Sociedad
VOX «empapela» al vicepresidente del Gobierno Comunista, Pablo Iglesias, por nada menos que SEIS DELITOS: (ENCUESTA A NUESTROS LECTORES)
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“No vamos a permitir que esos mismos que instigan la violencia y la niegan vivan en la impunidad, la mentira y falsificación de noticias”, ha subrayado el portavoz nacional de Vox, Jorge Buxadé
VOX ha decidido hacer acto de presencia ante la justicia para evitar que el vicepresidente segundo, Pablo Iglesias, se vaya de rositas.
El partido de Santiago Abascal se ha personado en los tribunales este lunes 29 de junio, específicamente ante la Fiscalía Anticorrupción, para denunciar a Pablo Iglesias; la ex asesora de Podemos Dina Bousselham; la abogada del partido Marta Flor; y al fiscal que presuntamente filtró información confidencial a la formación morada, Ignacio Stampa.
Son seis los delitos por los cuales la tolda verde acusa a Iglesias y a su séquito: les acusa de denuncia falsa, falso testimonio, simulación de delito, estafa procesal, tráfico de influencias y revelación de secretos, estos dos últimos son contra el fiscal, a raíz de la información que hizo pública EL MUNDO y destacada por otros medios de comunicación.
«No vamos a permitir que esos mismos que instigan la violencia y la niegan vivan en la impunidad, la mentira y falsificación de noticias», ha subrayado el portavoz nacional de Vox, Jorge Buxadé, al anunciar la presentación de la denuncia, que se sumará ahora a la investigación interna que abrió la pasada semana la Fiscalía General del Estado.
Según las informaciones que han puesto a temblar a Pablo Iglesias, uno de los fiscales apodado como «Ironman», suministraba información confidencial a los podemitas, igualmente, según se ha podido ver en los mensajes entre los abogados del partido de extrema izquierda, sabían varios años antes de que el caso fuese judicializado que la publicación de mensajes del teléfono de Dina Bousselham era una «filtración» y «no un robo».
«Pablo Iglesias vio fotos mías íntimas en mi móvil»
Dina Bousselham compareció en la Audiencia Nacional el pasado 18 de junio de 2020 para declarar sobre el presunto robo de su móvil, sus declaraciones generaron un giro en el caso que apunta al líder de Unidas Podemos.
El juez Manuel García-Castellón, tras la hora y media de declaración de ex asesora de Pablo Iglesias, se dio cuenta de que nada era lo que parecía en esa historia.
—¿Tiene sentido que Pablo Iglesias destruyera la tarjeta para evitar que usted siguiera haciendo envíos a terceros?”
—Habría que preguntárselo a él”, respondió ella
—Hemos terminado de momento. Y digo de momento».
La grabación refleja que tanto el juez instructor como el fiscal de Anticorrupción desconfían de la versión de los hechos que les ofrece Bousselham. Un mes después, el líder de Podemos pasó de mártir y perjudicado a convertirse en el principal sospechosos de haber retenido y destruido la tarjeta SD investigada.
El juez ve ahora indicios de criminalidad por presuntos delitos de descubrimiento de secretos y daños informáticos.
¿Por qué Iglesias retuvo la tarjeta seis meses antes de entregársela a Dina? ¿Por qué la tarjeta se devuelve una vez que se han destruido sus datos?
Son las preguntas que le quitan el sueño al juez y el fiscal de la causa.
¿Por qué no consigue explicarse por qué no dijo palabra de ello cuando, tras publicarse varios datos personales de su teléfono en algunos medios, amplió su denuncia inicial de robo a una posible revelación de secretos?
—Sabiendo que había fotos mías, privadas, que él ha podido ver, igual ha dicho pues para que no se sienta mal y sepa que yo he visto fotos privadas íntimas de ella… no lo sé…», indicó Bousselham.
—La tarjeta nunca la he podido recuperar en el sentido de que nunca he tenido acceso a lo que hay dentro. Esa tarjeta la intenté recuperar enviándola a una empresa que se dedica a recuperación del contenido de tarjetas dañadas y nunca he tenido acceso al contenido. Esa tarjeta me la entrega Pablo. Me dice que se la había entregado el presidente del Grupo Zeta en una reunión confidencial con él pero yo nunca jamás he tenido acceso al contenido de la tarjeta.
La pregunta demoledora del juez que cava la tumba de Iglesias:
—¿Tendría sentido que Pablo Iglesias no le entregara esa tarjeta, o que la destruyera antes de entregársela, precisamente para evitar que usted pudiera seguir haciendo envíos a terceros para perjudicarle?
—Habría que preguntarle a él, repite la ex asesora.
¿Pudo suceder eso? ¿Esa es la explicación por la cual Pablo Iglesias no le dio esa tarjeta?
—No tiene sentido eso. No lo sé, igual le da apuro haber visto fotos mías privadas.
—¡Por favor! Le ha dicho una persona en la que usted confía totalmente y además es su jefe de filas que esa es su tarjeta porque él lo ha comprobado. ¿Pero qué me está usted contando? No tiene sentido. Me sorprende tantísimo, no lo puedo entender […] Yo me doy por enterado de que no me he enterado. Que quede claro».
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
