Opinión
«Rapapolvo a José Angel Saiz Meneses, polémico arzobispo de Sevilla» por el Coronel Efrén Díaz Casal
Sr. D. José Angel Saiz Meneses, arzobispo de Sevilla:
Ruego disculpe la omisión del tratamiento protocolario que oficialmente tiene reconocido, pero como decía Aristóteles, “la dignidad no consiste en tener honores, sino en merecerlos”
Le envío estas líneas impulsado por la prohibición al amparo de ilegales atribuciones, de la procesión del Corpus Christi de mi parroquia castrense el domingo 29 de mayo de 2016, por la entonces concejala presidenta del distrito de Latina del Ayuntamiento de Madrid, Esther Gómez Morante, del partido Ahora Madrid actualmente Más Madrid, partidos de extrema izquierda.
Desde la fecha antes indicada y sin más pretensiones que la defensa de la fe, de la Iglesia y de la ley he dirigido reiteradas misivas a la práctica totalidad de la prelatura española demostrándole documentalmente que la Iglesia Española viene “solicitando autorización” para celebrar sus actos religiosos en la vía pública a los ayuntamientos en lugar de “comunicar” su celebración a las delegaciones, subdelegaciones del Gobierno u organismos autónomos análogos vascos, navarros y catalanes como prescribe la Ley Orgánica 9/1983, de 15 de julio, reguladora del derecho de reunión, exhortándoles a abdicar de su contumaz transgresión de dicha ley.
La inmensa mayoría de los destinatarios de mis mensajes me ha obsequiado con un displicente silencio, habiendo recibido 3 respuestas consistentes en un conjunto de embustes, evasivas, incoherencias y circunloquios, ajenos a mis planteamientos y huérfanos de solución o conclusión alguna ni esperanza de alcanzarla, al tiempo que propiciatorias de nuevos vetos municipales de actos religiosos en la vía pública de cualquier municipio español que mi labor desde hace más de 4 años trata de evitar.
Es innegable que el proceder de la prelatura española en el caso que nos ocupa y preocupa constituye todo un monumento a la zafiedad y a la falta de respeto a la dignidad del prójimo: su ejecutoria nos conduce a la selva virgen donde cada persona comete la barbaridad que se le ocurra.
Consiguientemente, la ejecutoria de la prelatura española en el presente caso corre pareja a la de los sempiternos enemigos viscerales de la Iglesia Católica y de sus fieles, induciéndoles a volver a las andadas.
En su carta pastoral del pasado 21 de diciembre, de ¿felicitación navideña? a los fieles sevillanos, dice que “en nuestro occidente rico corremos el peligro de que la Navidad quede reducida a lo que podríamos denominar ambiente navideño: luces en las calles principales, intercambio de felicitaciones y de regalos, comidas familiares un día sí y otro también”.
Resulta evidente que el contenido de su carta pastoral constituye un grotesca y extemporánea crítica para la que su ejecutoria relativa al cumplimiento de la Ley Orgánica 9/1983, de 15 de julio, reguladora del derecho de reunión, en la tramitación de actos religiosos en la vía pública le despoja del necesario ascendiente moral para criticar a su feligresía o a cualquier otro ser humano.
Es preciso que antes de proferir cualquier otra necedad lea el Evangelio según San Lucas 6, 37-42: “¿Por qué miras la paja que hay en el ojo de tu hermano y no ves la viga que está en el tuyo? ¿Cómo puedes decir a tu hermano: hermano, deja que te saque la paja de tu ojo, tú, que no ves la viga que tienes en el tuyo?, ¡hipócrita!, saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la paja del ojo de tu hermano”.
Por lo expuesto le exhorto a que, en lo sucesivo, los actos religiosos en la vía pública de su archidiócesis se tramiten según lo dispuesto en la precitada Ley Orgánica 9/1983, de 15 de julio, reguladora del derecho de reunión haciendo otro tanto con sus hermanos en el episcopado, zanjando definitivamente el lamentable espectáculo que vienen dando durante los últimos 4 años ante la opinión pública en general y la población católica en particular con la contumaz vulneración nada menos que de una Ley Orgánica, reguladora por tanto de un derecho fundamental como el de reunión, discriminando en consecuencia a la población católica, única promotora de actos religiosos en la vía pública que “solicita autorización” a su ayuntamiento para celebrar sus actos religiosos en la vía pública, en tanto que los promotores de cualesquiera otros actos en la vía pública los «comunican” a su respectiva Delegación o Subdelegación del Gobierno.
Finalmente, confieso albergar la sospecha de que la pandemia que padecemos sea la respuesta divina a los hechos que anteceden para impedir que Vds continúen vulnerando la ley.
Efrén Díaz Casal
Coronel de Infantería (R)
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
