España
¿»derechita cobarde» o quizá «derechita traidora»? Feijoó enseña «la patita progresista» y su atracción por las izquierdas
Europa Press.-
El presidente de Vox, Santiago Abascal, ha augurado este sábado que su partido obtendrá representación en las próximas elecciones gallegas del 12 de julio y que entrará en el Parlamento autonómico para que «haya un ancla que detenga la deriva ‘progre’ y nacionalista» del actual presidente de la Xunta y candidato del PPdeG a la reelección, Alberto Núñez Feijóo.
Así lo ha asegurado durante un mitin de precampaña que ha ofrecido este sábado en el Auditorio Mar de Vigo, con la apertura del cabeza de lista por Pontevedra, Antonio Ramilo, y frente a cientos de simpatizantes. Todos ellos, en su gran mayoría ataviados con mascarilla y banderas de España, han mantenido la preceptiva distancia de seguridad medida a través de butacas vacías.
En la parte gallega de su discurso, Abascal ha admitido que Vox no ganará las elecciones del 12 de julio, pero que buscará desembarcar en el Pazo do Hórreo «para romper el consenso ‘progre'» y para hablar de aquellos temas que «durante mucho tiempo han dicho que estaba prohibido hablar» y que conllevaban «insultos» y «etiquetas».
En este sentido, ha afirmado que Feijóo «está nervioso», porque «solo así se puede entender que haya dicho que Vox no tiene cabida en Galicia», una frase que «expresa un sentido patrimonial de Galicia y que no representa a un gobernante democrático».
Precisamente, las críticas al actual presidente de la Xunta han centrado parte de su intervención. Y es que, según ha aseverado Abascal, Feijóo «tiene debilidades nacionalistas» al haber dicho «literalmente que Galicia es una nación sin Estado». «Eso no refleja la realidad. Galicia es algo mucho más importante: una región de la nación española», ha asegurado entre aplausos.
FEIJÓO «ALABA» LA GESTIÓN DEL GOBIERNO
Además, ha lamentado que el presidente del PPdeG dijese que «no tenía nada que hablar con Vox» y «una cosa mucho más interesante: que los votantes de Vox tenían que votarle a él para que no gane la izquierda». Esto supone, tal y como ha denunciado, que busca ganar apoyos de forma «gratuita» mientras «alaba» la gestión de la pandemia de la COVID-19 por parte del Gobierno de coalición del Estado.
Concretamente, el líder de Vox se ha referido a las declaraciones de Feijóo del pasado domingo, cuando agradeció al Ejecutivo de Sánchez su «colaboración y diálogo», al tiempo que resaltaba que hubo tanto «errores» como «aciertos». Estas palabras, para Abascal, se pueden interpretar como un anticipo de un «pacto con el Partido Socialista» tras los comicios.
APUNTA A LOS DOS ESCAÑOS POR PONTEVEDRA
Tras recordar los más de 115.000 gallegos y 38.000 pontevedreses que optaron por la papeleta de Vox en las elecciones generales del 10 de noviembre, ha calculado que estos apoyos implicarán su entrada con «incluso dos escaños» por Pontevedra en la Cámara autonómica.
Sin embargo, ha admitido que los candidatos de su partido, que ya «lo tienen difícil en toda España», lo tienen «especialmente difícil en aquellas tierras en las que la izquierda está más desatada o en las que hay movimientos separatistas» como, según ha mencionado, el BNG.
No en vano, Abascal ha lamentado el «hostigamiento» que, según denuncia, sufren los seguidores de su partido incluso con «violencias físicas» de las cuales ha culpado a «los señores de Podemos».
«COMUNISTAS TOTALITARIOS»
En este sentido, ha recordado su visita durante la semana pasada a Mos (Pontevedra) para un acto de partido, en el que se encontró con la oposición de «un grupo de fanáticos descerebrados disfrazados de eso que ahora llaman ‘antifas’, es decir, comunistas totalitarios».
El líder de Vox ha asegurado que durante este episodio recibió «amenazas explícitas» delante de agentes de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado. «¿Y sabéis cuántos detenidos se producen? Ninguno. El señor Javier Losada, delegado del Gobierno, permitió que a Vox se le hostigase y se le amenazase durante una hora», ha esgrimido.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
