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España

PP, Ciudadanos y Vox están a tres escaños de sumar mayoría en el Congreso

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Así quedaría el hemiciclo si las elecciones se hubiesen celebrado ahora

A poco más de dos meses para las elecciones generales del 28 de abril, el escenario político es incierto y el resultado se presenta muy abierto. Puede ocurrir de todo, desde una vuelta al pacto de Sánchez con los independentistas y podemitas para gobernar, hasta una mayoría del centro derecha. La diferencia entre una y otra opción es pequeña y la campaña será determinante. Según el barómetro de febrero de GAD3 para el diario ABC, el PSOE ganaría en las urnas, alimentado por la caída de Unidos Podemos, pero también de Ciudadanos, mientras que el centro derecha está, a día de hoy, tres escaños por debajo de la mayoría necesaria para poder gobernar.

El PP, Ciudadanos y Vox sumarían ahora mismo 173 escaños, lo que descartaría esta opción para cambiar el Gobierno de España. Los populares son conscientes de que la movilización del electorado será imprescindible para poder frenar a Sánchez y los separatistas catalanes, a pesar de la dificultad añadida por el componente «desmovilizador» que supondrá la coincidencia de la campaña con la Semana Santa, por decisión del presidente socialista. «Vamos a sumar, no tengo duda de que seré presidente del Gobierno», aseguró ayer Pablo Casado a su llegada a Toledo. El líder del PP es optimista, está convencido de que su partido seguirá subiendo hasta las elecciones y conseguirá la suma necesaria para gobernar, como ocurrió en Andalucía.

El PP es el segundo partido, con un 23,2 por ciento de estimación de voto, y 97 diputados. Su tendencia desde diciembre es ligeramente al alza, pero avanza muy lento. En dos meses ha ganado 2,7 puntos y ocho diputados, pero sigue lejos del PSOE, que crece a un ritmo más acelerado. Lo que se ve cada vez con más claridad es que no habrá «sorpasso» de Ciudadanos sobre el PP, algo que pondría el proyecto de Casado en un serio aprieto, pocos meses después de arrancar.

Ciudadanos está en su peor momento de los últimos meses. Su caída continúa, y en este momento sería tercero, con un 15,7 por ciento de votos y 53 diputados, lo que supone una caída 1,4 puntos y ocho diputados en solo un mes. Desde diciembre, la caída es mayor: cinco puntos y 21 diputados menos. Hay que ver en qué queda el «efecto Arrimadas» tras su decisión de presentarse a las generales. Como se ve en la encuesta, los votos que pierde en este mes acuden en línea recta al PSOE,que ha atacado a Ciudadanos en las últimas semanas por participar en la concentración por la unidad de España en la Plaza de Colón, junto al PP y Vox.

La caída de Ciudadanos lastra la posible mayoría del centro derecha, con un Vox que parece que no rompe el techo. La formación de Santiago Abascal gana un punto en estimación de voto desde enero, pero no lo transforma en nuevos diputados, y sigue con 23. Con Vox se puede dar la paradoja de ganar votos en provincias pequeñas sin traducirlos en escaños, y conseguir con ello hacer más fuerte a la izquierda, ya que se los restaría al PP y la división perjudicaría claramente a la derecha.

La mayoría de centro derecha para gobernar no está garantizada ni mucho menos. La fragmentación de su electorado hace que sus votos sean menos productivos y eso beneficia a la izquierda y los independentistas. El PSOE ganaría ahora las elecciones con un 28,9 por ciento de votos, y 122 diputados. Desde enero, el partido de Sánchez ha subido 2,4 puntos y ha ganado otros 11 diputados. Los socialistas rentabilizan así la caída de Ciudadanos, pero también la de Unidos Podemos, camino de quedarse en la Izquierda Unida de Anguita en 1996, cuando tocó techo al alcanzar el 10,5 por ciento de votos y 21 escaños.

