España
Nuevo escándalo en TVE: La televisión Española Comunista se NIEGA a retransmitir el funeral por las víctimas de la pandemia al que acude la Familia Real
Según informa La Razón, Televisión Española no retransmitirá hoy el funeral por las víctimas de la pandemia del coronavirus en nuestro país a la que asistirán los Reyes y que tendrá lugar a las 20:00 en la catedral madrileña de la Almudena. Se trata una decisión sin precedentes en la historia del ente público, en consonancia con la apuesta para remarcar la aconfesionalidad del Estado en todo acto vinculado al luto por la emergencia sanitaria promovido por el Gobierno de Pedro Sánchez.
Hasta la fecha, la cadena siempre se había encargado de producir y distribuir la señal institucional de cualquier eucaristía celebrada para honrar la memoria de los fallecidos en todas las tragedias en las que se han visto involucrados ciudadanos españoles. ¿El caso más reciente? La misa que se celebró el 27 de abril de 2015 por los 150 fallecidos en Los Alpes en el vuelo de la compañía Germanwings que cubría la ruta Barcelona-Düsseldorf. El acto tuvo lugar en la basílica de la Sagrada Familia y en aquel momento el despliegue llevó a programar un Especial Informativo emitido tanto por La 1 como por el Canal 24 horas.
Según confirma el citado medio, no se realizará esa misma cobertura para acompañar en el duelo a los familiares de las miles de víctimas de la crisis de la Covid. TVE se limitará a realizar algunas conexiones durante la emisión de «España Directo», así como la pertinente cobertura en el Telediario. Sin embargo, no se alterará la parrilla de La 1, donde se mantendrá «Aquí la Tierra», ni la de La 2, que continuará con «Paraísos cercanos», con un documental dedicado a la región italiana de Puglia. Y eso, a pesar de que la misa dominical ha disparado su «share» durante el confinamiento hasta llegar a sextuplicar la audiencia. Tampoco se hace alusión a la eucaristía en el Canal 24 horas. El ente público tan solo se limitará a poner un compactado de imágenes a disposición de los medios que así lo requieran.
Tampoco parece haberse tenido en cuenta su interés público, máxime cuando, según el barómetro más reciente del CIS, el 61% de los españoles se confiesa católico. De la misma manera, no parece influir el hecho de que la Conferencia Episcopal, con su presidente y vicepresidente al frente, Carlos Osoro y Juan José Omella, haya manifestado que se trata de una plegaria «por todas las víctimas», no solo por los católicos fallecidos.
La ceremonia sí podrá seguirse a través de Trece TV, la cadena vinculada a la Conferencia Episcopal Española, así como en Telemadrid. Precisamente, la cadena pública madrileña ha redescubierto en la emisión de las misas un filón destacable de cuota de pantalla. Tras una primera emisión desde La Almudena también por un funeral celebrado a petición de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, se constató la demanda existente en la población madrileña.
Aunque estrictamente no podría considerarse un funeral de Estado, sí goza de la misma notoriedad en tanto que estará encabezado por los Reyes, acompañados de sus hijas, además de acudir la vicepresidenta del Ejecutivo, Carmen Calvo.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
