Opinión
Punible ejecutoria de Alberto Núñez “Fiascóo” Por el Coronel de Infantería Efrén Díaz Casal
Es indiscutible que, o no sabes lo que haces, tu intelecto no da más de sí o ambas cosas, criticando a Sánchez por saltarse a la torera nuestro Estado de Derecho en tanto que tú haces lo mismo, pues desde el 2 de abril de 2022 que fuiste elegido presidente del Partido Popular por quienes no te conocían, creyendo poder mantener contigo una correspondencia racional te he dirigido numerosos escritos exhortándote a que exijas a los alcaldes del PP que cumplan la Ley Orgánica 9/1983, de 15 de julio, reguladora del derecho de reunión, en la tramitación de actos religiosos en la vía pública, obsequiándome con un displicente silencio que te devuelvo con mi desprecio a través de estas líneas, lo que constituye un caso indiscutible de enajenación mental que te obliga a visitar a un psiquiatra.
En la toma de posesión de sus cargos, los alcaldes del PP juraron o prometieron “guardar y hacer guardar la Constitución como norma fundamental del Estado”.
El Artículo 21.1 de nuestra Carta Magna proclama “Se reconoce el derecho de reunión pacífica y sin armas. El ejercicio de este derecho no necesitará autorización previa”.
Consiguientemente, los alcaldes del PP, además de cometer perjurio están vulnerando la Constitución: su incumplimiento y el de la citada Ley Orgánica 9/1983 implica por tanto el ejercicio de las correspondientes acciones que impidan el ridículo español en el concierto internacional por la vulneración de la Constitución por las corporaciones municipales del PP con las correspondientes consecuencias económicas negativas para España, los españoles en general y los católicos en particular al obligarles a solicitar autorización para ejercer un derecho fundamental que tienen reconocido por la citada Ley Orgánica 9/1983.
Por lo expuesto solicito que, como presidente de una fuerza política vital para España en los momentos actuales, respetes y hagas respetar a la brevedad posible la Constitución y la citada Ley Orgánica 9/1983.
¿Es así como intentas llegar a La Moncloa? Como no sea de visita, ya me contarás a cuantos españoles vas a engañar vulnerando y tolerando que los alcaldes del PP vulneren la ley; tu ejecutoria ahuyenta electores, a los que dices respetar, a las filas de la abstención.
Dices que te debes a más de ocho millones de compatriotas, en su mayoría católicos con los que no solo no tienes nada en común sino que, en lugar de representarles les discriminas respecto a otros colectivos que realizan actos en la vía pública sin “solicitar autorización a nadie” sino “comunicándolos a la Delegación del Gobierno” transgrediendo con ello el Artículo 14 de nuestra Constitución que determina “Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”.
En la perorata de tu investidura como candidato a la presidencia del gobierno manifestaste “preservo en mi ideario las reiteradas ocasiones en las que, a lo largo de mi vida, prometí guardar y hacer guardar la Constitución como norma fundamental del Estado” agregando que tienes principios, límites y palabra.
No mientas, la realidad es que tus principios son como los de Groucho Marx “estos son mis principios, pero si no le gustan tengo otros”.
Tus límites y tu palabra están al margen de la ley como demuestra el incumplimiento de la palabra que empeñaste en la toma de posesión de los cargos que en la Junta de Galicia has ocupado desde 1991 que vives del erario público permitiendo que los alcaldes que dependían de ti vulnerasen el Artículo 21.1 de nuestra vigente Carta Magna, que establece “Se reconoce el derecho de reunión pacífica y sin armas. El ejercicio de este derecho no necesitará autorización previa”.
Es decir que los organizadores o promotores de cualquier acto en la vía pública, incluidos los religiosos, tienen vedada la solicitud de autorización alguna para ejercer el derecho de reunión pacífica y sin armas en la vía pública por precepto constitucional.
Se te llena la boca cuando hablas de democracia y te comportas como un auténtico sátrapa mintiendo a los españoles y a tí mismo.
Como si te considerases ajeno al problema, resulta grotesco que digas que “también España vive un deterioro institucional sin precedentes con riesgo de agravarse todavía más”.
Tu proceder es incompatible con mentes racionales y sensatas, eres una amenaza para la democracia ignorando que la confianza y el respeto de los ciudadanos se ganan a través de la integridad y la adhesión a los principios que sustentan nuestra sociedad, tus hechos demuestran tu falta de respeto hacia los demás.
Te importa un bledo que S.M Felipe VI diga que “Fuera del respeto a la Constitución no hay democracia ni convivencia posibles; no hay libertades sino imposición; no hay ley, sino arbitrariedad. Fuera de la Constitución no hay una España en paz y libertad”.
Tu ejecutoria demuestra que España te importa menos que una clase de física cuántica a un mosquito. En resumen no provocas otros sentimientos más allá de la discordia y la lástima.
Desaparece del escenario político, no tienes más alternativas.
Atentamente,
Efrén Díaz Casal
Coronel de Infantería (R)
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