El PSOE gana, pero lo importante en estas elecciones es sumar. Los socialistas podrían tener dos opciones. Una de ellas es la que llevó a Sánchez a La Moncloa: el abrazo con independentistas, Podemos y Bildu para llegar a la mayoría. El dirigente socialista no ha negado en ningún momento, cuando se le ha preguntado por este asunto, que vaya a intentarlo de nuevo. Y los números le salen por ahora: PSOE, Unidos Podemos, ERC, la antigua Convergencia (PDECat), PNV y Bildu suman 177 diputados, uno más de los necesarios para llegar a la mayoría absoluta.

Esa opción, que Sánchez no ha negado, no es la única que tendría el PSOE. Los socialistas podrían mirar una vez más a Ciudadanos, un partido que acaba de decidir de forma oficial que no llegará a acuerdos con el PSOE de Sánchez. Pero a estas alturas nadie se fía de nadie, al menos al cien por cien. La suma de socialistas y Ciudadanos supondría 175 escaños, justo la mitad de la Cámara.

La subida del PSOE está unida, en buena parte, al desplome de Unidos Podemos, cuya desintegración se acelera. La catástrofe de esta formación, sumida en un proceso de descomposición interna y en una crisis de credibilidad por la incoherencia entre lo que predican y practican, se hace visible encuesta tras encuesta. Los de Pablo Iglesias serían cuartos, con un 11,5 por ciento de estimación de voto y 29 escaños, una décima y dos diputados menos que en enero. Desde diciembre, han retrocedido 2,7 puntos y han perdido nueve diputados.

El drama de Unidos Podemos quizás no ha terminado todavía, vista su tendencia imparable. La formación de Iglesias y Montero podría quedar por detrás de Vox, del que solo le separan ya siete décimas y seis diputados.

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Pánico total en los sindicatos. Por Jesús Salamanca Alonso

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«Hoy, los trabajadores ven unos sindicatos fundidos, acomplejados, vendidos al poder, lamerones de lo ajeno, aprovechados y con menos credibilidad que la Fiscalía general del Estado, el Tribunal Constitucional, …»

Dos insignes sindicalistas vallisoletanos me confiesan que los sindicatos mal llamados «obreros» han entrado en pánico ante futuros gobiernos de VOX y de la «derechita cobarde», que se ha tenido que amoldar al acuerdo para formar gobierno regional. Ya sucedió en Castilla y León la legislatura pasada hasta que la insigne derecha de VOX se rasgó las vestiduras, pero se dio un paso importante de legislatura como fue eliminar las subvenciones multimillonarias que recibían los sindicatos «comegambas» o «rebaña-ostras».

Aquel paso, que llevaba tiempo reclamando la ciudadanía, tuvo una vergonzosa retrocesión por parte del PP al verse desamparado, acobardado y sin apoyos, pero quedó patente que los ciudadanos exigen que ese paso se dé de forma permanente. Y ahora se debe hacer; los sindicatos clasistas de la izquierda ventajosa y fomentadora de odio y desigualdad no han hecho nada importante para ser mantenidos por papá Estado a toda costa y a lo grande. Hasta la ministra, Yolanda “Varufakis” Díaz o Yoli «cohete», alias «Tucán», ha hecho el más burdo ridículo con las subvenciones sindicales. Lo raro es que no los haya traicionado, que es su especialidad, aunque nunca es tarde. Está apartada del Consejo de ministros desde que se marchó a la entrega de los Óscar. Cada día despierta más desprecio y menos simpatías. Doy fe.

En los últimos siete años de izquierda presuntamente (y sin presunta) corrompida con apoyos golpistas, comunistas, independentistas y terroristas ha habido infinidad de motivos para convocar huelgas sectoriales y hasta generales, pero el dúo «comegambas» practica el famoso «do ut des». En pocas palabras: dame pan, llámame perro y lléname la faltriquera. ¡Manda huevos! Bien es verdad que han perdido la calle, se han hecho casta, incluso se creen con derecho de pernada con los trabajadores y hoy corren el riesgo de que se les echen encima esos trabajadores responsables, honrados y que no viven de un mundo subvencionado ni duermen hasta las doce de la mañana por estar liberados. Las movilizaciones contra esos sindicatos no se harán esperar y conocerán la horma de su zapato. Al tiempo.

