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Se inicia la caza del periodismo patriota

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Josele Sánchez
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Josele Sánchez*.- Si ayer era Yolanda Couceiro Morín, periodista y colaboradora de La Tribuna de España quien era situada en la diana de los yihadistas por un bastardo rapero marroquí, esta tarde (madrugada ya en España) he tenido conocimiento de la detención ¡durante más de seis horas! (y, felizmente, de su posterior puesta en libertad) padecida por el periodista malagueño Armando Robles, director del periódico Alerta Digital y del programa de televisión La Ratonera, medios -ambos.-para los que colaboré hace casi un lustro. Si no actuamos rápidamente y de manera coordinada, el sistema nos va a pasar por encima como una apisonadora. Yo no puedo hacer más gestos, más guiños, ni mayores esfuerzos para conseguirlo. La decisión y el futuro (el nuestro personal y el de nuestros medios, y una buena parte del futuro de España) está en nosotros.

Obviamente mis primeras palabras no pueden ser más que de condena ante este nuevo atentado contra el derecho a la libertad de información, contra la libertad de prensa y contra la libertad de expresión, ejercido por este putrefacto Régimen del 78 -y el gobierno guerracivilista que en estos momentos lo gestiona- por los esbirros del actual sistema político, financiero y mediático que, tras condenar al ostracismo económico a los escasísimos medios disidentes y alternativos ¡éramos pocos y la mayoría de los que quedaban se han vendido a VOX por un plato de lentejas ¿verdad El Correo de Madrid?!, marginándonos en todo reparto caprichoso de la publicidad institucinal (desde la de los ministerios y empresas estatales hasta la última concejalía de pueblo), de una publicidad institucional que está salvando de la quiebra a muchos de los medios de “la prensa del sistema”, tras someterlo a la presión sobre la judeodictadura de facebook, twitter y resto de redes sociales para que bloqueen continuamente nuestras cuentas y con no pocas peticiones judiciales directamente a Google para cerrar nuestros alojamientos webs, ahora le da por detener a quien se sale del “discurso políticamente correcto” de decir que la inmigración es cojonuda, que “los moros” no sólo son buenos vecinos sino ejemplares ciudadanos y de aplaudir la progresiva islamización de España.

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¿Pues no le pregunta la malagueña y prevaricadora Fiscal para Delitos de Odio -a Armando Robles- qué piensa de Adolfo Hitler? Desconozco por completo la contestación del compañero Armando Robles Merecía pero esa pregunta merecía o un ¡y a usted qué cojones le importa lo que piense yo o deje de pensar sobre Hitler, Musolini, Sttalin, Isaac Peral, Juan de la Cierva, El Fary, Terulu Campos y la madre que le parió a usted! , o que directamente le hubiera respondido (no porque lo piense, por pura provocación) “me parecía un tío de puta madre que ojalá se hubiera cargado de verdad a los seis millones de judíos que inventan y ahora no tendríamos a un sionista Estado de Israel detrás de todos y cada uno de los problemas internacionales”-

O ¿es que ya en España pueden detener a alguien -ni por lo que dice, ni por lo que escribe, como de manera consciente y asumiendo los riesgos que de ello se derivan estoy haciendo ahora escribiendo este artículo-, en lo que queda de España, en “estepaís” o “el Estado Español” puede presentarse en un domicilio particular, una “policía del pensamiento” y conducirte detenido ante una Fiscal para que le digas qué carajo piensas tú sobre esto o aquello?

De todas forma aún nos pasa poco por ser tan pocos los periodistas patriotas y disidentes en España y tan mal avenidos, por llevarnos a cara de perro entre la mayoría de nosotros. Yo mismo debo reconocer que, “por un quítame allá esas pajas”, llevo años sin mantener la menor comunicación con Armando Robles con el que otrora trabajé, poco pero intenso tiempo. Una incomunicación que ahora estoy rompiendo, creo que por primera vez en mi vida pues -acertada o equivocadamente- soy de los que cuando ha dejado de hablarse con un amigo, con un compañero, cuando he roto con una mujer, nadie me habrá escuchado decir una sola crítica de esa persona con la que compartí un espacio y un tiempo; nadie, jamás. Lo que pienso lo guardo para mí y además por poco tiempo, porque siempre he tenido la capacidad de sobreponerme rápido a rupturas y otras decepciones. Y es el caso de Armando Robles, una relación que hoy rememoro en defensa -como no puede ser de otra manera- del compañero detenido por su disidencia contra del sistema, del periodista (comparta más o menos sus planteamientos) perseguido -como yo lo estoy- por su lealtad a valores como el servicio a la verdad y a la justicia como categorías permanentes de razón, por su creencia en Dios y por su defensa de una España unida donde antes que las de ningún foráneo se atiendan las necesidades de los compatriotas necesitados, de una España que vuelva a las raices del humanismo cristiano que nos permitieron llegar a ser lo que somos como civilización Occidental frente a la subcivilización que se extiende más allá de los puestos fronterizos de Melilla y Ceuta, una subcivilización que se nos está imponiendo con la islamización progresiva, constante y en todos los ámbitos de nuestra sociedad hasta el punto de que un periodista sea detenido, en su propio domicilio, porque lo han denunciado unas asociaciones de moros de Cataluña y Vascongadas, financiadas con dinero de George Soros y con el vocero de SOS Racismo, otro lacayo del judío húngaro, el payaso Esteban Ibarra.

