Salud
Sanidad advierte del peligro de chupar la cabeza de las gambas esta Navidad

Cualquier época del año es buena para comer marisco. Si bien es cierto, cuando llegan estas fechas, la Navidad, su consumo asciende. Muchos son quienes llenan su banquete navideño de gambas, cigalas, langostinos, carabineros… Y la escena que se repite en cada casa ante este manjar es: chupar la cabeza de estos alimentos.
Pero, ¿por qué es malo chupar la cabeza de las gambas? La Agencia Española de Seguridad Alimentaria recomienda “limitar, en la medida de lo posible, el consumo de carne oscura de los crustáceos, localizada en la cabeza, con el objetivo de reducir la exposición de cadmio”.
Señala, además, que “el cadmio tiende a acumularse en el organismo, principalmente en el hígado y el riñón, durante un tiempo estimado de 10-30 años”, por eso alerta del riesgo que supone para este órgano ya que “puede causar disfunción renal, y a largo plazo, cáncer”.
Es por este motivo que la AECOSAN ha clasificado el cadmio como un agente de la categoría 1 (cancerígeno para los humanos) por existir suficiente evidencia científica que lo avala.
Recuerda también otros alimentos con alto contenido de cadmio, como por ejemplo en los productos de origen vegetal: algas, cacao, setas silvestres y semillas oleaginosas. Así como “destacar que el grupo de alimentos que más cadmio aporta a la ingesta total es el de cereales, no por contener un nivel alto, sino debido a que supone una parte muy importante de la dieta”.
Puede ser que a partir de ahora, ante esta alerta de Sanidad, muchos piensen en cambiar algunas de las costumbres navideñas y dejen a un lado la cabeza de las gambas y demás crustáceos, como medida preventiva.
Salud
Qué puede cambiar en una familia cuando se trabaja desde dentro

Cuando una familia repite los mismos conflictos una y otra vez, no es porque no se quieran o no se esfuercen. Muchas veces, es porque no logran ver qué está pasando realmente. Las emociones se cruzan con los roles, las rutinas con las expectativas, y lo no dicho empieza a pesar más que lo que se habla. En esos casos, acudir a terapia familiar en Madrid puede marcar una diferencia real.
Especialmente cuando se hace en espacios profesionales como Sampai Salud, donde el acompañamiento es cercano, sin juicios, y enfocado en desbloquear dinámicas que ya no funcionan.
Qué es realmente la terapia familiar
A diferencia de otros enfoques, la terapia familiar no se centra solo en un miembro del grupo. Trabaja con el sistema completo: padres, hijos, parejas, incluso miembros que ya no viven en casa pero que siguen influyendo. Se exploran los vínculos, los patrones de comunicación, los silencios, los síntomas y las historias que se arrastran.
No se trata de buscar culpables, sino de entender por qué se repiten ciertos choques, qué emociones no encuentran lugar y qué necesidades no están siendo vistas. En muchos casos, un problema visible (como la rebeldía de un adolescente o la ansiedad de un niño) es la forma que tiene la familia de expresar algo que no se puede decir de otro modo.
Cómo trabaja un centro como Sampai Salud
El equipo profesional trabaja desde una mirada sistémica, que permite ver el problema como parte de una red más amplia. No se busca reparar lo roto, sino fortalecer lo que sí funciona, lo que ya está disponible.
Las sesiones pueden ser con todos los miembros o en formato individual, según la etapa del proceso. Se trabaja con la escucha activa, con preguntas que abren, con ejercicios sencillos que ayudan a tomar perspectiva. También se acompaña en momentos de transición: separaciones, mudanzas, duelos, llegada de un nuevo miembro, enfermedad o cambios escolares.
La intervención es respetuosa, sin forzar, y siempre adaptada a las particularidades de cada núcleo familiar.
Cuándo es útil buscar apoyo
Muchas familias esperan a que el conflicto escale. Pero también se puede acudir cuando hay tensión no resuelta, cuando la comunicación se ha vuelto cortante o cuando uno de los miembros empieza a mostrar señales de malestar sostenido: insomnio, irritabilidad, tristeza, aislamiento.
Otros motivos comunes para iniciar un proceso de terapia familiar en Madrid incluyen dificultades en la convivencia, rivalidad entre hermanos, límites difusos entre padres e hijos o diferencias educativas entre los progenitores.
No hace falta tener una crisis para pedir ayuda. A veces, lo que hace falta es un espacio neutral donde escucharse de otra forma.






