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Opinión

¡Que Dios se apiade del Constitucional!

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¡Ya veremos cuando les toque dar cuenta ante el Creador a estos juristas de chicle! Manejan los tiempos que ya quisiera Martin Heidegger. No me gustaría estar en su pellenca revestida de bordados, puñetas, toga, birrete de doble vuelta y muceta. Total, oropel, estrellas de muchas puntas, galones de pasamanería y canto dorado para nada, porque no les va a valer el revestimiento ni la indumentaria.

Inconfundibles para cualquiera, con carita, ojos y nombres y apellidos y con fecha de caducidad o de consumo preferente. Que todo llega. Al Padre no se les despintan ni de lado, porque les señalarán con el dedo muchos y muchas cuando busquen lo obscuro, el escacqueo y el desmarque, como se estila en las cárceles con los pederastas y los violadores.

Llevan nueve años –ya hay que tener cuajo- toreando el recurso del PP a la ley del aborto maldito, la ley Zapatero-Aído que han hecho suya hasta las cachas y que, no olvidemos, se está llevando por el desagüe -por la premura de estos justos del de¡monio, que en su día sentenciaron que la vida del nasciturus es un bien jurídico por encima del derecho de la mujer salvo en los tres supuestos que han dictaminado ellos y que no vienen en el derecho natural- las vidas de 95.000 españolitos/litas cada año, 7.800 mensuales, 1.800 semanales, 260 diarios y cada hora que se retrasan en cantar la gallina y echar una firma, caen cerca de once criaturas únicas e irrepetibles, sí únicas e irrepetibles por los siglos de los siglos. ¿Qué más les da?

¡No hay prisa! ¿Verdahijos? La vida y el Padre que la creó para otros fines que la simple escabechina, pueden esperar a que se desayunen, a que almuercen de luxe entre tanta tarea de los pasos perdidos, a que tomen el vermut e incluso un chocolatito a media tarde. Ya, de perdidos los pasos, al rio porque llevan un saldo de espanto que supera los novecientos mil inocentes a su cargo, en su brazo de la balanza de la ciega justicia –en su haber- y que eso tiene una reata que no me gustaría en el saldo final ni de mi peor enemigo, que es la cólera que me produce esta desidia pseudocientífica, esta mangancia y esta indefinición, amparada en no sé qué que, no sea la abducción ante la opinión de lo políticamente o satánicamente correcto. Ellos sabrán, que ya son unas personillas mayores y algunos en las últimas revueltas del camino. Estos son los derechos humanos que se gastan: ver, oír y callar muertamente.

Ellos, desde su escepticismo sartreano –eróstratos incendiarios- que preparen lo que van a argüir cuando les llegue el garreo, el llanto y el crujir de dientes, cuando en Josafat oigan la expresión marchenera de: A ver…. Que lo lleven escrito a doble espacio, por duplicado y a un solo efecto. Hay un 50% -y este cálculo es cosa de Pascal, no mía- de que les caiga el peso inconmensurable de la ley mosaica y las mismas tablas del Sinaí sobre sus febles espalditas y que lleven tizonazos a manta de Dios y eso no me lo quitan de la cabeza, porque son demasiados testigos acusadores los que en el valle de Josafat, se sumarán al mismísimo Herodes el Grande –que ha tenido tiempo de cambiar el chip y no soñó con llegar a estas marcas que le sirven de coartada para su defensa, además de no ir de creyente, ni haber hecho la primera comunión como muchos de ellos- y sobre todo las miles de madres destrozadas, que se cagan en sus muertos diariamente y que comparecerán con su tanto de culpa a descargar. Si esto no es crimen organizado, legalizado e impune, a combatir ya nos lo aclarará alguien más allá del Vaticano, que no se le oye demasiado en el silencio de la noche oscura.

A ver cómo sortean la fiscalización de los cuatro vivientes del Apocalipsis que pudo ver San Juan en Patmos, que no son cosas lisérgicas ni del alcohol. No me cabe duda de que es para no dormir, temblar cada mañana y no poder firmar cuando lo quieran hacer, porque la mayoría están a una o dos décadas, todo lo más, de la comparecencia forzosa –como en su tiempo el sorteo de quintos- que nos llega a todos sin excepción y además acarrean mi maldición personal y la de muchos mindundis como yo, que no somos pocos y que no es ninguna tontería.

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España

Elecciones autonómicas o juegos florales. Por Jesús Salamanca Alonso

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«El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria».

Trascurrido el 8-M con división, amenazas entre las diversas «tribus» innombrables, desnudos malogrados –aunque ellas mismas se llamen feministas o «feminazistas»– esputos, amenazas e insultos a las periodistas que cubrían la noticia, parece que volvemos a la normalidad diaria que, en estas fechas, son las elecciones de las distintas comunidades, siendo las más cercanas las de Castilla y León.

