Opinión
¿Para cuándo un trampantojo de Belarra en Madrid? Por Jesús Salamanca Alonso
«Un trampantojo es una trampa o ilusión con que se engaña a alguien haciéndole ver lo que no es. Coloquialmente viene de trampa y de ojo. Eso es el cartelón de Tomas Díaz, el hermano de Ayuso»
¡Hay que ver cuánto indigente intelectual y patito feo de la política ha aterrizado en el escenario del politiqueo! Se dice que son los responsables de la degradación de la política y del propio Congreso de los Diputados. Aquella seriedad y rigor que nos infundía respeto y nos aportaba credibilidad se ha acabado. La han destrozado. No hay más que mirar a la calle para ver aberraciones como la lona gigante, cartelón o trampantojo con la cara de Tomás Díaz Ayuso y justo encima la frase textual del traidor, Pablo Casado. Nunca mejor quedó reflejado en un meme como el que presenta a Isabel Díaz Ayuso con la cabeza del «marquesito» Iglesias en una mano, y la de Pablo Casado, el innombrable, en otra. El texto del pie de la fotocomposición completa la intención del meme: «¿Hay algún Pablo más al que decapitar»?
Lo que no entiendo es por qué no se hacen carteles con la cara del corrupto y corrompido podemita, Pablo Echenique, en el que ponga, por ejemplo: «Condenado por defraudar a la Seguridad Social». Tampoco estaría de más la cara y frase alusiva de diversos condenados que tienen en sus filas. No hay duda de que el Gobierno actual es el más ruin, hipócrita y tramposo de toda la historia democrática. Si pierden las elecciones del 28M estarán viendo cómo pela la ciudadanía las barbas socialistas, por lo que han de poner las suyas a remojo, porque, llegado diciembre, habrán de desfilar arrojados de «su paraíso parasitario», al más frío invernal y allí donde no encontrarán ni oficio ni beneficio. Como a todos los cerdos, les habrá llegado su San Martín, festividad que celebraremos el común de los ciudadanos.
Estamos en muy malas manos con el socialismo corrupto y el comunismo corrompido. La siniestra comunista y el mafioso socialismo forman una tribu despersonalizada, carente de programa, y empeñado en dañar a la ciudadanía: ahí tienen la «joya» emponzoñada del «Sí es sí», hoy convertida en mofa para Podemos y en un auténtico peligro para las mujeres, a quienes el mal llamado activismo feminista ha desprotegido por completo. ¡¡Violadores y maltratadores al poder, acompañados de la prostitución pública, gratuita y de calidad que defienden y a la que aspiran tanto socialistas como comunistas y degenerados de buen vivir y poco trabajar, ni aportar!
Hemos comprobado que en los últimos años nos han troleado y han intentado gobernar verdaderos ineptos que quieren «regresar a casa solos y borrachos», donde la cabeza mal pensante es la de «la niña de la curva», al decir de los insignes Pablo Motos y Santiago Abascal. Nunca vi gobernar con irracionalidad permanente y desde los instintos más bajos y ruines, a los que se une el odio, la envidia y la venganza.
Pero a ello hay que unir toda una pléyade de gamberros de la información, que más bien es constante desinformación: analistas, periodistas, falsos sociólogos, mediocres politólogos y medios vendidos al poder a cambio de dinero y otras prebendas, sin que falten en las tertulias degenerados y chulos de patio de comunidad de vecinos. Son los instigadores del activismo, que no es periodismo, pero que actúan en nombre del represor Gobierno cuyo objetivo es igualar a todos por abajo, alcanzar la pobreza y someter a la ciudadanía a sus antojos. ¿Reconoce alguien a Podemos, PSOE, independentismo y golpismo en esas características? Pues yo sí, de sobra.
Entiendo que, aunque la Junta Electoral Central no pueda retirar la imagen del hermano de Ayuso, éste está obligado a pedir daños y perjuicios. Y si no lo hace él, lo harán dos organizaciones judiciales en su nombre. Es más, si Díaz Ayuso no acude a los tribunales, estaremos ante la nefasta continuidad de la «derechita cobarde». Ya está previsto un enorme trampantojo para poner frente a la sede podemita donde aparece la cara de las niñas destrozonas de la política: la marquesita y la niña de la curva. ¿Apostamos a que no gusta al mundo comunista más despreciable y degenerado? Todos hemos aceptado el jarabe democrático cuando nos ha tocado, pero los siniestros comunistas no lo soportan y enseguida enseñan el morro. Además, como el creyente bolivariano tiene un perfil mamerto, no conocido en España hasta la llegada de esta gente que nunca contribuyó al erario público, entienden menos que se los critica; piensan que aún tiene bula del «Gorila Rojo» o del cafre Stalin, para quien no tuvo nula ni la gallina a la que desplumó en vivo y con sufrimiento extremo.
Donde las dan, las toman. Nunca está de más recordar cómo llegaron ahí y por qué, así como comprobar que su falta de preparación y formación ha sido el hilo conductor de su nefasta y negligente política, junto con la del arlequín de la carne y las macrogranjas. Y si a ello unen al corrompido Echenique, tienen ahí un cóctel donde se mezcla el desprecio, la desinformación, el odio y el daño permanente.
Hay que ser muy ruines y «alfalfabetos» (burros) para poner en un cartelón de lona la imagen de un particular con fines públicos sin ser Tomás Díaz Ayuso una figura pública. En el caso del señor Díaz Ayuso, cualquier otra persona hubiera dado caña a esos comunistas de abrevadero y dornajo fácil: leña al mono hasta que aprenda el catecismo.
En fin, sabido es que el hilo conductor del PSOE es más sencillo: prostitución por catálogo, compra de votos y polvo de Ángel pagado con dinero público.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