La Tribuna de España y también La Tribuna de Cartagena (ambos periódicos digitales del Grupo Tribuna de España) oficilizaban ayer su adhesión al denominado “Manifiesto de Cartagena” por haberse celebrado en esta ciudad del Sueste de España las Terceras Jornadas de Contrainformación, el pasado mes, que dieron lugar a la elaboración de un documento de mínimos para integrar a los pocos y mal avenidos profesionales de la comunicación que compartimos la creencia en unos valores de defensa de la unidad de la patria, de lucha contra la ideología de género, de defensa de nuestro medio natural, de la madre naturaleza, la condena de la islamización progresiva de la sociedad, de lucha contra la actual política migratoria y de reivindicación de nuestra soberanía -no sólo política- también la económica.

Por cierto, (para los mal pensado, que haberlos siempre haylos y muchas veces más que los que piensan bien) ni tuvimos La Tribuna nada que ver en que se celebraran en Cartagena (ya ven, yo desde el Tercer Mundo donde sobrevivo como puedo, estoy como para organizar ningunas jornadas), ni participamos en la redacción de ese Manifiesto. Nos hemos limitado a lo que hemos entendido como nuestro deber: compartimos su breve argumento ergo, lo firmamos. Y ahora vamos a intentar que otros medios y otros periodistas y articulistas de opinión -a título personal- también lo firmen, porque resulta imprescindible hacer un frente común. Yo hace meses que estoy en el exilio, a Yolanda Couceiro le ha dedicado un insultante rap un marroquí con mucha influencia sobre gente que está “muy pirada”, detienen a Armando Robles ¿qué medio disidente y qué periodista patriota será el próximo de los 3 ó 4 que quedan?

Si no actuamos rápidamente y de manera coordinada, el sistema nos va a pasar por encima como una apisonadora. Yo no puedo hacer más gestos, más guiños, ni mayores esfuerzos para conseguirlo. La decisión y el futuro (el nuestro personal y el de nuestros medios, y una buena parte del futuro de España) está en nosotros.

Paso palabra…

*Director de La Tribuna de España


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MEMORIA HISTÓRICA REAL: La crisis sanitaria actual y Franco, por Juan Chicharro Ortega

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Franco en el sanatorio antituberculoso de Guadarrama (Madrid), el 23 de febrero de 1949
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A lo largo de los dos últimos años la figura de Franco ha estado de forma cuasi permanente en los medios. La profanación de su tumba, objetivo del Sr. Sánchez y de sus colegas comunistas, era el motivo principal de esta presencia mediática pero también los ataques continuos a su familia y, desde luego, a quienes defienden lo que significó su mandato para España, como, por ejemplo, la Fundación Nacional Francisco Franco.

Sí, el Sr. Sánchez consiguió su propósito de profanar la tumba de Franco, trasladar sus restos a Mingorrubio y mantenerlos allí secuestrados en una situación seguramente sin parangón en el mundo. Algo extraño en una democracia occidental pero no tanto en un régimen socialcomunista como en el que nos encontramos.

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No es intención de estas líneas reiterarme en lo acaecido durante los dos últimos años sino incidir siquiera en la presencia aunque sea implícita y subliminal de Francisco Franco en el desarrollo de esta crisis sanitaria en la que nos encontramos.

