España
Salvamento Marítimo introduce en España a 286 ilegales que viajaban en seis pateras
El número de personas introducidas en España por Salvamento Marítimo durante la noche del sábado y lo que va de este domingo ha ascendido a 286, entre ellas al menos siete niños y dos bebés, que viajaban en seis pateras por el mar de Alborán.
Una portavoz de Salvamento Marítimo ha explicado que el buque Sar Mastelero está trasladando a Motril (Granada) a los ocupantes de tres pateras, en concreto, 56 personas de origen subsahariano —48 hombres y ocho mujeres— que viajaban en una única barcaza, 20 varones magrebíes que estaban a bordo de otra infraembarcación y 35 personas de origen magrebí, todos varones menos una mujer, que ocupaban otra patera. Todos ellos ha llegado sobre las 15.25 al puerto de Motril.
Además, la embarcación Guardamar Polimnia ha rescatado a 52 migrantes, concretamente 33 hombres y 19 mujeres, que aún no están siendo trasladadas a puerto ante la posibilidad de que se rescate a otras personas.
Cabe recordar que la embarcación Salvamar Hamal ya auxilió a 62 personas —siete niños, 36 varones y 19 mujeres—, que trasladó al puerto de Motril (Granada), donde arribaron sobre las 1.00 de este domingo. A las 22,00 de este pasado sábado, la embarcación Salvamar Spica rescató de una barcaza a 60 personas, entre ellas dos bebés y ocho mujeres, que ya desembarcaron en el puerto de Almería sobre las 00.21.
Por otro lado, efectivos del Equipo de Respuesta Inmediata en Emergencias de Ayuda Humanitaria al Inmigrante de Cruz Roja Española en Murcia asistieron la noche del sábado a 15 ocupantes, 11 hombres, tres mujeres y un menor, de una patera que entró en la costa de Águilas alrededor de las 21.00.
Los migrantes, localizados por la Guardia Civil y la Policía Local de la ciudad en la playa de Las Delicias, fueron trasladados a las dependencias del instituto armado en el municipio, donde recibieron la primera asistencia.
Dos de los ilegales fueron trasladado al Centro de Salud Águilas Norte para una valoración del médico de guardia ya que presentaban lesiones como consecuencia, probablemente, del desembarco en la zona rocosa donde encalló la embarcación. Una vez en Urgencias el facultativo decidió el traslado de ambos al hospital Rafael Méndez de Lorca para pruebas médicas complementarias.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
