Sociedad
Portugal da una lección al mundo y pone a la venta la primera mascarilla reutilizable que no solo protege del COVID19, sino que además, LO DESTRUYE
El producto neutraliza el Sars-CoV-2 cuando entra en contacto con su tejido, aguanta 50 lavados sin perder eficacia y cuesta 10 euros.
La mascarilla MOxAdTech ha superado con éxito los test realizados por parte del Instituto de Medicina Molecular Joao Lobo Antunes (iMM) de Lisboa, con lo que se convierte en la primera con capacidad para inactivar el virus causante de la Covid-19.
El desarrollo de este protector buconasal ha implicado a la comunidad empresarial, académica y científica. Dicha mascarilla contaba ya con el certificado de protección microbiana, al cual se suma ahora la capacidad del tejido para hacer inactivo el virus SARS-CoV-2.
MOxAd-Tech es el resultado de la colaboración entre el fabricante Adalberto, la empresa minorista del sector de la moda MO y la empresa Sonae Fashion, el centro tecnológico Citeve, el iMM y la Universidad del Miño. Según explican los participantes en su desarrollo a través de un comunicado, la mascarilla está elaborada con un tejido técnico que integra varias capas distintas. Cuentan con un innovador revestimiento que neutraliza el virus SARS-CoV-2 cuando entra en contacto con el tejido, “un efecto que se ha mostrado que se mantiene tras someter al tejido a 50 lavados”. Pedro Simas, virólogo del iMM, ha coordinado las pruebas que evalúan las propiedades antivirales del tejido. Según afirma, estas pruebas consisten en el análisis del tejido tras su contacto con una solución que contiene una determinada cantidad de virus, midiendo su viabilidad a lo largo del tiempo.
Más de 50 lavados
Los test de la mascarilla MoxAdtech han demostrado una eficaz inactivación del SARS-CoV-2 incluso después de 50 lavados, observándose una reducción viral del 99% tras una hora de contacto con el tejido, de acuerdo con los parámetros para test indicados en la norma internacional ISO18184:2019.
Susana Serrano, CEO de Adalberto, explica que la mascarilla es innovadora a nivel mundial, ya que integra diferente capas de protección y un tratamiento repelente a agua que permite neutralizar bacterias y virus cuando entran en contacto con la mascarilla.
Los desarrolladores destacan que estas mascarillas presentan también características antimicrobianas, con eficacia comprobada contra virus y bacterias. Su tecnología está acreditada a nivel internacional.
El principio activo ya había sido testado con éxito por el Instituto Pasteur, de Lille, en Francia, en concreto contra el virus H1N1 y el virus Corona-type, así como contra el rotavirus. MOxAd-Tech se encuentra también certificada para la protección de partículas externas, gracias a la elevada capacidad de retención de partículas de su fibra/malla.
Este producto ha obtenido certificación de su capacidad de protección tras 50 lavados. La mascarilla se encuentra ya disponible en las tiendas de la marca MO y de forma online desde abril, y su precio es de 10 euros.
Desde España, se puede adquirir a través de este ENLACE
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.