Sí, no se extrañen de esto que digo pues la titánica lucha que nuestros sanitarios están llevando a cabo, pese a la incompetencia e inutilidad manifiesta de la gestión política del Sr. Sánchez, se ha fundamentado en muchas cosas pero sobre todo en la pervivencia de una red sanitaria pública organizada y construida por el régimen de Francisco Franco. De hecho, no pocos de los grandes hospitales españoles, por no decir la inmensa mayoría , llamados entonces ciudades o residencias sanitarias, fueron inaugurados por el Generalísimo.

Sería prolijo explicar aquí todo el proceso organizativo y normativo que comenzó con el Seguro Obligatorio de Enfermedad de 1942, pasando a la Ley de Bases de la Sanidad Nacional de 1944 y que culminó en 1963 con la Ley de Bases de la Seguridad Social. Y aún más lo sería darles una relación o lista según datos incompletos de 1974-1975 que el total de la infraestructura sanitaria creada por Franco se desglosaba en: 15 Ciudades Sanitarias más 2 Centros especiales y el Centro Nacional de Rehabilitación de Parapléjicos; 65 Residencias Sanitarias; 7 Hospitales Clínicos; 242 ambulatorios, más otros 207 ambulatorios provisionales; 260 Consultorios y 6 Centros de diagnóstico y tratamiento junto con otras instalaciones de nivel local.

Sería imposible abordar esta cuestión en el espacio de este breve artículo, pero si se repasa el listado desde la primera residencia inaugurada en 1949 hasta las que estaban levantándose o en fase inicial cuando Franco falleció en una de sus residencias sanitarias en 1975, es fácil percibir que ahí están la inmensa mayoría de los grandes hospitales españoles, centros de investigación, algunos situados entre los mejores de Europa.

A todos ellos en una acción de vergüenza nacional, para unos y otros, les han cambiado el nombre con la única intención de no identificar esta inmensa labor social llevada a cabo en España por Francisco Franco.

No los expongo aquí por cuestión de espacio más si hubiera alguien interesado en conocer algo más le recomiendo acuda a la página web de la FNFF donde, en un magnífico informe, el historiador Francisco Torres lo detalla en gran medida.

Leo al escribir estas líneas en «Abc» citar de nuevo a Franco como consecuencia de la censura marxista que el Sr. Marlaska quiere imponer a quienes no opinen como el Gobierno cuasi comunista que preside el Sr. Sánchez. Y es que en esa columna, que prefiero no citar, el articulista se acuerda de Franco a propósito de la censura. Le disculparé pues siendo joven pertenece a esa generación que convenientemente adoctrinada desconoce la totalidad de lo que significó para España la labor social de Francisco Franco.

Hoy en estas línea he intentado una ligera aproximación a que la batalla sanitaria que se libra en hoy en España tiene un componente muy importante en la red hospitalaria que se creó entre 1940 y 1975.

Y ese recuerdo se acentúa cuando viendo la gran labor desarrollada con la impresionante instalación de hospitales como el creado en Ifema uno advierte que no hubieran sido necesarios si no se hubieran desmantelado enormes complejos hospitalarios después de 1975 en beneficio de la sanidad privada. ¿Les suenan el Hospital del Aire o el del Generalísimo en Madrid o el Militar de Sevilla?

Sí, termino. La presencia implícita subliminal de Francisco Franco en esta crisis sanitaria está presente.

A Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César.


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Carta a Pedro Sánchez de un médico sevillano despidiéndose de su larga militancia socialista

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(Remnitido) Hola, Pedro, hola Presidente:

Te saludo en estos momentos tan duros para todas y todos nuestros compatriotas y para mandarte ánimos, fuerza y serenidad, eso es lo que debo hacer y lo que creo que se debe hacer en estos momentos.

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Llevo votando Socialista, al PSOE desde las primeras elecciones democráticas, recién empezados mis estudios de medicina, allá por los años 70s, y desde entonces la medicina pública en la que creo, ha sido la espina dorsal de mi vida. He ido creciendo como profesional y como persona en la sanidad pública andaluza, concretamente en la provincia de Sevilla mayoritariamente tras el MIR, en pueblos pequeños y grandes, haciendo sustituciones del único médico del pueblo cuando éste se iba de vacaciones o enfermaba, porque los médicos también enfermamos, muchas veces contagiados por nuestros pacientes, pero no pasa nada, porque forma parte de nuestra profesión y lo aceptamos de buen grado, cuando en muchos pueblos era EL médico, no, UN médico más, donde no había horarios.

Luego fui intentando ser selectivo con mi especialidad, pero la bolsa de trabajo manda y hay que comer y vivir, Presidente.

