Sociedad
Pedro Sánchez y la PSOE dan por terminada la Libertad de Prensa en España
Ley de Secretos oficiales: España será el único país de Europa donde no exista libertad de prensa.
La nueva Ley de Secretos Oficiales -Ley de Información Clasificada- que el Gobierno de Pedro Sánchez pretende sacar adelante con el apoyo de sus socios parlamentarios extiende la potestad de ocultar documentos hasta en una veintena de cargos y recoge un severo régimen sancionador, con multas de hasta tres millones de euros para los casos «muy graves». En este contexto, cualquier ministro tendrá «potestad sancionadora» para imponer multas de hasta un millón de euros a quien revele información que previamente se haya clasificado como «confidencial».
Esa catalogación es extraordinariamente amplia, pues por «confidencial» se entiende aquella información cuya «revelación no autorizada o utilización indebida» de información que «pueda causar una amenaza o perjuicio leve para los intereses de España» en diferentes ámbitos, como «el efectivo desarrollo de las políticas del Estado o del funcionamiento del sector público», las «negociaciones políticas o comerciales de España con otros Estados», «los intereses económicos o industriales» o incluso el «funcionamiento de los servicios públicos». También se incluye un apartado que ha resultado polémico, como es «la prevención, detección e investigación de delitos». Además, esa posibilidad de ocultar la información se extiende a «cualquier otro ámbito» que, consideren estas autoridades, «pueda causar una amenaza o perjuicio leve para los intereses de España».
Multas
La revelación de la información «confidencial» está considerada una infracción «grave», también si se ha accedido a ella de manera «fortuita», y se castiga con multas de entre 50.001 a 1.000.000 de euros. Esa difusión está prohibida «en cualquier medio», lo que ha generado polémica por su posible intención censora de medios de comunicación y periodistas. Se penaliza igualmente «la falta de entrega a una autoridad o funcionario público de aquella información clasificada a la que se haya tenido acceso fortuito, sin necesidad de conocer, dentro de las 48 horas a contar desde el momento en que se haya accedido a dicha información», entre otros.
El anteproyecto -que puede sufrir cambios en el proceso parlamentario- regula el procedimiento sancionador, y establece que corresponderá iniciarlo a la correspondiente «autoridad de clasificación», que tendrá «potestad sancionadora».
La consideración de «autoridad de clasificación» es extensa, y abarca desde el propio presidente del Gobierno, a ministros, secretarios y subsecretarios de Estado, el director del Centro Nacional de Inteligencia, el Jefe del Estado Mayor de la Defensa y del Ejército, el Almirante Jefe del Estado Mayor de la Armada, el Jefe del Estado Mayor del Ejército del Aire y del Espacio, los Jefes de Misión Diplomática y de Oficinas Consulares, el presidente del Consejo de Seguridad Nuclear, los delegados y subdelegados del Gobierno, el director del Departamento de Seguridad Nacional, el director general de la Policía y la Guardia Civil, el secretario general de Instituciones Penitenciarias, así como «las autoridades autonómicas competentes en materia de policía, en aquellas comunidades autónomas que hayan asumido estatutariamente competencias para la creación de Cuerpos de Policía».
Censura
La ley ha sido especialmente criticada por las asociaciones de periodistas, que consideran que abre la puerta a la censura. El texto no contempla ninguna referencia expresa a los medios de comunicación o periodistas que publiquen información clasificada, amparados por el derecho a la libertad de expresión y a la información, amparados por la propia Constitución. Moncloa asegura que la norma no está pensada para los medios, aunque según la aplicación estricta sí podrían ser sancionados. Sería un juez el que tendría que determinar si cabe o no una sanción.
Para poder acceder a los documentos se precisará de una «habilitación personal de seguridad», que otorga la llamada Autoridad Nacional de Información Clasificada, en manos de Félix Bolaños, ministro de la Presidencia. Para determinar las multas, el Gobierno establece varios criterios, como la relevancia de la información para la seguridad de España, el daño causado o la actitud del sancionado a la hora de colaborar con las autoridades.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
