Opinión
Prostitutas de Aragón, PAR (I)
Esta mañana he desayunado con un cortado y un churro, siguiendo la costumbre, y ojeando el Heraldo de Aragón, ese diario que hace años que no compro.
Casi se me ha atragantado el churro al devolverme el camarero el cambio de un billete de cinco euros, cuándo le había dado uno de diez, pero sobre todo por la portada del “boletín oficial de Aragón”, explicando que el PAR se ha vendido, una vez más, y no por un plato de lentejas, sino por (se admiten apuestas):
- La presidencia de las Cortes de Aragón.
- La vicepresidencia del Gobierno de Aragón, o
- La Consejería de Industria (que es dónde se maneja más dinero).
¿Qué hemos hecho los aragoneses para merecer esto?
Que un partido de derechas, más de derechas que el Cid Campeador, de repente se pase al enemigo, o más bien a los adversarios políticos e ideológicos, no entra dentro de lo “normal”, aunque en estos tiempos tan convulsos, ya no se sabe que es lo normal.
He dedicado al PAR varios artículos, que voy a recoger a vuelapluma, por si alguien tiene la paciencia y las ganas de buscarlos en Internet:
El PAR, partido inmobiliario (1).
No hay mal que por Biel no venga (29).
El partido turolense (32).
El PAR se vende…, una vez más (41).
Este último le viene como anillo al dedo a la situación actual.
Estos artículos, y otros muchos, están “republicados” en mi libro “ARAGÓN, camino de nada”, que está a la venta exclusivamente en Amazon, en ediciones en papel y digital, así evitamos la vieja excusa de “yo solo leo en papel”, o “yo solo leo en digital”…, cuando en realidad lo que quieren es que les regales el libro, en lugar de comprarlo. ¡Y dedicado, eso sí, que siempre aumente su –dudoso- valor!
(Los números entre paréntesis corresponden a los capítulos o apartados del libro en cuestión).
En definitiva, el votante aragonesista apoya a un partido regionalista, creyendo en su fuero interno que hace lo mejor para su tierra y sus intereses, pues el PAR es básicamente un partido sin ideología, pero con muchos intereses: territoriales, personales, “de colocaciones”, de recibir cuantiosos subvenciones, que luego se “pierden” sin dedicarse al fin para el que fueron otorgadas, etc. (Acabamos de ver un juicio por uno de estos presuntos delitos relativos a las subvenciones en Teruel, y digo presunto pues todavía no me consta que se haya dictado sentencia).
En definitiva, y repito de nuevo:
¿De verdad los aragoneses nos merecemos esto?
Doce años gobernando con el PSOE, y ocupando la Vicepresidencia de Aragón… Y, sin solución de continuidad, ocho años gobernando con el PP, y siguiendo el inefable Biel apoltronado en la Vicepresidencia de Aragón.
Posteriormente concurren a las elecciones generales con el PP, ocupando varios escaños de senadores, “gracias” a los votos de los peperos, pues ellos por sí solos, estoy seguro de que no hubieran conseguido ni uno solo.
Ahora vuelven a cambiar de camisa, y pasan de nuevo a apoyar al PSOE.
De verdad, a esta gente les da lo mismo carne que pescado.
Claro que seguramente habría que aplicarles la vieja frase de una novela de ese genial escritor español, tan denostado y olvidado, don Fernando Vizcaíno Casas, cuando explica como un gobernador civil del antiguo régimen recibió en su despacho oficial a una comisión de “revolucionarios”, es decir, de políticos de la transición, y al reconocer entre ellos a un viejo camarada, le espetó: “tú también, menganito”, y este le contestó, un tanto avergonzado: “Es que yo siempre he querido ser Concejal”.
Pues eso mismo pasa con el PAR: hay gente que, de mayores, siempre han querido ser, y como mínimo, Consejeros de la DGA, o, preferiblemente, Vicepresidente del Gobierno, o Presidente de las Cortes de Aragón.
¿Alguien se ha dignado consultar a las bases, formadas por unos escasos cientos de militantes, o como mucho unos pocos miles, y eso en el mejor de los casos?
Por supuesto que no. Los militantes que se jodan. ¡Haberse hecho dirigentes, como nosotros!
Abogado y escritor.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