Luego ya me fui asentando a base de puntos y antigüedad, en puestos acordes a mi especialidad, pero sin olvidar que ante todo soy médico, médico de toda la persona, de todo el cuerpo humano.

Seguí votando Socialista una y otra vez, primero a Felipe González a nivel nacional y a Escuredo, Chaves, Griñán etc en las autonómicas, y a los diferentes socialistas candidatos en los ayuntamientos donde viví, voté en las municipales, autonómicas o nacionales, los que pusiese el partido, sin rechistar ni discutir sus nulas valías a veces, y fueron pasando los años.

No quise aunque me lo propusieron mil veces, estar en ninguna lista electoral, yo estudié medicina durante más de 10 años para ser médico, sin incluir el doctorado, mi ilusión y mi vocación, y siempre tuve claro que o era político o era médico. En esas listas electorales de todo tipo en las que no quise estar ví los nombres de muchos compañeros y compañeras junto a los que participé en manifestaciones contra Franco mientras aún vivía en su último año de vida cuando éramos casi unos niños.

Muchos de aquellos compañeros de estudios no acabaron la carrera, otros la acabaron, como si hubiese sido ingeniería, historia o derecho, daba igual porque no las iban a ejercer nunca. Ya entraron en nómina en el partido socialista aún en los años 1970 unos, y en los 1980 y siguientes años, otros, y allí siguen, en la órbita del partido, si no es en fundaciones, en empresas públicas del INMENSO entramado económico y de poder del PSOE.

Otros compañeros de partido, que lo fueron aunque nunca estuve afiliado al PSOE, sí lo estuve y lo estoy a la UGT, nuestro sindicato-espejo, y aún así incansables cada cierto tiempo me ofrecían puestos dentro del SAS, del Servicio Andaluz de Salud, pero que nunca acepté, a pesar de los jugosos pluses económicos que suponían doblar el sueldo, y mucho más incluso.

Pero verás, Pedro, me permito tutearte por edad y como compañero de partido, aún necesitándolo y mucho, ese dinero, no pude, me pareció INDECENTE enriquecerme a costa de presionar a compañeros y a recortar “gastos”, pero siempre en personal, haciéndolos redoblarse para no contratar a nadie para completar turnos, y a ahorrar gastos en los pacientes, en obligar a compañeros a prescribir medicamentos de gama económica y procedencia y control casi desconocida, un acto de fe creer en esos principios activos.

Me pareció indecente enriquecerme a costa de forzar altas y liberar camas o atrasar cirugías para ahorrar en “gastos superfluos” y en recortar servicios para la población, y LO PEOR DE TODO, en nombre del “Socialismo”, ¿qué socialismo es ese, Pedro?

He seguido siendo un médico que ha querido estar dentro de los turnos de guardias y hacerlas para no perder el contacto con la realidad de mi profesión.

Pedro, compañero presidente, desde niño oía aquello de que más sabe el demonio, por viejo que por diablo, y con curiosidad por saber cuándo seré lo suficientemente viejo para ello, y ahora, aunque creo que no soy viejo, lo debo parecer bien pasados los 60 años, porque así oigo a mis alumnos y/o discípulos describirme. El caso es que veo a jóvenes idealistas entre mis alumnos y compañeros de trabajo, como yo lo fui, pero verás, Pedro.

He ido viendo durante muchos años de todo en el SAS y en La Junta de Andalucía, he ido viendo tanta corrupción y tanta suciedad en la sanidad, que ya no puedo más, Pedro, viéndote nombrar a ineptos y a tontos útiles con tragaderas tan Grandes como su ansia de poder a toda costa al mando de la sanidad, viendo lo que está pasando. PERO AHORA YA NO, AHORA ESTÁN MURIENDO CIENTOS DE PERSONAS DIARIAS.

La vida me ha llevado a venir a Madrid, donde mi mujer y yo, ambos médicos, hemos venido a ayudar a nuestra hija con los preparativos de su boda, con un excelente joven, y además, los dos médicos al igual que nosotros. Una boda que iba a haber sido a mediados de abril, para lo que nos vinimos a la capital a principios de marzo entre vacaciones y algunos días de libranza de los muchos que nos debían y que nunca nos iban a pagar.

