España
Podemos amenaza con retirar su apoyo a Pedro Sánchez si reconoce a Guaidó
El secretario general del PP, Teodoro García Egea, calificó este viernes al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, de «cobarde» por estar «escondiéndose en foros internacionales cuando tendría que estar defendiendo la libertad en Venezuela».
El ‘número dos’ de Pablo Casado en Génova lanzó esta crítica a través de un mensaje en Twitter, valorando así a la presencia de Sánchez en el Foro de Davos y a la situación en Venezuela con Juan Guaidó proclamándose presidente del país.
Ayer a última hora, Casado habló con Guaidó por teléfono «para coordinar la actuación» de los populares europeos «para el reconocimiento en la Unión Europea de su Presidencia» y «el reforzamiento de las sanciones a la dictadura de Nicolás Maduro».
El líder de la oposición subrayó que seguirá exigiendo al Gobierno de España «que actúe a favor de la democracia y la libertad en Venezuela» y reconozca a Guaidó como presidente legítimo del país caribeño.
El PP también denunció esta mañana que su sede en Vicálvaro ha amanecido con pintadas de «los defensores del sátrapa Maduro, cuyo régimen ha segado la vida de 26 personas en cuatro días».
«Casado, ¿por qué no te callas?» o «el PP apoya el golpismo en Venezuela» fueron los mensajes que se leen en la fachada de la sede del PP de Vicálvaro. Para el partido de Casado, estos «ataques» significan que la formación va «por el buen camino» en su defensa de la libertad en Venezuela, algo que «España debe defender».
Podemos amenaza al Gobierno
Por su parte, Podemos ha amenazado al Gobierno de Pedro Sánchez con retirarle el apoyo parlamentario si reconoce el presidente de la Asamblea Nacional venezolana, Juan Guaidó, ante lo que considera «un golpe de estado de EEUU».
La formación que todavía lidera Pablo Iglesias exige al Gobierno que defienda la legalidad internacional y apueste por el «diálogo» y «la mediación pacífica» frente al «golpe de Estado» en Venezuela después de que Guaidó, se autoproclamara este miércoles «presidente encargado de la República de Venezuela».
En un comunicado, la formación de Pablo Iglesias denuncia que detrás de esto está Estados Unidos y que desde hace meses el Gobierno de Donald Trump «mantiene reuniones secretas para preparar un golpe de Estado en Venezuela». «Es una decisión unilateral, peligrosa y de una gravísima irresponsabilidad, que busca propiciar un enfrentamiento civil (y quién sabe si una intervención militar) en Venezuela, lo que generaría una situación incontrolable y un sufrimiento extremo a ese mismo pueblo venezolano al que dicen defender», apuntan.
La formación morada insiste en varias ocasiones en que lo ocurrido está orquestado por Trump, «ese presidente que sacó a EEUU del acuerdo contra el cambio climático, rompió el marco de las negociaciones de paz en Oriente Medio y el acuerdo nuclear en Irán y que aborda las migraciones en la región construyendo muros y encerrando niños y niñas en jaulas en la frontera». Y añaden que al republicano jamás le ha importado los derechos humanos y la democracia en Venezuela.
«Es desolador observar cómo varios países latinoamericanos, algunos de los cuales sufrieron golpes de Estado y dictaduras impulsadas por los Estados Unidos, han decidido seguir la estrategia temeraria del presidente norteamericano», apuntan, para remarcar que es igualmente «desolador» ver cómo la derecha española «se suma de forma completamente irresponsable a esa operación comandada por Trump» con el fin de tener réditos electorales.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
