Connect with us

España

Salva la vida tras pagarse de su bolsillo la extirpación de un tumor. El Hospital público que la atendió se negó a operarla y la derivó a paliativos domiciliarios. ¿Porqué no hay pena de muerte para estas cosas?

Redacción

Published

on

El hospital público de Valladolid que la atendió le negó la cirugía y la asignó a cuidados paliativos domiciliarios por considerarla desahuciada.

Una vallisoletana de 52 años salvó en 2020 su vida porque pudo pagar de su bolsillo una intervención quirúrgica en una clínica privada durante la que le extirparon una masa tumoral maligna ubicada en la zona de los ovarios después de que la sanidad pública le negase la operación y no le diese otra opción que esperar la muerte como consecuencia de este proceso canceroso.
El tribunal superior de justicia de esta comunidad acaba de rechazar las objeciones de la Administración castellanoleonesa y ha declarado firme la sentencia del tribunal de lo social que ordenó a la Consejería de Sanidad abonar a esta mujer los 50.366 euros que tuvo que pagar en el verano de 2020 a la Clínica Universidad de Navarra para poder operarse y evitar, hace ya cuatro años, una muerte segura.
Los magistrados, en consonancia con lo reclamado por la defensa dirigida por Santiago Díez, de los servicios jurídicos de ‘El Defensor del Paciente’, concluyen que esta ciudadana debe ser resarcida porque actuó ante una situación de «urgencia vital», por la imposibilidad de ejercer sus derechos en la sanidad pública y porque solo uso la asistencia privada ante «la pasividad» de los responsables sanitarios públicos.

El tribunal superior de Castilla y León ordena a la Consejería de Sanidad devolverle los 50.366 euros que gastó en la privada ante la negativa de atención pública

El calvario de esta vallisoletana comenzó en febrero de 2020, en el Hospital Río Hortega de Valladolid, cuando durante una prueba radiológica para preparar una operación de hernia umbilical los especialistas detectaron un tumor ovárico en estado muy avanzado, por lo que la derivaron al servicio de Oncología.
El 12 de marzo le indicaron que la situación de su tumor y la posibilidad de que ya se hubiese producido algún grado de metástasis descartaba la posibilidad de una cirugía de extirpación y le dieron como única opción el inicio de un tratamiento de quimioterapia, del que le dieron cuatro sesiones. Mes y medio después, viendo la ineficacia del tratamiento y con la paciente víctima de un grave deterioro físico y una extrema desnutrición que llevó su peso por debajo de 40 kilos, se decidió mantenerla en su domicilio y ponerla en manos de la unidad de cuidados paliativos, lo que era prácticamente sinónimo de su desahucio vital.
La familia de esta mujer, ante la falta de salidas, quiso tener una segunda opinión y acudió a los oncólogos que tiene la Clínica Universidad de Navarra en su hospital madrileño. Los médicos confirmaron el diagnóstico de Valladolid, pero indicaron que la única actuación posible para salvarle la vida era la cirugía y que, además, era preciso operarla sin demora alguna ante lo avanzado del estado del cáncer.
La paciente volvió al hospital Vallisoletano el 22 de mayo y comunicó a sus médicos el diagnóstico y la recomendación de cirugía urgente que le acaban de dar. Le remitieron a los servicios de Ginecología y Cirugía del centro para que valorasen la posibilidad de intervención, pero, como único hecho objetivo, la mantuvieron en cuidados paliativos como única medida. El 20 de julio de 2020, aún sin respuesta alguna, esta familia acabó con su paciencia y la enferma fue intervenida en la clínica privada madrileña y sometida a seis ciclos de quimioterapia tras la extirpación del tumor y las demás áreas afectadas.
El tribunal repudia de plano los argumentos de la Consejería de Sanidad, que rechazó indemnizar a esta mujer por considerar que había generado un gasto sanitario tras hacer un uso caprichoso de la asistencia privada, y, muy al contrario, concluye que la demandante cumple con todos los requisitos legales para ser resarcida de sus gastos, al tiempo que afea su pasividad a los poderes públicos.

Urgencia vital «incuestionable»

Los magistrados señalan que la situación de urgencia vital ante la que actuó es «incuestionable» y que también es evidente su «imposibilidad de usar servicios de la sanidad pública», pues «dos meses antes de la intervención y cinco meses después de un diagnóstico muy grave no se decide nada sobre la intervención» y, como única respuesta, «se le remite a cuidados paliativos».
De igual manera, rechaza el argumento de la consejería de que había hecho un uso abusivo de la sanidad privada. «En esta situación -indica el tribunal-, qué puede hacer la enferma más que operarse si le dan esa opción en la sanidad privada, con informes favorables a la intervención y sin respuesta de la sanidad pública». «La actora, pues, intentó en todo momento que fuese la sanidad pública la que la atendiese y, al no lograrlo, acudió a la privada. Desde luego, ni hay abandono de la sanidad pública ni opción por la privada», reprocha a la Administración. «Comunicó a la sanidad pública la posibilidad de ser intervenida y únicamente actuó ante la pasividad o demora en la toma de decisiones con un proceso de altísima gravedad», zanjan los magistrados.
Advertisement
Click to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

España

Elecciones autonómicas o juegos florales. Por Jesús Salamanca Alonso

Avatar

Published

on

«El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria».