No creo necesario decirte, Pedro, que cuando la situación se agravó nos pusimos a disposición de nuestros puestos en el SAS, pero ni nuestras especialidades ni la situación de Sevilla lo requerían, así que nos pusimos a disposición de la sanidad Madrileña, donde sí nos aceptaron, y así hemos llegado a la situación de convivir 4 médicos en una misma vivienda, cada uno en una habitación para evitar contagios, como cuando hicimos nuestras carreras, unos hace unos años y otros, mi esposa y yo desde los años 80s.

Pedro, esta carta la estoy escribiendo llorando, si las lágrimas que están cayendo sobre el teclado hubiesen caído sobre un papel escrito, sería un gran borrón de tinta difuminada por las lágrimas, lo que he visto aquí y lo que ya llevaba visto en Andalucía durante toda mi carrera, me han llevado a perder mi fe en el socialismo, durante años he querido vota con la nariz tapada, votando a lo que creía lo menos malo, pero ya votando al PSOE sin ilusión los últimos años. Pero Pedro, Presidente, nunca pensé decir esto, pero ya no voy a poder votar nunca más al PSOE, has conseguido que pierda la fe en el socialismo, viendo a tanta gente indigna, mediocre, trepa a tu alrededor, aferrados a sus cargos, y tú el peor de todos, Pedro, además de tus socios catalanes y vascos, me has llevado a romper políticamente con mi partido de siempre.

Porque, Pedro, oigo tus largos discursos estudiados y preparados, llenos de impostación y teatralidad vana, pero carentes de humanidad ni dignidad, y me avergüenzo de ti, de nuestro partido, el PSOE, y de mí mismo por haberte votado y haber pedido el voto para ti a muchas personas. Vergüenza, siento mucha vergüenza y arrepentimiento por ello, porque Pedro, incluso algunas de esas personas a las que pedí el voto para ti, han fallecido víctimas del covid-19, y de tu inacción, Pedro.

Esto dicho anteriormente me duele y mucho, pero más aún me ha dolido ver como en vez de dar pasos para salvar vidas, dabas pasos para salvar tu puesto. Como me dijo otro viejo descorazonado compañero del partido en Madrid, de los de siempre, el día 5 de marzo: “Este tío (tú, Pedro) hace lo que haga falta por mantener su presidencia, el disparate de las manifestaciones del día 8 con esta crisis sanitaria es una locura, pero no hubo cojones para parar aquello, aquellas lobas feministas lo habrían crucificado políticamente”, y a sabiendas de que las horas eran vitales y así se lo decían y hacían saber los expertos desde hace mucho. Mucho antes del día 8.

Cuando acabe de escribir esta carta, irán cerca de 4.000 personas fallecidas.

He visto más cadáveres en estos días en Madrid que en toda mi carrera profesional durante 40 años, incluyendo las prácticas en el anatómico forense.

Es una pesadilla absoluta.

Pedro, Presidente, nombra un comité de expertos, de expertos de verdad y dimite. Convoca elecciones para después del verano, pero vete ya. Ten, por una vez en tu vida, TEN DIGNIDAD Y SALVA VIDAS DEJANDO A LOS VERDADEROS EXPERTOS.

He podido tragar como Socialista, con corrupciones, con golfos con vicios, con ansias de poder infinitas, y he querido creer que era lo menos malo, pero Pedro, no puedo más, nunca esperé ver cientos, muchos miles de muertes de personas en apenas unas semanas que se podrían haber salvado con unas decisiones políticas valientes que no hubo nadie capacitado para tomar.

-¡Presidente!

-¡Te hablo de miles de muertes por Dios!

-¡Que tienes hasta a familiares directos infectados, mucho más que la media!

-¡Pedro! ¡que tus familiares han estado expuestos por la soberbia de tu mujer, gritando “que el machismo mata más que el coronavirus”!

Dios no quiera que falleciesen ninguno de tus seres queridos y cercanos por haberse contaminado gracias al 8-M.

Pedro, horas después de terminar esa manifestación, con muchas de las asistentes llegando a sus casas borrachas y contagiadas, te apresuraste a empezar a hablar abiertamente la alerta sanitaria que callaste ese mismo día 8-M, eso podría y debería tener repercusiones legales, porque hay ya casi 3.000 muertes, y los muchos más que por desgracia vendrán, miles de muertes más.

No, no podré votar nunca más al PSOE, has ido demasiado lejos, ¡porque coño! ¡Que esto no es el Prestige soltando chapapote!, ni las mariscadas, ni los ERES falsos! ni los cursos de formación falsos para parados. ¡Que esto no es lo del perro muerto del ebola!

¡Que son y van a ser muchos miles de personas muertas, coño!

