Sociedad
Rocío Monasterio se troncha del momentazo vivido con varias diputadas progres en los baños de la Asamblea de Madrid
“Es fabuloso encontrarme con unas cuantas progres alegrándose de que podrán irse de puente”
Seguro que a estas horas estarán maldiciendo los saltos de alegría que dieron a vista de otras parlamentarias.
Sobre todo, claro está, porque si no abandonaron la ciudad de Madrid antes de las 15 horas del 9 de octubre de 2020 su gozo quedó en un pozo.
La historia la cuenta breve, pero contundentemente, la líder de VOX en la Asamblea de Madrid, Rocío Monasterio.
En su cuenta de Twitter se refirió a una escena vivida el mediodía del 8 de octubre de 2020 en el baño de señoras de la instutición regional con varias diputadas de PSOE, Podemos y Más Madrid.
En ese momento se acababa de conocer que el Tribunal Superior de Justicia de Madrid tumbaba las restricciones que el Ministerio de Sanidad había impuesto en la capital y en otros nueve municipios de más de 100.000 habitantes respecto de las limitaciones de movimiento, aforos y horarios.
Pues bien, las representantes de tres partidos que, se supone, compartían la decisión del Gobierno Sánchez, empezaron a saltar como locas, según deja caer Monasterio, porque podrían irse de puente.
La cuestión es que la alegría no les duró más allá de un día, ya que el 9 de octubre de 2020 el Ejecutivo socialcomunista decretó el estado de alarma para Madrid capital y varios municipios con población por encima de los 100.000 habitantes.
Pero, más allá de ese jarro de agua fría, encima ahora quedan retratadas al conocerse que formaron un jolgorio en los baños de la Asamblea por la derrota del Gobierno Sánchez y solo por el hecho de que, más allá de la cuestión de defender ciegamente su ideología, demostraron que, al igual que a cualquier ciudadano de a pie, les importaba más el ocio que la victoria o la derrota política de sus colores.
Es fabuloso entrar en el baño de chicas de la Asamblea y encontrarme a unas cuantas progres dando saltos porque se pueden ir de viaje este puente…..😂😂😂
— Rocio Monasterio (@monasterioR) October 8, 2020
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
