSOE.
Por otro lado, apuntan a que, de lo que Sánchez estaba al tanto, es en que con ese acuerdo se instaba al Gobierno a poner en marcha los mecanismos necesarios para derogar lo que los socialistas siempre han considerado los aspectos más lesivos de la legislación laboral que impulsó el Partido Popular.
Tanto es así que la novedad del acuerdo con la formación que lidera Arnaldo Otegi radica únicamente en que se abordará esta cuestión del esquema legislativo del mercado laboral una vez que acaben las medidas «excepcionales» adoptadas por la pandemia del Covid-19.
Por eso, las fuentes citadas relatan que en La Moncloa se sabía del acuerdo con Bildu pero no se conocía el detalle firmado y le restan importancia a este asunto que circunscriben al diálogo social que el Ejecutivo tiene en marcha con los agentes sociales. Más allá de la «polémica» levantada y las posibles derivadas en el seno del Ejecutivo, esta cuestión, a su juicio, «no reviste mayor importancia».
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