¡POR DIOS! ¡SOCORRO!

¿QUÉ COJONES HACE EL REY Y JEFE DEL ESTADO?

¡ALGUIEN TIENE QUE PARAR ESTO!

Pedro, te podría insultar como fruto de mi frustración y dolor, pero creo que lo peor que puedo decirte es algo que es una triste y desgraciada realidad:

HAS SIDO NEGLIGENTE,?HAS SIDO Y ERES UN PRESIDENTE INDIGNO, pero lo peor es que LO SIGUES SIENDO a pesar de tener ya miles de muertos en tu haber, de los que a muchos los podrías haber salvado. Cada hora DE INACCIÓN supone más muertes.

Se te podría acusar de haber actuado mal y tarde, tarde y mal, y podrías defenderte diciendo que no supiste hacerlo mejor, pero Presidente, SIGUES ACTUANDO TARDE Y MAL, Y SIGUES SIENDO INDIGNAMENTE NEGLIGENTE a pesar de que oigo a verdaderos EXPERTOS en sanidad en los hospitales siendo ninguneados desde las altas instancias por aquellos compañeros nuestros de carrera de medicina que NUNCA EJERCIERON porque se dedicaron a servir a nuestro partido, el tuyo y el mío, Pedro, el PSOE, desde hace ya 40 años.

Gente tan preparada para ejercer la medicina hoy como el Gran Wyoming, o sea, nada, están al frente de altos cargos relacionados con el control de esta PANDEMIA.

Toda EspaÑa se ha recluido en sus casas respetando la cuarentena solidariamente, salvo los típicos cuatro imbeciles inevitables de siempre, incluyendo en esos cuatro imbeciles al vicepresidente Iglesias y su ansia de de protagonismo con el que te has aliado, que conviviendo con una enferma confirmada y hasta en la duda de que él mismo también esté infectado, sea como sea, pone en peligro a todo su servicio de seguridad, choferes etc para poder aparecer en los telediarios a tu lado, Pedro, que también deberías estar en cuarentena estricta e imponiendo consejos de ministro por vía teleconferencia, pero no, ni para eso tienes autoridad.

Ya hay miles de muertos, Pedro, en Madrid usan ya a modo de gigantesco frigorífico el palacio de hielo para conservar a tantos muertos a los que no se da abasto para poder incinerar.

Pedro, como te dije al principio, te mando ánimos y serenidad, pero sobre todo FUERZA Y DIGNIDAD para tomar las decisiones correctas, INCLUIDO DIMITIR Y NOMBRAR A UN COMITÉ DE EXPERTOS DE VERDAD, sin servidumbres políticas ni compromisos adquiridos. Creo que sería el único gesto que te podría salvar como persona y como ser humano. Pero, Pedro. No lo vas a hacer.

Ya nunca vas a tener mi voto, y presiento que como el mío, muchos españoles más. No quiero hablar de política, pero es inevitable hacerlo cuando sois los políticos de los que dependen tantas vidas.

Permíteme que no te diga mi nombre, porque aún me quedan unos años para la jubilación, y en el SAS, aunque ya no esté el PSOE, las redes de mando y clientelares de 40 años aún perduran amenazantes con su vuelta, y quiero tranquilidad en mis últimos años, cuando mi mujer y yo volvamos a Sevilla, si sobrevivimos y volvemos.

Adiós, Presidente, adiós, Pedro, adiós PSOE.

Un humilde médico español


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El comunismo chino tiene miedo

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Ramón Pérez-Maura.- En medio de la pandemia del coronavirus, la República Popular China ha dado una nueva muestra de la singularidad de ese régimen político. Una singularidad que demuestra la debilidad del gigante.

Esta semana hemos visto cómo el Gobierno del Partido Comunista de China ha ordenado la expulsión de aquel país de los periodistas que tenían destacados allí tres grandes diarios norteamericanos: «The New York Times», «The Wall Street Journal» y «The Washington Post». En total aproximadamente una docena de informadores. La razón sería que el régimen de Pekín acusa a los tres medios de ser agentes del Gobierno americano y esbirros del presidente Trump. Creo que lo de que el Times y el Post son esbirros de Trump es algo que la inteligencia china tiene que analizar con mucho cuidado. Eso sí que es novedad. Ése es el nivel de la verdad que difunde el régimen de Pekín. Y al tiempo que China expulsa a esos periodistas, exige un trato respetuoso y profesional para los corresponsales en Estados Unidos de los medios estatales chinos. Porque en la mejor tradición comunista, hay que respetar a quienes son los portavoces de la verdad del Estado. Y los que cuentan «la verdad» de acuerdo con los intereses de ese Estado.

