España
La «derechita cobarde» camina a su perdición: los votantes de 30 y 40 años del Partido Popular se marchan a Vox
Las empresas demoscópicas que trabajan con el partido advierten del fenómeno: “Los que se fueron en 2015 a Ciudadanos volvieron en 2016, pero ahora abandonan la formación definitivamente”
Así, si antes de las elecciones de diciembre de 2015 se apuntaba que el 60% del electorado del PP superaba los 55 años de edad, ese porcentaje se ha aumentado, debido sobre todo a la marcha de los votantes de 30 a 50 años.
Dos décadas muy críticas
Las fuentes consultadas explican que ya hace cuatro años empezó a detectarse el malestar de los votantes populares de poco más de 30 años, que se sintieron defraudados por la gestión de la crisis económica de Mariano Rajoy.
Los expertos demoscópicos contactados con el PP ya advirtieron entonces que ese sector de la población, “de los 35 a los 45 años”, estaban dejando de confiar el partido al no haber visto cumplidas sus propias expectativas personales y profesionales.
En ese sentido, la desafección afectó principalmente a votantes de 30 a 40 años, de nivel adquisitivo medio alto, con estudios universitarios y Másters que, después de años preparándose para empleos altamente cualificados se encontraron con un bloqueo de la contratación, algo que imputaron directamente al partido que gobernaba: el PP.
Esa década, de los 30 a los 40 años, fue “maldita” para el PP hace cuatro años, pero no fue la única: también los votantes mayores de 40 y menores de 50 se sintieron defraudados por “no poder acceder a una vivienda o trabajo mejores y no poder ampliar sus respectivas familias”.
La pérdida de apoyos a finales de 2015, apuntan las fuentes consultadas, se debió fundamentalmente a la marcha de este sector del electorado. Una tendencia que se ha ampliado, ya que “los que ahora tienen 30 tienen los mismos problemas que los de entonces y los que tienen empleo estable tampoco han podido mejorar estos años”.
La travesía PP-Cs-PP-Vox
Según los datos manejados por el PP, gran parte del electorado de 30 a 50 años dejó el partido en diciembre de 2015 para votar a Ciudadanos. No obstante, el pacto de Albert Rivera con Pedro Sánchez para investir al líder socialista provocó que buena parte de esos votantes optasen de nuevo por el PP en junio de 2016.
Se produjo, en ese momento, una situación de “reset” que el partido no supo aprovechar en los dos años de Gobierno de Rajoy. La tendencia del partido era a la baja, y “el gran desplome” se produjo tras el triunfo de la moción de censura.
El congreso extraordinario y la llegada de Pablo Casado al poder frenó, en parte, la sangría de votantes, pero “el electorado que está en las décadas de los 30 y 40 años no ha vuelto, sino que ha encontrado otro partido”.
Esa otra formación no es otra que Vox, que ha recogido al voto “indignado” tanto con PP como con Ciudadanos, y que está en ese margen de edad antes citado, y también en el electorado más joven.
Es más, VOX aparece ya como la entidad predestinada para una nueva «Reconquista». Las Cruzadas, Al-Ándalus y la Reconquista
De esta forma, se ha confirmado una travesía del votante del PP, que en apenas cuatro años ha pasado de votar a Ciudadanos, volver a los populares y ahora apostar por los de Santiago Abascal. El problema, afirman las fuentes consultadas, es que “quien se ha ido es muy difícil que regrese ahora”.
Campaña específica por provincias
Este fenómeno, advierten al PP sus propios asesores demoscópicos, se ha producido en la práctica totalidad del territorio. No obstante, el partido sigue conservando algunos “feudos” en provincias del país, donde el “efecto Vox” puede afectar a otros partidos, pero no a los populares.
En esas provincias, como las gallegas; algunas de Castilla y León como Ávila; y las regiones uniprovinciales como La Rioja y Murcia, “la marca PP se mantiene” y no van a ser tan decisivos los candidatos como en otras.
No obstante, Génova ya sabe que los cabezas de lista para las generales en el resto de provincias serán decisivos para tratar de no perder más votantes hacia Vox, “cuya marca suma sin necesidad de nombres”. Por tanto, Pablo Casado no descarta introducir nombres mediáticos, que seduzcan al votante de mediana edad, para evitar una sangría mayor el próximo 28 de abril.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
