Internacional
Retiran por racista una estatua sobre los orígenes españoles de San Francisco por mostrar a un indígena en el suelo ante un misionero
El Ayuntamiento de San Francisco (Estados Unidos) retiró este viernes del centro de la ciudad una estatua que destacaba los orígenes españoles de la ciudad por considerarla racista, al mostrar a un indio americano en el suelo ante un misionero y un vaquero de pie.
La estatua, en la que el vaquero mira al horizonte mientras el misionero católico parece indicar al indígena el camino hacia Dios, había sido objeto de controversia durante décadas por parte de la comunidad de nativos americanos de California.
Este colectivo, así como algunos otros de San Francisco, la consideraban una muestra de celebración del dominio de los hombres blancos sobre los pueblos indígenas tras la llegada de los conquistadores españoles a California en el siglo XVIII.
Finalmente, la Junta de Apelaciones del gobierno local de San Francisco aprobó el miércoles por unanimidad retirar la estatua, algo a lo que los operarios municipales procedieron esta misma madrugada ante la presencia de una cincuentena de personas.
La estatua, que lleva por título ‘Early Days’ (Primeros Días) y erigida en 1894, estaba situada justo enfrente del edifico del Ayuntamiento como parte de un conjunto escultórico que conmemora distintos episodios de la historia de la ciudad.
El pasado febrero, la comisión de preservación histórica de la ciudad dio su visto bueno a la retirada de la estatua siempre y cuando se instale en su lugar una placa en la que se expliquen los motivos que han llevado a quitarla.
Este episodio tiene lugar después de que el año pasado reviviese en EE.UU. el debate sobre los motivos del arte conmemorativo en los espacios públicos, especialmente en el sur del país, donde muchas estatuas rinden homenaje a héroes de la Confederación.
Los primeros conquistadores españoles llegaron a la actual California estadounidense a mediados del siglo XVIII provenientes del Virreinato de Nueva España (actual México) y fundaron una serie de misiones que posteriormente evolucionarían en grandes ciudades como San Diego, San Francisco o Santa Bárbara.
La llegada de los europeos tuvo grandes implicaciones para la población local, ya que cambió para siempre su estilo de vida, su cultura y tradiciones quedaron arrinconados, y en muchos casos fueron forzados a adoptar el cristianismo como religión.
Además, la llegada de nuevas enfermedades contra las que los nativos no estaban inmunizados causó un gran número de muertes, y la población nativa se redujo considerablemente.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