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Es evidente que los corresponsales de esos tres medios norteamericanos estaban contando lo que veían en China al margen de los intereses de la Administración norteamericana. Y eso le puede parecer muy bien al Gobierno chino. Lo que no pueden soportar es que cuenten la verdad de lo que ocurre dentro de su país. El capitalismo salvaje que aplica el régimen comunista chino no alcanza a la libertad de expresión. Eso es simplemente inimaginable porque si un solo periodista chino intentase hacer al presidente Xi cualquiera de las preguntas que se hace cada día al presidente Trump, ese periodista dejaría de serlo. Puede que incluso dejase de consumir oxígeno.

Como muy bien ha dicho el columnista Walter Russell Mead («Beijing Escalates the New Cold War» WSJ. 19-03-2020) «en el pasado los comunistas se conformaban con impedir que la población china leyese lo que tiene que decir la prensa libre. Eso hoy no basta. Hoy están trabajando en construir un nuevo Telón de Acero que impida conocer lo que está ocurriendo dentro de las fronteras de China.» Porque cada vez es más difícil de mantener el equilibrio entre una pujanza económica, que permite a la población reclamar algún derecho, y la falta total de libertades que sigue poniendo el régimen chino. Es cierto que el chino es un pueblo extremadamente sumiso, que rara vez habla de sus libertades. Pero lo está haciendo de forma incansable en Hong Kong y saben que no va a renunciar a ellas en Taiwan. El afán de la China unida de reprender crea incertidumbres. Y la única forma de contestar a ellas no es con mayor libertad o escuchando a la población.

La respuesta siempre es la de la fuerza y la opresión del Estado. Y con ella se intenta imponer que la mayor sabiduría del partido debe ser reconocida siempre. Pero los medios extranjeros han estado contando e investigando errores que se han puesto de manifiesto en Wuhan, donde empezó esta pandemia todavía pendiente de una explicación. Y la solución de esta pandemia sólo se explica –hasta ahora– con la mentira. Mentira en sus orígenes y mentira en su resultado, porque por mal que lo estemos haciendo en algunos países europeos, no es creíble que ya haya más muertos en Italia que en China. Lo que hay en Italia es más medios de comunicación libres que pueden decir la verdad. Y el comunismo chino tiene mucho miedo a la verdad.


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La profecía cumplida

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Dardo Gasparre (R) El coronavirus, como otras pandemias, expone y resume en toda su monstruosa realidad el «problema malthusiano».

Al filo del siglo XIX un clérigo, economista, sociólogo, demógrafo, académico y estudioso de la historia, contertulio del filósofo David Hume y seguidor de Rousseau formuló una predicción archiconocida: como la población universal aumentaba en proporción geométrica y la producción de alimentos lo hacía aritméticamente, de la proyección de las curvas surgía claramente que el hambre y las enfermedades diezmarían la sociedad.

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El libro de Thomas Robert Malthus, An Essay on the Principle of Population, logró por un tiempo preocupar y ocupar a algunos sectores intelectuales porque el argumento parecía tremendamente sólido en ese momento. Pero otros intelectuales contemporáneos del curita, como Adam Smith y David Ricardo, habían empezado a sembrar simultáneamente la semilla del Capitalismo y a predicar las ventajas de la libertad de comercio. Justamente Ricardo, amigo del autor, sostuvo con él algunos debates que anticipaban lo que luego ocurriría: la potencia del liberalismo económico haría que la innovación y el empuje empresario resolvieran el problema.

La revolución industrial trajo también la mecanización del agro, a la que se le agregó la fertilización sofisticada, que luego darían paso a la producción científica de alimentos. Los logros impresionantes de la tecnología, los primeros agroquímicos, la biogenética, el geoposicionamiento y los estudios de clima y suelo, el intercambio entre las naciones y finalmente la globalización escarnecieron al pitoniso inglés y su teoría fué sólo usada como ejemplo de fracaso, casi una burla académica, durante dos siglos.

