España
¡Quien lo hubiera dicho hace 40 años! Rusia dando lecciones de LIBERTAD a Occidente: Putin advierte que no tolerara la censura de las redes sociales y amenaza con bloquear a YouTube
Después de que Google censurara a la emisora RT en Alemania, Putin redobló los ataques a las empresas de tecnología extranjeras y se propone a expandir sus propias redes sociales dentro de Rusia.
El pasado miércoles 29 de septiembre, Rusia amenazó con que bloqueará la red social de videos YouTube si continúan su censura a la libertad de prensa. El Kremlin justificó esta medida bajo la consigna de “tolerancia cero” hacia las empresas que censuraran información.
La movida fue una respuesta directa a Google, quien eliminó de YouTube los canales en alemán de la emisora RT, canal respaldado por el Estado ruso, diciendo que habían violado su política de desinformación respecto al COVID-19.
YouTube anunció que bloquearía todo el contenido antivacunas, especialmente los videos de personas o medios que aleguen que las vacunas contra el coronavirus puedan causar efectos adversos en la salud o que digan que todavía siguen en fase de experimentación.
La disputa crea una nueva línea de tensión en el enfrentamiento de Rusia con los gigantes tecnológicos extranjeros y su idea de conseguir una mayor soberanía sobre su segmento de Internet.
De todos modos, este conflicto no es nuevo. El gobierno de Putin bloqueó en 2016 a LinkedIn, la red social de búsqueda laboral de Microsoft, luego de que la justicia determinara que estaba violando la información privada de los rusos que se unían a la plataforma.
Desde ese entonces, Putin ha hecho esfuerzos por lanzar sus propias páginas y redes sociales de origen ruso, que en vez de reemplazar a las estadounidenses como hacen en China, compiten libremente.
Así, Yandex compite con Google, VK con Facebook, OK.ru con Twitter y Telegram con WhatsApp, esta última sin lugar a dudas la más exitosa, que ha logrado incluso irrumpir en el mercado estadounidense y hoy es la principal competencia de la red de mensajería instantánea de Mark Zuckerberg.
El regulador estatal de comunicaciones de Rusia, Roskomnadzor, le envió un comunicado Google exigiendo que se levantaran las restricciones de YouTube a los canales de RT, y que Rusia se reservaba la potestad de restringir parcial o totalmente el acceso a YouTube en su territorio si no cumlpían.
Hasta el momento, los canales de RT en Alemania siguen suspendidos, y Rusia no ha bloqueado a YouTube, pero sí han multado a Google por 6,5 millones de rublos (unos 89.534 dólares).
El canciller ruso Serguéi Lavrov considera que la censura de YouTube estuvo coordinada con el gobierno de Angela Merkel en Alemania, y con la mega corporación mediática Deutsche Welle, para eliminar a la competencia.
Berlín negó la acusación del Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia: “Es una decisión de YouTube, basada en reglas creadas por YouTube. No es una medida tomada por el gobierno alemán u otras organizaciones oficiales“, dijo a la prensa el portavoz de Merkel, Steffen Seibert.
Moscú ha aumentado la presión sobre las empresas de tecnología extranjeras en el último año, multando a las empresas de redes sociales por no eliminar el contenido que Rusia considera ilegal y ralentizando punitivamente la velocidad de Twitter o Facebook para que los usuarios se decanten por las versiones rusas.
Además, el Kremlin forzó a Google y Apple a eliminar una aplicación de sus tiendas que permitía a los usuarios ingresar su domicilio y les decía a qué candidatos debían votar para maximizar su voto anti-Putin. En Rusia hay una enorme cantidad de partidos chicos por fuera de Rusia Unida, el partido de Putin, y muchas veces para los rusos es difícil saber cuáles apoyan al gobierno o son opositores.
Por el momento no se sabe cómo terminará esta guerra entre Putin y las Big Tech norteamericanas, pero los medios rusos están diciendo que el bloqueo de YouTube por parte del Kremlin es inminente.
Alfonso Lorenzo de Olmos.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.