Hay sindicatos sectoriales que no reciben ni un euro, ¿por qué estos vividores sí las reciben? Nunca serán respetados mientras no se hagan cargo de las nóminas de sus propios liberados, ¿qué es eso de que sean las empresas quienes sigan pagándolos si no producen? ¿Qué es eso de que Yolanda y los dos sindicatos más denostados socialmente decidan las subidas salariales sin contar con la patronal? No estaría de más que alguna vez pagaran ellos con el dinero público que reciben. Ellos invitan y el Estado paga con dinero público. ¡Cuánta indignidad y descontrol tienen y cuánta acumulan cada día! ¡Joder, qué tropa!, repetiría incesante don Álvaro de Figueroa y Torres, conde de Romanones.

Este modelo sindical ya no sirve, nadie cree en ellos, son la mofa y el hazmerreír permanente y, cuando salen en TV los líderes de esas formaciones izquierdosas y ultra-izquierdosas, lo primero que se escucha en los bares, restaurantes y mesones es «¡ladrones!» y, además, se enfatiza, repite y contagia a los asistentes. Incluso calificativos, o descalificativos, muchos más gruesos. Y es que han hecho méritos para ello, llevan siete años holgando y presenciando la corrupción de varios miembros del Gobierno y aledaños, incluso viendo y comprobando como huye el galgo de Paiporta o se esconde, a la vez que miente o entorpece la acción judicial, el avestruz de Adamuz o cómo la UCO saca los colores a la «fontanera», «la Paqui», Ábalos, Koldo, Cerdán y demás parroquia, a veces amparados por las hojas parroquiales de izquierdas: las misma que acusan al juez Peinado de tener dos DNI o a Julio Iglesias en falso.

Hoy, los trabajadores ven unos sindicatos fundidos, acomplejados, vendidos al poder, lamerones de lo ajeno, aprovechados y con menos credibilidad que la Fiscalía general del Estado, el Tribunal Constitucional, el Ministerio de Transportes o la presidencia de las Cortes, por no añadir a Felisín Bolaños, Yolanda «Tucán» o Isabelita Rodríguez, más parada que un baile agarrado de los años setenta.

El gran logro sindical español se alcanzará cuando los sindicatos paguen la nómica de sus propios liberados y los gastos de mantenimiento del propio sindicato. Ese día llegará, doy fe de que llegará y tendrá el apoyo de los organismos europeos y de los propios trabajadores. Precisamente será el momento del nacimiento de la modernidad sindical en España y sospecho que Juanma Moreno será quien dé el primer paso junto con Castilla y León, que ya tiene práctica de ello.

Tras las elecciones andaluzas, y el futuro nuevo gobierno de Moreno, ha anunciado que revisará y recortará drásticamente las subvenciones públicas que reciben CC.OO. u UGT cada año. Hablamos de decenas de millones de euros que reciben esas formaciones y cuyo control deja mucho que desear. Ni siquiera sabemos si actúa el Tribunal de Cuentas al respecto ni cómo actúa. Lo del patrimonio sindical lo dedicaremos artículo aparte y en exclusiva.

Los líderes sindicales ya han salido en tromba y planean movilizaciones para seguir mangoneando y chupando del bote, aunque saben que no tienen apoyo de los trabajadores y menos de la ciudadanía en general, pero tranquilos, que llega el día grande de las gambas, el 1º de mayo.

Está claro que lo que proyectan esos sindicatos es «¡un ataque a los trabajadores!» y una amenaza a la Administración para seguir mangoneando y desprestigiándose, aunque ya no pueden desprestigiarse más.

Yo, como trabajador, sigo luchando para acabar con esos privilegios de señoritos y abusadores. Ni creo en ellos ni he creído nunca y jamás me han reportado nada. De ello, doy fe.

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