España
¿Qué pasa en Ciudadanos?
Federico Ysart.- Extraño comienzo de campaña el de Rivera y Girauta sembrando basura sobre los populares. Los que hace unas semanas aborrecieron de cualquier acuerdo con Sánchez, ahora cargan contra Casado. Extraña manera de hacer amigos cuando sin alianzas los ciudadanos seguirán siendo nada.
¿Será que piensan alcanzar el poder ellos solitos? No parece probable que su imaginación llegue a esos extremos, al fin y al cabo son considerados como gente perspicaz por muchos. ¿O por el contrario es que ven su futuro más negro de lo que Tezanos lo pinta y se sienten forzados a tirar contra todo lo que se mueve? En cualquiera de los dos casos, ayer mintieron con tanto descaro como en Sánchez es proverbial.
El testimonio prestado por el lendakari Urkullu en el proceso a los golpistas fue meridianamente claro en cuanto al papel que jugó en aquellos momentos a petición de Puigdemont: “Me solicitó que interviniera para intentar encauzar la relación, con la finalidad de conducir a una solución pactada”.
Según Urkullu, la actitud de Rajoy “fue de escucha y de respuesta a las preguntas que yo le planteaba“.
Sin embargo los ciudadanos ponen pies en alto: “¡Qué escándalo y qué vergüenza!; el PP de Rajoy y Casado recurrió al líder del nacionalismo vasco para que ejerciera de mediador ante Puigdemont”, sentenció Girauta, mintiendo porque Urkullu dijo todo lo contrario: “No fueron las dos partes las que me solicitaron que hiciera de intercesor“.
Más matizado se mostró su jefe sobre el cuento de la mediación, pero utilizando aquello de que no diré yo que usted es…, Rivera teatralizó “hay que preguntar al señor Casado y al Partido Popular si aceptaron una mediación del señor Urkullu…” Para seguir machacando sobre el mismo clavo al reiterar en tres ocasiones que hay que preguntar “al señor Casado que estaba ahí, en la Permanente del señor Rajoy, que sabía todo lo que ocurría, si ellos aceptaron la mediación de un partido nacionalista para negociar… Yo desde luego no lo hubiera hecho, pero en todo caso pregúntenle al señor Casado…”. Rufianesco, pero en fino.
Ya está bien de mentiras, la política nacional no puede hacerse sobre el cenagal que llevan cultivando unos individuos públicos que no darían la talla para ejercer cualquier responsabilidad en la vida privada.
La mentira se ha hecho moneda de curso legal en la vida pública. Después de haber dedicado a ello sus mejores esfuerzos durante nueve meses el ejemplo del vigente presidente de Gobierno está permeando a toda la sociedad.
El aborto de la legislatura podría significar el alumbramiento de una nueva manera de hacer política. En manos está de nuevos actores cambiar la discordia en concordia, conciliar en vez de confrontar, desterrar la calumnia y reponer la realidad que la mentira oculta. Sin perderse en tretas, póngase a ello desde ya y déjense de estupideces.
Con una mentira suele irse muy lejos pero sin esperanzas de volver, dice un viejo proverbio judío.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
