Sociedad
Por su interés y relación con la actualidad, reproducimos un artículo de AD del año 2013 sobre José Anglada: «Anglada vota en Vic en favor de una moción separatista para que la administración española abandone Cataluña»
El todavía líder de Plataforma per Catalunya (PxC), Josep Anglada, ha votado en Vic la moción soberanista para suprimir la Delegación del Gobierno español de Cataluña, en contradicción con la corriente españolista de su partido encabezada por Daniel Ordóñez. El gesto de Anglada, además de ratificar su escasos principios políticos y su condición de hombre del sistema, supone una nueva provocación a los votantes de Plataforma que en modo alguno desean la ruptura con España. «Esta es la constatación de que Anglada es un sinvergüenza político, un auténtico amoral, lo peor de la casta política catalana», señaló a nuestra reacción un destacado miembro del partido en el extrarradio barcelonés.
La citada moción fue elaborada por la Asociación de Municipios por la Independencia y presentada por CiU, ERC, ICV, CUP y SI para exigir la supresión de la Delegación del Gobierno español en Cataluña y sus cuatro subdelegaciones provinciales.
Con este gesto, Anglada hace añicos el proyecto de Plataforma por la Libertad que pensaba implantar fuera de Cataluña y alinea al partido con el bando separatista.
Hay que recordar que, en las últimas elecciones locales, PxC se convirtió en la segunda fuerza política de Vic al obtener 2.993 votos con un discurso claramente españolista. Posteriormente, en las elecciones autonómicas y ya con un discurso ‘camaleónico’ propio de Anglada, Plataforma logró un magro resultado: 524 votos.
Hace unos días, el concejal de Manresa, Albert Pericas, escribía en Facebook: «una estelada, una perdrada», «Veréis correr ríos de sangre por las montañas». Pericas es uno de los representantes del sector nacional de PxC traicionado ahora por Anglada. Según ha sabido AD, miembros de este sector se reunirán próximamente para fijar su postura frente a la actitud huidiza y errabunda del antiguo dirigente de Fuerza Nueva.
Por su parte, Gerard Bellalta, presidente de Catalunya Desperta Ya!, ha calificado a Anglada de «traidor» y ha instado a los militantes del partido a que «le arranquen la dimisión, por las buenas o por las malas». «Espero que ese canalla, que ese mal español, mal marido y mal padre no se cruce nunca en mi camino», apostilló Bellalta.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.

