Sociedad
Pablo Iglesias, sobre la tarjeta de Dina: «¿Se imagina a una mujer de veintipocos años entregando fotos íntimas a gentuza?»
LR.- Tras una semana alejados de los focos mediáticos, el vicepresidente segundo del Gobierno, Pablo Iglesias reapareció ayer en los medios de comunicación para dejar claro que a pesar de las sombras que se tejen sobre su implicación en el robo de la tarjeta de su ex asesora, Dina Bousselham, no tiene pensado dimitir de su cargo como vicepresidente del Gobierno si finalmente se elevara la instrucción al Tribunal Supremo y el juez pidiera su imputación en el caso. En una entrevista en RNE, el también líder de Podemos aseguró que sería «el mundo al revés»: «¿Pero qué es esto? ¿Cómo que no somos perjudicados? se preguntó para después asegurar que no concibe esa posibilidad, en cuanto a plantearse su dimisión. «No concibo esa posibilidad, pero qué es esto, qué es esto», remarcó.
El vicepresidente volvió a utilizar el repetido mantra de que son «las cloacas del Estado» las que tratan de eliminar a su partido. En sus palabras, quieren «debilitar al Gobierno» y «acabar» con Unidas Podemos. A su juicio existe una persecución policial y mediática» sobre él. «Se han dedicado a mentir durante meses, años, con la intención de perjudicar a mi fuerza política y que no llegáramos al Gobierno», se defendió.
Sobre una posible comparecencia suya en el Congreso –a petición de PP y de Ciudadanos– para explicar su implicación en el caso que se juzga en la Audiencia nacional, evitó responder y aseguró que él «estaría encantado» de comparecer si se trata de una comisión de investigación sobre «las cloacas del estado» en la que también comparezcan entre otros, el ex presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, o su exvicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría. «Me parece muy positivo que hagamos una comisión de investigación en el Congreso en la que estemos todos. Una comisión de investigación sobre las cloacas en la que todo el mundo pueda hacer todas las preguntas. No tengo problema en dar todas las explicaciones ahí».
Preguntado por la razón por la que conservó varios meses la tarjeta de su ex asesora cuando llegó a su poder de manos del director de Interviu, aseguró que fue para «protegerla» y dijo que «por supuesto» le devolvió la tarjeta en buen estado. «La señora Bousselham en ningún caso ha dicho que la tarjeta tuviera el más mínimo deterioro, y en la última declaración es muy específica», dijo el vicepresidente que también descartó que su exasesora sea la responsable de las filtraciones a los medios de los pantallazos con contenido de su móvil: «Por dios, no es que lo descarte yo, es que se lo robaron». «En ese teléfono había fotos íntimas de Dina. Se imagina una mujer de veintipocos años entregando fotos íntimas a gentuza como Villarejo?», se preguntó.
En cuanto a las informaciones de varios medios de comunicación sobre que su partido recibía filtraciones favorecedoras para ellos por parte del Fiscal Stampa, Iglesias lo ha negado.. Por último, en opinión de Iglesias, cuenta con el apoyo del el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. «Solo faltaría», se apresuró a decir, a pesar de que en Moncloa han declinado hacer declaraciones al respecto.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
