España
El PSOE se retrata con los suyos: estampa su firma en un «manifiesto democrático» junto con los bilduetarras y los perroflautas de la CUP ¡Y decían que la moción no servía para nada!
El PSOE ha firmado este miércoles un «manifiesto en favor de la democracia» que ha contado, entre otros, con la rúbrica de formaciones como Bildu, simpatizante de los presos de ETA, y de la CUP, habitual paraguas de los CDR. El texto se dirige contra de Vox y subraya el compromiso de los firmantes con los derechos humanos y el rechazo a los discursos “racistas, xenófobos y machistas” de la extrema derecha.
Este manifiesto cuenta con el apoyo de los dos partidos que sustentan el Gobierno, PSOE y Podemos, así como del resto de formaciones que facilitaron la investidura de Pedro Sánchez: Bildu, BNG, ERC, Junts per Catalunya, CUP, Compromís y Más País. Ni Ciudadanos ni el PP lo han secundado.
Este manifiesto se ha hecho público coincidiendo con la sesión de la moción de censura a Sánchez instada por el partido de Santiago Abascal.
Las formaciones de izquierda piden mano dura contra los excesos de los diputados de Vox. Así, tal como plantean en el manifiesto, pedirán a la presidenta del Congreso, la socialista Meritxell Batet, la apertura de “procedimientos de infracción y sanción” a los parlamentarios que vulneren los “principios de responsabilidad y respeto”. Indican que está acción está amparada por el Código de Conducta de las Cortes Generales.
Concretamente, los partidos firmantes del manifiesto acusan al partido de Abascal de lanzar discursos “racistas, xenófobos y racistas”.
Contra los discursos “negacionistas” sobre el covid-19
Además de criticar los discursos que incitan al odio, los firmantes también rechazan las declaraciones “negacionistas” relacionadas con la pandemia de coronavirus por los “efectos negativos sobre la salud y la convivencia ciudadana”. Expresan su solidaridad con todos aquellos que han sido objeto de los ataques de los “radicales”, incluidos los propios diputados y miembros del congreso.
Las formaciones que suscriben el documento se conjuran para que en el Congreso se imponga el debate “democrático, respetuoso del pluralismo político y de los derechos”–
“Las distintas fuerzas políticas que impulsamos este manifiesto, desde nuestra diversidad, reiteramos nuestro compromiso en la lucha contra los discursos y las actitudes de odio, que de ninguna manera deben quedar impunes, así como en el rechazo a cualquier tipo de apoyo de la extrema derecha, especialmente cuando afecte a la gobernabilidad de las instituciones, ya sea por activa o por pasiva”, se indica en el manifiesto.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
