Sociedad
Recaudan 1.500 euros en dos días en apoyo al vigilante sancionado por el ‘Delcygate’
Sandra Gutiérrez.- Una campaña ciudadana liderada por una joven española ha recaudado 1.500 euros en dos días para apoyar al vigilante represaliado por testificar ante notario lo que vio en el encuentro entre José Luis Abalos y Delcy Rodríguez en el aeropuerto de Barajas.
El vigilante ha sido suspendido dos meses de empleo y sueldo por la empresa Ilunion, que ni siquiera se lo ha notificado.
Este hombre recibió un sms este miércoles 26 de febrero de la Tesorería General de la Seguridad Social en el que le comunicaban que había sido dado de baja. Dice que la empresa no se ha puesto en contacto con él. Sin embargo, la empresa asegura que no ha sido despedido, sino que se trata de una suspensión de empleo y sueldo de dos meses. En su declaración integra, a la que tuvo acceso Antena 3 Noticias, contaba que José Luis Ábalos y tres personas que le acompañaban accedieron a una zona restringida (pistas) sin pasar ninguna medida de seguridad, con el objeto de acceder al avión. «Uno de los acompañantes de Ábalos pretende acceder a zona aire sin identificarse, le llamo la atención y me responde: ‘yo no tengo por qué identificarme’ «, cuenta en este escrito.
Es intolerable que se suspenda a esta persona por defender España y decir la verdad de lo que vio. Proteger a una torturadora y a los que se reúnen con ella no puede quedar impune en un supuesto Estado de Derecho. ILUNION, al ceder a las presiones políticas, ha cometido una gran injusticia que le va a pasar factura como empresa. Por eso, los ciudadanos queremos APOYAR a este trabajador públicamente y económicamente, y felicitarle por lo que ha hecho por España.
La campaña puede encontrarse en la página web de GoFundMe con el título de ¡Ayudemos al vigilante de Barajas suspendido! Enlace: gf.me/u/xnmjwh
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
