Internacional
Polonia: un ejemplo a seguir. Baluarte en Europa en defensa de la identidad nacional, la familia y el derecho a la vida
Polonia defiende las raíces cristianas de Europa, la soberanía de las naciones que integran la Unión, la libertad, el derecho a la vida, la familia… valores que convierten al país en un baluarte frente a los burócratas de Bruselas, que censuran su oposición al globalismo, al multiculturalismo, al aborto y a la ideología de género.
La baja tasa de desempleo (3,1%, cinco veces menos que España) ha invitado a ucranianos y bielorrusos a llegar a una nación que les acoge porque respetan su identidad. El Gobierno presidido por Mateusz Morawiecki, eso sí, rechaza abiertamente la inmigración musulmana “porque no se adapta a las normas”.
Así, en los últimos años ya alertó de los problemas que podían tener algunos países europeos con el terrorismo islamista por “aceptar grandes poblaciones de países islámicos que no han logrado integrar” y recordó que “grandes poblaciones” viven sin respetar la ley ni integrarse en naciones como Alemania, Francia y el Reino Unido.
A juicio del Gobierno polaco, gobernado con mayoría absoluta por los conservadores de Ley y Justicia, en Europa ha fallado la integración de parte de los inmigrantes a causa de la corrección política y se ha dejado que se imponga el concepto de la multiculturalidad. Ante este fracaso, sus gobernantes concluyeron que no podían integrar a inmigrantes que no tuvieran una cultura similar.
Polonia, que forma parte del grupo de Visegrado junto a Hungría, República Checa y Eslovaquia, en los últimos meses ya ha advertido a la UE que no participará en ningún reparto de inmigrantes. El grupo quiere proteger su identidad y su soberanía, y no está dispuesto a cambiar la postura de la crisis migratoria de 2015. Así, ha hecho continuos llamamientos a reforzar las fronteras exteriores de la UE y luchar de manera implacable contra las mafias de tráfico de personas.
La defensa de la familia, de la vida y de la identidad cristiana
El Gobierno polaco ha venido adoptando medidas encaminadas a combatir la crisis demográfica a través de ayudas a las familias con hijos con el objetivo de alcanzar el índice de fecundidad indispensable para asegurar el reemplazo generacional (2,1 hijos por mujer), aunque queda camino por recorrer y la tasa se mantiene algo por encima del 1.4.
Desde el año 2019, dichas ayudas a la natalidad se extendieron a todas las familias con hijos independientemente de sus ingresos. “Supone una nueva etapa para las familias polacas, que tienen ya la seguridad de contar con unos ingresos estables añadidos para poder tener más hijos”, dijo el Primer Ministro Mateusz Morawiecki.
Así, se establecieron pagos universales que han beneficiado a todas las familias, incluso a aquellas con un solo hijo, de unos 120 euros mensuales por niño, y se eliminaron los impuestos a los menores de 26 años.
Polonia, además, está orgullosa de su identidad cristiana, de su fe católica. Su presidente –Andrzej Duda-, que al día siguiente de vencer en las presidenciales en julio del año pasado acudió al santuario de Jasna Góra, donde se encuentra la patrona de los polacos, Nuestra Señora de Czestochowa, para dar gracias y confiarle todos los asuntos de la nación, hasta propuso incluir los valores cristianos en la Constitución.
Y defiende y protege la vida. El Tribunal Constitucional ya emitió un fallo -que el Gobierno promulgó en enero- que endureció el aborto declarándolo inconstitucional en caso de “malformación fetal”. Y es que, según una encuesta de CBOS, la mayoría de la sociedad polaca rechaza acabar con la vida del no nacido y el supuesto “derecho a decidir” de las madres que alegan los abortistas: un 73% rechaza el aborto cuando la madre no lo quiere tener.
La protección de la libertad de expresión
Polonia es, junto a Hungría, la nación que quiere hacer frente a la censura de las grandes plataformas tecnológicas a voces conservadoras y ya ha planteado multas millonarias a las Big Tech que lo hagan. Así, ha anunciado una ley para proteger a los usuarios, que “deben sentir que sus derechos están protegidos” porque “la libertad de expresión y la libertad de debate son la esencia de la democracia”.
Con la nueva legislación se pretende otorgar a los internautas un derecho legal para apelar las prohibiciones y la eliminación de contenido en plataformas como Facebook y Twitter, un derecho que podría ser ejercido en un nuevo Tribunal para la Protección de la Libertad de Expresión, y combatir así la censura o la eliminación de publicaciones de aquellos que elogian los valores del cristianismo o del conservadurismo.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
