España
Pedro Sánchez ofrece Algeciras para el desembarco del Open Arms
El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, ha ordenado este domingo habilitar el puerto de Algeciras (Cádiz) para recibir al barco Open Arms, que se encuentran con 107 inmigrantes frente a la isla italiana de Lampedusa.
Según una nota del Ejecutivo, Sánchez ha tomado esta decisión ante la «negativa de Matteo Salvini (ministro del Interior de Italia) y las dificultades expuestas por otros países del Mediterráneo» para acoger el barco.
El Open Arms permanece en la zona desde el pasado 1 de agosto con más de un centenar de migrantes abordo. El sábado, las autoridades italianas permitieron el desembarco de los 27 menores que se encontraban en el barco y su traslado a Lampedusa.
En la nota del Gobierno, se afirma que «el presidente ha tomado esta decisión por la situación de emergencia que se vive a bordo, tras dos semanas de navegación».
«La inconcebible respuesta de las autoridades italianas, y en concreto de su ministro de Interior, Matteo Salvini, de cerrar todos sus puertos, y las dificultades expuestas por otros países del Mediterráneo Central, han llevado a España a liderar nuevamente la respuesta a una crisis humanitaria», señala la nota.
Añade que «los puertos españoles no son ni los más cercanos ni los más seguros para el Open Arms, como los propios responsables del buque han repetido estos días, pero en estos momentos España es el único país dispuesto a acogerlo en el marco de una solución europea».
«La situación de los migrantes del Open Arms ha causado desde el primer momento una gran preocupación en el Ejecutivo, cuyo propósito ha sido encontrar la mejor solución común, que, tras la recepción del barco, proseguirá con el reparto de los migrantes acordado por seis países miembros, entre ellos España», continúa el comunicado.
Agrega que «la intensa labor que desarrollan los buques y patrulleras españolas en su zona de responsabilidad, y en especial en el área del Estrecho, certifican el cumplimiento de los tratados internacionales en materia de derechos humanos y el compromiso de España con su deber de salvamento y asistencia en el mar, así como la obligación de garantizar nuestra seguridad fronteriza».
«Entre 2018 y 2019, los servicios de Salvamento Marítimo, adscritos al Ministerio de Fomento, y de la Guardia Civil, dependientes de los ministerios de Interior y Defensa, han recogido y conducido a los puertos españoles a más de 60.000 personas», informa.
El Ejecutivo destaca que «España es hoy con gran diferencia el país de la Unión Europea que más rescates realiza en el Mediterráneo. Desde esos principios, el Gobierno de Pedro Sánchez envió hace un año a Europa un mensaje ético en circunstancias similares, cuando recibió en Valencia al Aquarius».
«Los acontecimientos de estos días vuelven a demostrar la necesidad de renovar ese mensaje y de avanzar y establecer una solución europea, ordenada y solidaria ante el reto migratorio», señala.
«Resolver la crisis del Open Arms debe servir de impulso a la familia europea para seguir trabajando con los valores de progreso y humanismo que impulsaron su creación y que afianzarán su liderazgo ético en el mundo», considera.
En su cuenta de Twitter, el presidente ha escrito: «He indicado que se habilite el puerto de Algeciras para recibir al #OpenArms. España siempre actúa ante emergencias humanitarias. Es necesario establecer una solución europea, ordenada y solidaria, liderando el reto migratorio con los valores de progreso y humanismo de la #UE».
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