Tal comunidad, decíamos hace unos días, que tenía sus revoluciones pendientes; incluso León (solo) trabaja por su independencia uniprovincial, otra revolución pendiente y que ya huele. Sigue insistiendo Fernández Mañueco que va a exigir a Vox que, si hay acuerdo, lo sea para toda la legislatura. Él tiene la impresión de que el Mediterráneo estaba sin descubrir hasta que llegó a presidente con su declaración rimbombante. Algo que es lógico y que no se cumplió la legislatura pasada por la falta de cuadros y la división interna del partido que «acaudilla» un tal Santiego Abascal y del que empiezan a mofarse sus seguidores más jóvenes y buena parte de la ciudadanía madura. En fin, si la incompetencia volara…seguramente no nos daría el sol.

Alguien dijo eso de que «éramos pocos y parió la abuela». Pues justamente es lo que está sucediendo en el partido a la derecha del Partido Popular. Abascal se ha ido quedando sin los mejores por las cacicadas que se han impuesto desde la cúpula ultraderechista. Recordarán a Macarena Olona, a Espinosa de los Monteros, la ejecutiva de Murcia y más recientemente a Ortega Smith. Quienes mejor podían conformar los cuadros de gestión están en la calle y durante la campaña electoral tan sólo se ha visto a Abascal. ¿Le molesta que otros chupen cámara? ¿Acaso piensa que le van a destronar de un plumazo por su caudillismo mal enfocado? ¿quiere seguir presumiendo de su enfrentamiento pasado con ETA?

Por mucho que hable Alfonso Fernández Mañueco de exigir compromisos para toda la legislatura, eso no lo puede hacer con Vox porque hay una tremenda deficiencia en sus inexistentes cuadros de gestión. Carece de banquillo, como se dice ahora. Lo estamos viendo en Extremadura y en Aragón, aquí parece que los militantes son más sensatos. En Extremadura ha sido calamitosa la actuación del líder regional de Vox, asesorado por los de más arriba, por eso se están marchando los militantes a chorro. No olviden que los políticos son como los libros de una biblioteca, cuanto más latos están menos sirven.

Casi un 70% de la población extremeña culpa a la formación de Abascal de huir, de no dar la cara y de no haber entendido el voto de las urnas. Han aterrizado en política como podían haber planeado y caído en una vaquería. Si quieren presumir de torpeza, allá ellos, pero la ciudadanía no se lo va a consentir. No deben olvidar que los atropellos se pagan siempre en las urnas y, a veces, antes.

En Castilla y León de prevé un proceso parecido al de Extremadura: «aguanto como que soy fuerte, pero en dos meses te desgasto». Eso no es hacer política, sino terrorismo electoralista y con ello se parece a EH Bildu, pero desde otra perspectiva. ¡Qué poca cabeza tiene el líder extremeño de Vox, si al final acabará claudicando, como dejaba constancia de ello el 53% de los extremeños! La actitud de Vox en Extremadura se conoce en mi pueblo como «enmarranar más al cerdo». En otros tiempos le hubieran «hecho los perrillos» como hacíamos en el colegio a quienes presumían de algo o fantasmeaban demasiado. Y lo hacíamos por su mala fe, tocapelotas, imbécil e insensato.

Tan sólo el 31% de extremeños culpa a María Guardiola del bloqueo por no haber sabido atraerse a los de Santiago Abascal. Posiblemente, la peor noticia para Vox sería convocar ahora mismo nuevas elecciones porque, según las dos encuestas consultadas, esa formación ultraderechista perdería entre dos y cuatro diputados, que sumaría el PP y dos perdería el PSOE.

Si Vox no tiene más que estratagema, esa se combarte con una buena estrategia. Siempre ha sido así. Al PSOE de Extremadura le hundió los engaños del «hermanísimo», las trampas mafiosas de Garrido y la desconfianza de los socialistas. Si se hubieran convocado antes las elecciones generales sería otro el resultado, pero donde no hay mata, no hay patata.

Según veo en una encuesta de Signa Dos para El Mundo, siguen divididos los deseos de los extremeños y mientras uno de cada cuatro apoya que el PSOE permita un gobierno de la derecha pepera en solitario, entre quienes se dicen votantes socialistas, un 40% quiere ese gobierno en solitario del PP. Un 22% de extremeños prefiere que haya repetición electoral porque creen que la ultraderecha acabará de morros contra las urnas. Y créanme que no van descaminados.

El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria. Ni Castilla ni León van a permitir tonterías, ni se va a esperar a que caiga el higo de la higuera o a Abascal lo alumbre San Apapucio, patrón de la estupidez.

Cuando ese santo alumbra, la estupidez y la torpeza ya están instaladas en la persona. Y si no ceden las partes todo lo que haya que ceder, que dejen la política y se vayan a poner copas y cacahuetes a los lupanares de Pedro Sánchez y malversadora señora «catedrática» o a República Dominicana a contar los aterrizajes del Falcon sin transparencia.

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