España
¡QUE ESCÁNDALO! ¿Pero los padres no están solamente para pagar la manutención? Tramitan una ley para que el padre pueda oponerse al aborto de su hijo
Un proyecto de ley en Tennessee quiere dar opción a los hombres a oponerse a que sus hijos sean eliminados mediante aborto. «Un padre debería tener derecho a decir qué le sucederá a ese niño», defiende el senador Pody uno delos impulsores de la norma provida.
[E]l senador de Tennessee Mark Pody y su compañero en la Cámara de Representantes del estado, Jerry Sexton, han presentado una propuesta de ley que aboga por dar voz a los padres de los hijos que están en peligro de aborto y que quieren proteger la vida de sus hijos.
El senador Pody ha señalado al diario Tennessean que la norma que impulsa está inspirada en el comentario de un ciudadano de Tennessee le hizo ver que el hombre no tiene posibilidad legal de expresar su opinión cuando una mujer se plantea abortar. «Creo que un padre debería tener derecho a decir qué le sucederá a ese niño», dijo Pody. «Y si alguien va a matar a ese niño, debería poder decir: ‘No, no quiero que ese niño sea asesinado. Quiero poder criar a ese niño y amarlo’», defiende el senador.
Según se detalla en el proyecto de ley, un hombre podría presentar una demanda para evitar la posibilidad de que se aborte a su hijo si demuestra que es el padre de la criatura y que existe una posibilidad real de que al bebé se le impida seguir su natural desarrollo vital mediante un aborto.
Si la mujer reconociera de manera voluntaria la paternidad alegada, no sería necesaria la realización de un aprueba de ADN para confirmarlo. En el caso de que se trate de personas casadas, no será necesario el consentimiento de la mujer para determinar la paternidad.
Este reconocimiento de la paternidad no podrá ser revocado a posteriori y, naturalmente, implica obligaciones sobre la crianza y la manutención del bebé. «No puede darse la vuelta bajo ninguna circunstancia y decir: ‘Me equivoqué y no es mío’», ha detallado el senador Pody.
Los grupos abortistas han criticado la propuesta, que se suma a otras provida en Tennessee, como la que prohíbe el aborto una vez detectado el latido fetal, alegando que «nadie debería tener el poder de tomar decisiones de atención médica en nombre de otra persona, ni un juez, ni un compañero»… excepto si quien decide por otro es la mujer respecto de la vida o la muerte de su hijo.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