AL BORDE DE LO IMPOSIBLE

Pero de a poco, en los últimos 70 años, comenzaron a evidenciarse síntomas de que el demógrafo podría no haber estado tan errado. Si bien la hambruna no asoló a la humanidad, las necesidades de una población creciente y demandante fueron aumentando hasta el borde mismo de lo imposible. Porque junto a los avances en la producción de alimentos, los avances del hombre lograron prolongar la vida. De 37 años en 1800, cuando escribió el reverendo Thomas su libro, a casi 80 de hoy. Y la población total pasó de menos de mil millones a 7 veces y media esa cifra. Esto agravado porque el propio Capitalismo aumentó los niveles de bienestar y acostumbró a las sociedades a un estándar de vida veinte veces superior al de fines del siglo XVIII.

Ya el problema no es comer, solamente. Véase lo que ocurre con los sistemas jubilatorios, a punto de estallar globalmente, y con todas las sociedades insatisfechas con lo que perciben. O los sistemas de salud, también saturados, mal financiados, chupándose una parte substancial de los presupuestos de todos los países, o en su defecto, desatendiendo a masas cada vez más grandes de enfermos. O la atención de los ancianos, un problema de costo y también ético tanto para el Estado como para las familias, que se ven en la disyuntiva permanente de condenar sus viejos a la extinción o atenderlos a un altísimo costo.

Las dos grandes guerras disimularon y postergaron la percepción de la gravedad del cambio, al reducir el crecimiento vegetativo de modo brutal y al paralizar las expectativas y reclamos de bienestar ante la imposibilidad de lograrlos. Pero el sendero se retomó en cuanto volvió la paz y el progreso y el crecimiento fácil cambiaron el foco de los gobernantes y gobernados.

La posterior globalización, tan poderosa y positiva en muchos aspectos, multiplicó los problemas de población, ante el desequilibrio que plantean las migraciones, una muestra extrema del problema del crecimiento demográfico y del derecho a la búsqueda del bienestar. Habrá que imaginar la visión malthusiana de estos cambios y su opinión sobre el efecto arrollador del Principle of Population.

El punto donde mejor se sintetiza ese principio es el calentamiento global y la destrucción del ecosistema, que el británico economista ni imaginó siquiera. Los recursos para la alimentación se consiguieron. Su teoría fue superada. ¿Pero a qué costo? Al oponer al poder de la naturaleza animal la fuerza de la inteligencia humana, el resultado fue la virtual quiebra del medio ambiente. Porque, además, a la necesidad elemental de alimentarse, se sumaron las necesidades creadas, la salud, la inmortalidad, el derecho al bienestar, cuando no al lujo. Los lectores que consumen árboles o kilovatios, viajeros que queman carbón y consumen oxígeno y producen monóxido, bienestar que hace subie los mares, aumenta el calor y seca las tierras, o mata las especies.

EL CORONAVIRUS

El coronavirus, como otras pandemias, expone y resume en toda su monstruosa realidad el problema. Pero la del covid-19, pese a no ser de las peores, amplifica la combinación de todos los efectos poblacionales. La aglomeración, las migraciones, el turismo masivo, la globalización, la velocidad, facilidad y baratura de los desplazamientos de personas, la libertad de circulación. También la pérdida de escala de los sistemas de salud, que son y serán excedidos por la fuerza de la masa humana, como temía el pastor inglés. Para peor, encuadrado en sistemas democráticos que también se prostituyeron y deterioraron hasta la ineficacia y la inutilidad a medida que las sociedades se transformaron en masas por la sola fuerza del número y los políticos en burócratas que las manejaban con pura dialéctica por conveniencia e incapacidad.

Ocurre que los recursos también han crecido geométricamente, como otrora la población, pero las necesidades ahora crecen exponencialmente. La ecuación malthusiana se está planteando nuevamente doscientos años después, pero en otra dimensión.

Encerrado en su casa y en su miedo, tigre cautivo e impotente en su jaula de zoológico decretada, el ser humano se siente de pronto inmensamente pequeño e inmensamente frágil y delega su libertad en las manos de cualquier gobierno que parezca más o menos decidido. Aflora lo peor y lo mejor de cada uno, como en toda tragedia. De pronto, hasta se siente culpable del virus, porque finalmente, el virus avanza porque hay gente, y avanzará más cuanta más gente haya.

Como si la furiosa admonición bíblica: «Ganarás el pan con el sudor de tu frente y parirás a tus hijos con dolor», en realidad no hubiera sido el auténtico castigo divino; sino que el verdadero castigo se hubiera plasmado en otra frase del Génesis: «Creced y multiplicaos». O exponenciaos.

En algún lugar de la eternidad en la que él creía, Thomas Robert Malthus sonríe amargamente.


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