Trascurrido el 8-M con división, amenazas entre las diversas «tribus» innombrables, desnudos malogrados –aunque ellas mismas se llamen feministas o «feminazistas»– esputos, amenazas e insultos a las periodistas que cubrían la noticia, parece que volvemos a la normalidad diaria que, en estas fechas, son las elecciones de las distintas comunidades, siendo las más cercanas las de Castilla y León.

Tal comunidad, decíamos hace unos días, que tenía sus revoluciones pendientes; incluso León (solo) trabaja por su independencia uniprovincial, otra revolución pendiente y que ya huele. Sigue insistiendo Fernández Mañueco que va a exigir a Vox que, si hay acuerdo, lo sea para toda la legislatura. Él tiene la impresión de que el Mediterráneo estaba sin descubrir hasta que llegó a presidente con su declaración rimbombante. Algo que es lógico y que no se cumplió la legislatura pasada por la falta de cuadros y la división interna del partido que «acaudilla» un tal Santiego Abascal y del que empiezan a mofarse sus seguidores más jóvenes y buena parte de la ciudadanía madura. En fin, si la incompetencia volara…seguramente no nos daría el sol.

Alguien dijo eso de que «éramos pocos y parió la abuela». Pues justamente es lo que está sucediendo en el partido a la derecha del Partido Popular. Abascal se ha ido quedando sin los mejores por las cacicadas que se han impuesto desde la cúpula ultraderechista. Recordarán a Macarena Olona, a Espinosa de los Monteros, la ejecutiva de Murcia y más recientemente a Ortega Smith. Quienes mejor podían conformar los cuadros de gestión están en la calle y durante la campaña electoral tan sólo se ha visto a Abascal. ¿Le molesta que otros chupen cámara? ¿Acaso piensa que le van a destronar de un plumazo por su caudillismo mal enfocado? ¿quiere seguir presumiendo de su enfrentamiento pasado con ETA?

Por mucho que hable Alfonso Fernández Mañueco de exigir compromisos para toda la legislatura, eso no lo puede hacer con Vox porque hay una tremenda deficiencia en sus inexistentes cuadros de gestión. Carece de banquillo, como se dice ahora. Lo estamos viendo en Extremadura y en Aragón, aquí parece que los militantes son más sensatos. En Extremadura ha sido calamitosa la actuación del líder regional de Vox, asesorado por los de más arriba, por eso se están marchando los militantes a chorro. No olviden que los políticos son como los libros de una biblioteca, cuanto más latos están menos sirven.

Casi un 70% de la población extremeña culpa a la formación de Abascal de huir, de no dar la cara y de no haber entendido el voto de las urnas. Han aterrizado en política como podían haber planeado y caído en una vaquería. Si quieren presumir de torpeza, allá ellos, pero la ciudadanía no se lo va a consentir. No deben olvidar que los atropellos se pagan siempre en las urnas y, a veces, antes.

Advertisement

En Castilla y León de prevé un proceso parecido al de Extremadura: «aguanto como que soy fuerte, pero en dos meses te desgasto». Eso no es hacer política, sino terrorismo electoralista y con ello se parece a EH Bildu, pero desde otra perspectiva. ¡Qué poca cabeza tiene el líder extremeño de Vox, si al final acabará claudicando, como dejaba constancia de ello el 53% de los extremeños! La actitud de Vox en Extremadura se conoce en mi pueblo como «enmarranar más al cerdo». En otros tiempos le hubieran «hecho los perrillos» como hacíamos en el colegio a quienes presumían de algo o fantasmeaban demasiado. Y lo hacíamos por su mala fe, tocapelotas, imbécil e insensato.

Tan sólo el 31% de extremeños culpa a María Guardiola del bloqueo por no haber sabido atraerse a los de Santiago Abascal. Posiblemente, la peor noticia para Vox sería convocar ahora mismo nuevas elecciones porque, según las dos encuestas consultadas, esa formación ultraderechista perdería entre dos y cuatro diputados, que sumaría el PP y dos perdería el PSOE.

Si Vox no tiene más que estratagema, esa se combarte con una buena estrategia. Siempre ha sido así. Al PSOE de Extremadura le hundió los engaños del «hermanísimo», las trampas mafiosas de Garrido y la desconfianza de los socialistas. Si se hubieran convocado antes las elecciones generales sería otro el resultado, pero donde no hay mata, no hay patata.

Según veo en una encuesta de Signa Dos para El Mundo, siguen divididos los deseos de los extremeños y mientras uno de cada cuatro apoya que el PSOE permita un gobierno de la derecha pepera en solitario, entre quienes se dicen votantes socialistas, un 40% quiere ese gobierno en solitario del PP. Un 22% de extremeños prefiere que haya repetición electoral porque creen que la ultraderecha acabará de morros contra las urnas. Y créanme que no van descaminados.

El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria. Ni Castilla ni León van a permitir tonterías, ni se va a esperar a que caiga el higo de la higuera o a Abascal lo alumbre San Apapucio, patrón de la estupidez.

Advertisement

Cuando ese santo alumbra, la estupidez y la torpeza ya están instaladas en la persona. Y si no ceden las partes todo lo que haya que ceder, que dejen la política y se vayan a poner copas y cacahuetes a los lupanares de Pedro Sánchez y malversadora señora «catedrática» o a República Dominicana a contar los aterrizajes del Falcon sin transparencia.

Continue Reading