Opinión
Saltan «gazapos» a cada paso del Gobierno. Por Jesús Salamanca Alonso

Ganaderos, agricultores, industria y otros sectores se han hartado de la desidia del abominable Gobierno de la izquierda. Su ruina camina hacia el clímax.
España no se cansa de pedir fondos europeos a Europa, con la disculpa de la recuperación y la necesidad de modernizar el país. Pero resulta que ciertas cantidades importantes de esos fondos van a parar a los sindicatos clasistas para el arreglo de sus sedes. El caso es que la Unión Europea ha bloqueados diez mil millones de euros porque ese no es el destino de los fondos; estamos hablando de 100 millones de euros, cuyo destino son obras de rehabilitación energética en las sedes sindicales. Se llama despilfarro. ¿Serán capaces esas anquilosadas organizaciones de devolver el dinero que robaron a los parados andaluces y se gastaron en todo menos en lo que debían hacerlo?
Pedro Sánchez «El mentiroso» tiene un problema serio, al que se añade la falsedad de los Presupuestos Generales del Estado para 2023, donde ha incluido partidas que dependen de esos fondos. ¿Y si se congelan como se han congelado otros? Estamos instalados en la gran mentira, en el engaño a Europa y en la patraña de un Gobierno descentrado y torpe; ahí tienen las consecuencias del Ministerio de IGUAL DA que ha tenido que solicitar una ampliación de crédito para pagar a la inservible tropa de asesores, muchos de ellos delincuentes condenados por los tribunales por causas diversas y otros pendientes de condena. No por casualidad es el ministerio recogedero de faltones, voceras, condenados, pelamanillas… Toda una tropa que nunca las había visto igual de gordas y con sueldo fijo. Recuerdo que la propia líder de «Hundidas Podemos» incidió en que un muy elevado porcentaje no pasa del nivel de bachillerato. Ahí lo dejo.
Acaba de saltar la noticia de que la ERC del iluso y faltón, Gabi Rufián, empuja a Bildu y a la bandera de Puigdemont (JxCAT) a no aprobar los presupuestos. El Gobierno no es capaz de planificar lo que debe ser el tejido industrial y su modernización; si piensa que esa modernización pasa por forzar a Netflix a poner «pelis» en suajili, keniata o catalán, entonces sí que vamos de culo y cuesta arriba. Hace tiempo que el servicio de «streaming» Netflix anunció que nunca trabajaría con lenguas ni dialectos minoritarios en franco retroceso, inestables o en vías de desaparición. Y mucho menos con lenguas forzadas políticamente. Vamos, que Rufián puede seguir con sus habituales tonterías, exigencias catalanistas y tocando la zambomba navideña.
Por otro lado, la Generalidad se declara insumisa lingüística y reta al Tribunal Supremo. A ello se une que Puigdemont lleva la delantera a la Judicatura española, la torea a la luz de la luna, la reta en Waterloo y acaba haciéndola la peineta. Y, claro, en vista de esa insubordinación, no faltarán comunidades autónomas que sigan semejantes caminos con otros asuntos de más o menos envergadura: ahí tienen al obediente incendiario, Alfonso Fernández Mañueco, haciendo patria con las pistas de esquí de Navacerrada, tras comprobar la brutalidad del Gobierno socialcomunista; una actitud que hubiera pasado por alto de haber sucedido en Tabarnia o en Tractoria: «nuevo territorio español que tiene su origen en la antigua y desaparecida Cataluña», dirán los futuros libros de texto.
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No piensen que en educación están pacificados el camino y los ánimos. Isabel Alegría defiende que todo el alumnado alcance el título de la ESO sin más esfuerzo que su presencia en el aula, a la vez que el real decreto de evaluación hace de la repetición algo excepcional. Se eliminan las recuperaciones finales en el tramo de la educación obligatoria. El incendio ha comenzado y la «quema de brujas» no se detendrá porque no debe detenerse.
El Consejo de ministros debería sentir vergüenza propia por aprobar el real decreto de evaluación, promoción y titulación. Si pretenden que sea la pauta a seguir en todas aulas de colegios e institutos, el Ministerio de Educación y FP se va a estrellar porque el profesorado, como siempre, adoptará las medidas más oportunas y tendentes a conseguir que la calidad no descienda, así como que tampoco se resienta la igualdad.
Un dato es evidente: la reducción de las repeticiones no va a rebajar el abandono escolar temprano. Esos dos lastres se combaten de otra forma y con otros métodos. La torpeza ministerial nunca supo verla desde la eliminación de la LOMCE; ésta sí elevó las repeticiones, pero fue debido a que la exigencia era mayor, el esfuerzo lo requería y la preparación mejoró esos años. Todos los «torpedos» contra el exministro Wert, y los cientos de improperios que recibió desde la ruinosa izquierda, se convirtieron en alabanzas y reconocimiento en la Unión Europea; incluso, la siniestra más sensata –que es muy poca—ha acabado por reconocerlo con el tiempo.
También los ganaderos, agricultores y otros sectores productivos se han hartado de la desidia del abominable Gobierno de la izquierda y ultraizquierda. La ruina de esos sectores ha alcanzado el clímax con la esperpéntica ministra comunista de Trabajo, con quien el paro no deja de crecer mes tras mes. Una salvedad: con los criterios fijados por el Gobierno, estando en el paro no todos son parados, de ahí el engaño de las cifras y las mentiras del Ejecutivo. La economía se les ha ido de las manos, como se les fue la pandemia tras la primera semana y los ERTE. Doy fe.
