España
Pavonearse por la corrupción los envilece. Por Jesús Salamanca Alonso
«Para mi generación, Pedro Sánchez es la corrupción personificada porque ha comprado, pagado, compensado, tergiversado, condonado y traficado con la propia democracia y su esencia»
Con las modalidades de corrupción que estamos conociendo en los últimos tiempos, va a haber que exigir reunión de urgencia a la RAE para introducir acepciones en las ediciones sucesivas del DRAE. Debo confesar que, hasta que hemos conocido lo sucedido con la mafia criminal que ostenta el poder, la mayoría lo ceñíamos a unos pocos casos, pero de eso nada. La corrupción que ha alumbrado el mastodóntico gobierno de la izquierda ensoberbecida, que da pie a esa mafia criminal, es mucho más amplia de lo que muchos se imaginaban.
Viendo cómo en las calles se comporta ese sector de la sociedad, con claro colmillo retorcido, no dudo de que ha sido afectado o provocado por una soberbia inusual, un orgullo vacío y una altivez circense. Eso se entendería con el logro de un éxito reconocido, pero no es el caso. Ni siquiera padece un sentimiento de superioridad fundado. La superioridad moral de la izquierda es una patraña lastrada, falseada y embrutecida. Pongan como ejemplo cuanto conocen de la timoflotilla.
El ensoberbecimiento de la actual izquierda no tiene otro origen que el nerviosismo a perder la mamandurria que creían propia y permanente. Los sinónimos de tal ensoberbecimiento los vemos a diario en la actitud de varios ministros, en sus opiniones, en el odio que manifiestan hacia los periodistas incómodos y en el enrojecimiento facial surgido tras ser acusados de culpabilidades de las que se saben destinatarios. Eso sí, chulerías al margen como las del pucelano, Óscar Puente, y las del madrileño a la deriva, Óscar López, que proceden de un mecanismo de compensación con anclaje en infantiles complejos de inferioridad.
Hagan un repaso de hechos, palabras y endiosamientos como los del tuitero caprichoso, Óscar Puente; la vocinglera Montero, que aún pulula por la Hacienda Pública; los López, Patxi y Óscar; Pilar “Juergas” en Paradores; el ministro Torres del informe de la UCO; el propio Sánchez; el presidiario Cerdán; Ana Redondo y sus pulseras, Yoli Díaz y su sarta de tonterías sin ingenio…y un largo etcétera. Díganme si no han visto en ellos, y en otros muchos políticos y asesores que no he citado, esos sinónimos a los que antes aludía. Repásenlos y comprobarán si en ellos existe lo de pavonearse, endiosarse, inflarse, ufanarse, presumir, enfurecer, engallarse o envararse, por citar algunos.
El abuso de poder o una posición privilegiada para beneficio propio o de terceras personas también es corrupción, sobre todo si se ha logrado por medios nada éticos, incluso ilegales. No hay más que recordar las formas de soborno que vamos viendo en los informes de la UCO, la malversación de fondo, la extorsión, incluido el enriquecimiento alejado de los cauces legales. ¿Les suenan a ustedes esas actitudes propias de una tal Begoña Gómez, Ábalos, Koldo, David Asagra, Cerdán y Elisa la fontanera? Comprobarán que cuanto digo está presente en el día a día de los medios de comunicación. Soto del Real será su próxima peregrinación.
Por si alguien lo duda, es corrupción amnistiar a delincuentes, liberar a etarras o condonar deudas alterando lo dictado por las urnas. Y es corrupción adaptar las instituciones del Estado al delirio, colocando a un acólito en cada una de ellas con falsa apariencia de legalidad. También es corrupción el atraco llevado a cabo por una banda de malhechores y blanqueada artificialmente por quien debería ser fiel a la ley y al juramento realizado. Hay casos que no se le olvidarán a mi generación: caso del 3%, Koldo, Delorme, Ábalos, Alquería, Bárcenas, Antonio Rodríguez, Astana, AVE, Baltar, Banca Catalana, Bankia, Begoña Gómez, David Sánchez, Berzosa, Brugal, Caja Castilla La Mancha, Camisetas, Campeón, Clotilde, … Todos esos y muchos más, los recitamos de carrerilla como lo hacemos con el Padrenuestro, la lista de reyes godos, los doce césares o los hijos de Abraham. Cosas del sistema educativo memorístico de otra época, pero no desdeñable.
Cada vez vemos menos presunción en el presidente felón y mentiroso, además de falsificador. Para mi generación, Sánchez es la corrupción personificada porque ha pagado, compensado, tergiversado, condonado y traficado con la propia democracia y su esencia. Es como si hubiera arrancado artículos de la Constitución y de los diferentes Códigos de Justicia para comprar, contentar y permanecer en Moncloa. Ha perdido la dignidad al dejarse arrodillar y secuestrar por golpistas y extorsionadores varios.
Confieso que para mí ya ha dejado de ser presunto. Desde 2018 lo tengo muy claro. Recuerden los famosos y archiconocidos «no pactaré con EH Bildu», «no podría dormir si pactara con Podemos», «la amnistía no cabe en la Constitución», «traeré a Puigdemont para que lo juzgue la Justicia» … ¿Piensan que con perlas como esas aún le voy a denominar «presunto»? Tiene mucho que decir de su relación con la dictadura asesina bolivariana de la que mucho creen saber Iglesias, Monedero y Zapatero. No tardarán en hablar del cártel de los Soles. Al tiempo. ¿No es corrupción «comprarse» la presidencia con intercambio de prebendas de dudosa especie y a costa del engaño a los españoles?
Este siniestro personaje, Pedro Sánchez, alquiló la Presidencia a cambio de una amnistía. Eso es otra forma de corrupción. No dudo de que es la «X» de la mafia del Peugeot y de las mordidas, comisiones y favores variados. Lo sabía todo, así como todo de todos, como dicen en Ferraz y afiliados de base. Hasta Óscar López lo decía cuando era su enemigo acérrimo y buscaba información contra Sánchez en los prostíbulos de Sabiniano.
En la vida de Sánchez «reina la oscuridad». Se ha convertido en un enfermo del chantaje. Eso de convertir la política en negocios negros y marginales a la ley, sin ética y menos estética o dignidad, nunca salió bien.
Por cierto, ministro Torres, ¿has preparado las alforjas de salida y solicitado el finiquito? Ya no hay marcha atrás y cuanto de ti plasma la UCO en su informe es para echarse a correr sin parar y arrojarse por dignidad al volcán de La Palma.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
