Sucesos
Salvaje pelea entre bandas latinas en Madrid: siete detenidos y un herido grave
Salieron de caza. A luchar por lo que consideran suyo: el distrito de Puente de Vallecas, un territorio que se llevan disputando las bandas latinas desde que se asentaron en la Comunidad de Madrid. En esta ocasión fueron los Trinitarios, una decena, aproximadamente, quienes, siguiendo su habitual modus operandi, fueron en busca de rivales. Y los hallaron. Se trataba de un pequeño grupo Dominican Don’t Play (DDP), unos tres o cuatro.
Aprovechando su superioridad numérica se lanzaron a por ellos. Las carreras, empujones y golpes se sucedieron por varias calles del distrito. La mayoría del grupo minoritario tras varios encontronazos con sus enemigos, logró escabullirse, salvo el último integrante, que se quedó solo y se llevó la peor parte. Fue acuchillado repetidas veces con un machete y una de las lesiones, le alcanzó en un costado, resultando herido de gravedad. Fue trasladado hasta el Gregorio Marañón, en donde a pesar de lo penetrantes de algunas puñaladas, logró recuperarse.
El suceso se produjo la madrugada del domingo 23 de septiembre. Los agentes la Policía Nacional de la comisaría de Puente de Vallecas consiguieron detener poco después en la inmediaciones a seis de los participantes en la trifulca, que se extendió por los alrededores. Todos eran mayores de edad, salvo uno, de 16 años.
«Territorio comanche»
Finalmente, el pasado miércoles, 3 de octubre, los funcionarios capturaban al último participante en la cacería: un trinitario mayor de edad, fruto de las investigaciones realizadas por la Brigada de Información de la Jefatura Superior de Policía, que se hizo cargo del caso y tramitó las diligencias, dando por zanjado el asunto.
Precisamente este distrito, el de menor renta per cápita de la capital, es uno de los escenarios en donde los pandilleros se hacen notar y se disputan el territorio, por lo que registran numerosos choques. La penúltima pelea de la que se tiene constancia se produjo este verano. Fue la madrugada del 19 de agosto cuando un «trinitario» de 21 años de origen peruano, resultó herido de gravedad por las, al menos, cuatro cuchilladas que le asestaron en cuello tres «ñetas». La heridas, perpetradas con un machete, le alcanzaron el cráneo, la mano (tenía dos dedos muy afectados) y en la espalda (escápula y fosa renal). Ocurrió cuando estaba en un portal. Malherido, se arrastró como pudo hasta un parque cercano, donde se desplomó. Poco después la Policía Nacional detuvo a uno de los sospechosos, de 23 años y miembro de los Ñeta, acusado de tentativa de homicidio.
La banda más fuerte ahora es la de los Trinitarios. Entre todos los grupos suman unos 250 miembros activos. Desde 2004 ha habido 16 asesinatos (el último, el 29 de julio pasado en Carabanchel). En lo que va de año se está registrando un repunte de su violenta actividad.
En la capital, los pandilleros se concentran en los distritos del sur. Puente de Vallecas, en su día territorio de los Latin King, ahora es bastión de los Trinitarios, aunque coexisten con Ñetas, DDP y los pocos «reyes latinos» que existen tras perder su corona por la detención de su cúpula en 2010. Tetuán es zona de Trinitarios. En Villaverde Alto y Bajo predominan los DDP y Trinitarios, respectivamente, mientras que en Carabanchel y Latina, ambas bandas, junto a los con Ñetas.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