Este Gobierno destroza cuanto toca, por eso le saltan «gazapos» a cada paso. ¿Alguien lo duda? Y hay muchos más problemas serios que iremos desgranado cada día.
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España
Elecciones autonómicas o juegos florales. Por Jesús Salamanca Alonso

«El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria».
Trascurrido el 8-M con división, amenazas entre las diversas «tribus» innombrables, desnudos malogrados –aunque ellas mismas se llamen feministas o «feminazistas»– esputos, amenazas e insultos a las periodistas que cubrían la noticia, parece que volvemos a la normalidad diaria que, en estas fechas, son las elecciones de las distintas comunidades, siendo las más cercanas las de Castilla y León.
Tal comunidad, decíamos hace unos días, que tenía sus revoluciones pendientes; incluso León (solo) trabaja por su independencia uniprovincial, otra revolución pendiente y que ya huele. Sigue insistiendo Fernández Mañueco que va a exigir a Vox que, si hay acuerdo, lo sea para toda la legislatura. Él tiene la impresión de que el Mediterráneo estaba sin descubrir hasta que llegó a presidente con su declaración rimbombante. Algo que es lógico y que no se cumplió la legislatura pasada por la falta de cuadros y la división interna del partido que «acaudilla» un tal Santiego Abascal y del que empiezan a mofarse sus seguidores más jóvenes y buena parte de la ciudadanía madura. En fin, si la incompetencia volara…seguramente no nos daría el sol.
Alguien dijo eso de que «éramos pocos y parió la abuela». Pues justamente es lo que está sucediendo en el partido a la derecha del Partido Popular. Abascal se ha ido quedando sin los mejores por las cacicadas que se han impuesto desde la cúpula ultraderechista. Recordarán a Macarena Olona, a Espinosa de los Monteros, la ejecutiva de Murcia y más recientemente a Ortega Smith. Quienes mejor podían conformar los cuadros de gestión están en la calle y durante la campaña electoral tan sólo se ha visto a Abascal. ¿Le molesta que otros chupen cámara? ¿Acaso piensa que le van a destronar de un plumazo por su caudillismo mal enfocado? ¿quiere seguir presumiendo de su enfrentamiento pasado con ETA?
Por mucho que hable Alfonso Fernández Mañueco de exigir compromisos para toda la legislatura, eso no lo puede hacer con Vox porque hay una tremenda deficiencia en sus inexistentes cuadros de gestión. Carece de banquillo, como se dice ahora. Lo estamos viendo en Extremadura y en Aragón, aquí parece que los militantes son más sensatos. En Extremadura ha sido calamitosa la actuación del líder regional de Vox, asesorado por los de más arriba, por eso se están marchando los militantes a chorro. No olviden que los políticos son como los libros de una biblioteca, cuanto más latos están menos sirven.
Casi un 70% de la población extremeña culpa a la formación de Abascal de huir, de no dar la cara y de no haber entendido el voto de las urnas. Han aterrizado en política como podían haber planeado y caído en una vaquería. Si quieren presumir de torpeza, allá ellos, pero la ciudadanía no se lo va a consentir. No deben olvidar que los atropellos se pagan siempre en las urnas y, a veces, antes.
En Castilla y León de prevé un proceso parecido al de Extremadura: «aguanto como que soy fuerte, pero en dos meses te desgasto». Eso no es hacer política, sino terrorismo electoralista y con ello se parece a EH Bildu, pero desde otra perspectiva. ¡Qué poca cabeza tiene el líder extremeño de Vox, si al final acabará claudicando, como dejaba constancia de ello el 53% de los extremeños! La actitud de Vox en Extremadura se conoce en mi pueblo como «enmarranar más al cerdo». En otros tiempos le hubieran «hecho los perrillos» como hacíamos en el colegio a quienes presumían de algo o fantasmeaban demasiado. Y lo hacíamos por su mala fe, tocapelotas, imbécil e insensato.
Tan sólo el 31% de extremeños culpa a María Guardiola del bloqueo por no haber sabido atraerse a los de Santiago Abascal. Posiblemente, la peor noticia para Vox sería convocar ahora mismo nuevas elecciones porque, según las dos encuestas consultadas, esa formación ultraderechista perdería entre dos y cuatro diputados, que sumaría el PP y dos perdería el PSOE.
Si Vox no tiene más que estratagema, esa se combarte con una buena estrategia. Siempre ha sido así. Al PSOE de Extremadura le hundió los engaños del «hermanísimo», las trampas mafiosas de Garrido y la desconfianza de los socialistas. Si se hubieran convocado antes las elecciones generales sería otro el resultado, pero donde no hay mata, no hay patata.
Según veo en una encuesta de Signa Dos para El Mundo, siguen divididos los deseos de los extremeños y mientras uno de cada cuatro apoya que el PSOE permita un gobierno de la derecha pepera en solitario, entre quienes se dicen votantes socialistas, un 40% quiere ese gobierno en solitario del PP. Un 22% de extremeños prefiere que haya repetición electoral porque creen que la ultraderecha acabará de morros contra las urnas. Y créanme que no van descaminados.
El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria. Ni Castilla ni León van a permitir tonterías, ni se va a esperar a que caiga el higo de la higuera o a Abascal lo alumbre San Apapucio, patrón de la estupidez.
Cuando ese santo alumbra, la estupidez y la torpeza ya están instaladas en la persona. Y si no ceden las partes todo lo que haya que ceder, que dejen la política y se vayan a poner copas y cacahuetes a los lupanares de Pedro Sánchez y malversadora señora «catedrática» o a República Dominicana a contar los aterrizajes del Falcon sin transparencia.






