Opinión
Quien alega que Franco es el pasado y que hay que pasar página demuestra una clara cobardía y una relativista actitud. Por el General Chicharro
[E]n un reciente artículo manifesté mi escepticismo sobre nuestro actual sistema democrático. No, no es que no crea en la democracia; sí que creo. Otra cosa diferente es considerar que el sistema vigente sea reflejo de los deseos legítimos del pueblo y que nuestros representantes en los múltiples foros que pululan por esta España taifal puedan ser tenidos como tales. Y me refiero no sólo a los efectos del sistema D,Hont, que también, sino al hecho de que por mucho que se vote, aparentemente en función de la persona candidata, la realidad es que lo que se está votando es al partido que representa y a su ideario. Y ya digo que estos partidos representan intereses que muchas veces no son coincidentes, incluso, con los idearios que presentan. Ideas propuestas que luego en función de las circunstancias modifican a su antojo. Tenemos muchos ejemplos pero quizás el más evidente es el del Partido Popular que en su día con mayoría absoluta prometió derogar/modificar la Ley de Memoria Histórica, la ideología de género o la correspondiente al aborto y ya saben después lo que hizo. Y de aquellos polvos estos lodos.
Ya han pasado varios días del triunfo sonado de Ayuso en Madrid. Y que conste que me alegro pero dicho esto no me olvido de que detrás de ella se encuentra un Partido Popular errático en sus principios y veremos ahora, por ejemplo ,dónde quedan las políticas relacionadas con la ideología de género que su antecesora Cifuentes implantó en la Comunidad de Madrid. ¿ Las va a modificar? apuesto a que no.
Yo lo que he visto en estas últimas elecciones es que la gente normal vota a quien cree que puede atender mejor sus necesidades reales , las del día a día. Y ahí radica el éxito de Ayuso quien ha sabido gestionar la Comunidad conforme a las inquietudes reales del pueblo. Esta es la verdad. Lo malo es que en una sociedad en la que se ha impuesto el relativismo moral, los valores y principios quedan postergados a a un segundo plano. Y ya digo que lo comprendo pues nada más importante que el pan de nuestros hijos o la atención médica que todos demandamos, si bien asumo que en la vida no todo es un plato de lentejas y al menos para mí los principios y valores siguen teniendo vigencia o al menos deberían tenerlos. Y a partir de aquí es donde uno topa con este sistema partitocrático pues no hay partido que en su afán de atraer electores, que le lleven al poder, no abjure de principios o valores de los que en algún momento se hicieron eco pero que en función de encuestas o expectativas de voto esconden. Es así y no digo que no sea lógico conforme a estrategias electorales pero sucede que al menos en mi caso ya les digo que no cuenten para estas aventuras. Sí, reconozco estar en un espacio sociológico que en términos futbolísticos supone encontrarse en fuera de juego y electoralmente un objetivo no importante a tenerse en cuenta. Así, para quienes defendemos el legado de nuestros padres , aquellos que lucharon y murieron por unos ideales en la guerra y en la paz, se nos hace incomprensible la poca energía que se desarrolla para defender nuestra reciente historia y la defensa explícita de la figura de quien fuera el Caudillo que nos libró del comunismo internacional y sacó a España de la miseria. Hablo naturalmente de Francisco Franco. Oía el otro día en el Toro Tv a insignes tertulianos hablar y demostrar con rotundidad académica los desastres a los que la izquierda había llevado a la Segunda República y que ocasionaron la guerra en 1936. ¡Ahora hablarán de quienes se levantaron contra aquella anarquía y de quien les lideró: Franco!, pensaba yo con cierta candidez, más obviamente no fue así. Ni siquiera en ese ambiente propicio vi a nadie con la valentía de siquiera pronunciar su nombre.
Franco es el pasado y hay que pasar página, dicen y alegan, justificando su clara cobardía o más bien su relativista actitud cara a su presente político.
Esta bien : reconozco que es lo que hay.
¡Abuelo , te has quedado en la guerra de Cuba! Me dice alguno de mis nietos – dicho sea de paso sin siquiera saber cuando ni que fue aquella guerra – y ¡hay que vivir el presente! me insisten.
La cuestión es que ya solo pido que me dejen tranquilo en mi situación de fuera de juego, algo, que, por cierto, pude confirmar el otro día cuando al irme a vacunar una amable sanitaria me dijo que le enseñara el QR y en mi ignorancia a punto estuve de bajarme los pantalones pensando que me pondrían la vacuna en la nalga en lugar del brazo.
No sé, tal vez si alguna vez oigo a algún partido político reconocer y reivindicar nuestro pasado y manifestar su intención de devolver los restos del Caudillo al Valle de los Caídos, de donde nunca debió salir, a lo mejor hasta les presto atención. Hoy por hoy prefiero trasladarme con el pensamiento a un futuro en el que haya algún presidente que, como sucedió el otro día en Paris con Napoleón, rinda homenaje a quien ha sido uno de los mandatarios más importantes de toda nuestra historia. Mientras tanto y como dije el otro día me quedo con Gundisalvo.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
