España
Pablo Casado: «El PP ha detenido la venta de España a los independentistas»
Día 1 de precampaña electoral tras el anuncio de convocatoria de elecciones generales para el 28 de abril, aunque la gira de Pablo Casado por toda España comenzó hace meses. Hoy, sábado, el líder de los populares ha llegado a Zaragoza, donde ha clausurado la Convención de Economía y Empleo del PP, y ha resaltado que «gracias al PP, Sánchez ha tirado la toalla». «Hemos detenido la venta de España a los independentistas», ha remarcado.
Casado, que ha sido presentado como el próximo presidente del Gobierno de España, ha explicado las primeras medidas económicas que tomará «nada más llegar al Gobierno», y que pasan por una rebaja global de los impuestos. Será una de sus grandes prioridades, y lo acompañará de una reforma de la financiación autonómica, pendiente desde 2014.
«Os tengo que decir que estéis alegres, contentos, porque las próximas elecciones las vamos a ganar, vamos a acabar con esta pesadilla. Sonreíd, porque la mayoría social de este país está con nosotros», ha señalado Casado nada más tomar la palabra.
Casado ha relacionado su tarea de oposición firme y contundente con la decisión de Sánchez de llamar a las urnas. «Hemos detenido la venta de España a los independentistas y lo que iba a ser la futura recesión», ha destacado Casado. El presidente del PP ha insistido en que Sánchez volverá a intentar pactar con los separatistas si gana las elecciones.
Sobre el programa económico de su partido, el líder del PP ha explicado que plantea una revolución fiscal y una bajada de todos los impuestos, medidas que tomará en cuanto llegue a La Moncloa, si consigue la mayoría suficiente. En concreto, el líder del PP quiere eliminar los impuestos de sucesiones, donaciones, patrimonio y actos jurídicos documentados, «nada más llegar» el poder.
«Cuando lleguemos al Gobierno vamos a volver a poner a España en marcha. El Gobierno está para incentivar, no para molestar. Para apoyar, no para intervenir», ha señalado. Por tercera vez, ha afirmado, el PP va a poner en marcha una revolución fiscal.
Junto a esa revolución fiscal, el PP de Casado insistirá en la creación de empleo, como seña de identidad de los gobiernos de su partido, y como ejemplo ofrece estas cifras: «Con el PP, 7.900 empleos creados cada día; con el PSOE, 6.800 destruidos cada día». En ese sentido, para la creación de ese empleo ha defendido la reforma laboral del PP y la «flexibilidad» del mercado laboral que ha significado, algo que no ha podido derogar el Gobierno socialista y que, a su juicio, contó con cierto apoyo de las centrales sindicales.
Casado ha defendido la gestión económica del PP cuando ha gobernado, como responsable del «milagro económico», y ha advertido de los «nuevos» que quieren gobernar España cuando «ni siquiera han gobernado un pueblo», pero «nos hace gracia el último tuit que han escrito». «Nadie puede competir con el PP en política económica», ha afirmado. «Quien quiera las políticas económicas y de empleo del PP tiene que votar al PP. ¿O jugamos a la ruleta rusa, a ver si a alguien en su primer vuelo le da por aterrizar bien y con nosotros dentro del avión?»
Casado ha criticado también el «atropello» del PSOE en la renovación del Consejo de Seguridad Nuclear, que el PP ha rechazado, como informó ABC, al estar pactada con Podemos, que pretende el fin de las centrales nucleares. «Hacen política con las tripas», ha lamentado.
En el mismo acto, la vicesecretaria de Sectorial del PP, Isabel García Tejerina, ha subrayado que los populares están «preparados para recomponer los platos rotos que dejan los socialistas, porque asusta el escenario que se nos viene encima». «Aquí estamos de nuevo para cumplir con los ciudadanos españoles» ha afirmado.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
