España
Casado pregunta si Sánchez envió a Zapatero a negociar los Presupuestos con Arnaldo Otegui
El presidente del PP, Pablo Casado, ha afirmado hoy domingo que no sabe si Pedro Sánchez «envió» al expresidente Rodríguez Zapatero a hablar con Arnaldo Otegui «y lo peor, para qué, si para empezar a negociar los Presupuestos o para un pacto de investidura con los batasunos cuatro meses después».
Casado, que ha intervenido en un acto del PP en Málaga con motivo del Día de la Hispanidad, ha exigido «una reprobación o una censura» por parte de Sánchez de esta reunión, con la que no sabe si se pretendía «que la historia de la derrota de ETA se siga escribiendo con indignidad».
«No vamos a tolerar que se escriba la historia de ETA sin contar con las víctimas del terrorismo ni que el Gobierno de España pacte con quienes asesinaron, secuestraron e hirieron a miles de personas», ha subrayado Casado.
También ha criticado que un Gobierno «negocie con un terrorista confeso, que pegó un tiro a Gabriel Cisneros y fue condenado por secuestrar a Javier Rupérez», porque «no hay nada que negociar con él, solo decirle que condene el terrorismo y colabore para esclarecer los 376 asesinatos que siguen impunes».
El líder popular ha subrayado que «a ETA la derrotó la firmeza del PP al tejer una red de cooperación internacional y apoyando a la Policía y la Guardia Civil».
Como Cataluña
También ha destacado la «cooperación contra las redes de financiación y con la Ley de Partidos», en la que se estableció que en la «kale borroka» era lo mismo «los que señalaban a los concejales, los que escracheaban sus casas y los que disparaban».
Según Casado, aquella situación «empieza a parecerse en Cataluña» y el pasado 1 de octubre «unos energúmenos intentaron asaltar el Parlamento, apalearon a policías y guardias civiles y le partieron la nariz a una mujer por quitar lazos amarillos».
Ha apostado por «combatir» esta situación «con la ley, pero con toda la ley», porque «se pueden ilegalizar los partidos que toleren la violencia y cerrar la financiación a esos partidos».
El dirigente del PP ha defendido además «aplicar otra vez el artículo 155 con la amplitud que haga falta» para que «se respete la unidad de España, la legalidad, la prosperidad y la convivencia».
Se ha preguntado «cómo es posible que una comunidad autónoma tenga un régimen carcelario distinto al del resto de España» y ha asegurado que, cuando gobierne el PP, todas las instituciones penitenciarias serán «gestionadas bajo titularidad estatal».
Presupuestos
En dicho acto, el presidente del PP ha afirmado hoy domingo que los Presupuestos Generales del Estado planteados por el Gobierno «y por su vicepresidente económico, Pablo Iglesias», llevarían «al paro masivo de nuevo» y supondrían «la base de una nueva recesión en España».
Casado ha lamentado que Iglesias «mande sobre la economía española» y que se haya convertido en el «gran fichaje» de Pedro Sánchez tras su «currículum envidiable en Ecuador, Bolivia y Venezuela».
Ha añadido que los líderes de Podemos «asesoraron a Chávez y Maduro en un país como Venezuela, el más rico del continente, y se cargaron su economía», además de apoyar «la represión en la calle», que llega a «tirar por la ventana de un décimo piso a un pobre chaval» y a «torturar a diputados opositores en las mazmorras».
El líder del PP ha asegurado que «nunca» ha visto unos presupuestos del Estado así, porque son «un programa electoral y no hay cuantificación» de las partidas, por lo que los ha calificado como una «tomadura de pelo».
Ha recordado que Zapatero «recibió un país en 2004 con crecimiento económico y creando empleo» y Sánchez, que ha recibido «un país saneado que ingresa más que nunca», propone ahora «lo mismo».
«Plantean una subida del déficit, y lo van a cubrir subiendo todos los impuestos, de renta, de sociedades, de transacciones financieras, a las tecnológicas y al diésel», ha señalado.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
