Internacional
Seguro que es un caso aislado de un desequilibrado cuya responsabilidad recae en Occidente, por NO quererlo lo suficiente. El autor de los asesinatos de Nottingham es un inmigrante africano que entró al país como refugiado
Tres personas murieron en los ataques perpetrados por un musulmán que se aprovechó de las políticas de fronteras abiertas para ingresar al país y cometer un vil acto de terrorismo.
La política de fronteras abiertas que mantuvo el Reino Unido entre fines desde principios de siglo y el año 2019 por ser miembro de la Unión Europea, y que desembocó en la histórica salida del gigante europeo del bloque político –Brexit-, sigue cobrando sus víctimas.
La policía confirmó esta semana que el autor de los tres asesinatos de Nottingham es un inmigrante de África Occidental de 31 años que llevaba viviendo legalmente como refugiado en el Reino Unido desde su adolescencia.
La Policía no ha revelado aún su identidad concreta ni ha calificado lo ocurrido como “incidente terrorista”, pero el medio Sky News anticipó que se trata de un musulmán que entró al país legalmente por medio de los programas de inclusión del gobierno.
Dos estudiantes universitarios, Barnaby Webber y Grace Kumar, fueron las primeras víctimas del inmigrante, acuchillados en Ilkeston Road a las cuatro de la madrugada del martes. Una hora más tarde, fue asesinado en Magdala Road, Ian Coates, la tercera víctima, a quien le robó la furgoneta blanca con la que minutos después atropelló a tres personas que esperaban en una parada de autobús, una de ellas sigue ingresada en estado crítico y los otros dos sufrieron heridas leves.
Esta sanguinaria matanza siguió, incluso después de que la policía fuera alertada. Como en Inglaterra los policías no suelen ir armados más que con pistolas eléctricas, no pudieron abatirlo inmediatamente y tuvieron que esperar a que chocara para inmovilizarlo con una TASER, en torno a las 5:40 de la madrugada.
La Policía acordonó el centro de Nottingham durante gran parte del día y una decena de miembros de la fuerza de elite NILO, creada a raíz del atentado contra la Arena de Manchester en el 2017, patrulló las calles en las primeras horas del día en la tranquila ciudad inglesa.
La unidad anti-terrorista se sumó a la investigación, aunque la comisaria jefa Kate Meynell aseguró que “por el momento no evalúan que haya sido un ataque terrorista” y que la Policía tiene la “mente abierta” sobre el incidente. El sospechoso actuó aparentemente en solitario, aunque sin dudas podría haber sido motivado por contenido islamista que vio en internet.
La ciudad de Nottingham se volcó el martes en una vigilia por las víctimas en la iglesia de St. Peters, oficiada por el obispo de Southwell y Nottingham, Paul Williams, que expresó “el estado de shock colectivo y la consternación” que se ha apoderado de los vecinos.
Insólitamente, y probando que la programación progresista en la sociedad es inquebrantable, la madre de Barnaby Webber, una de las víctimas, dijo durante la vigilia que por favor no culpen a todos los musulmanes inmigrantes por este crímen: “Por favor, no odien por esto a ninguna raza, color, sexo o religión… Mi hermoso niño, tenes mi corazón, el de tu padre y el de tu hermano para siempre“.
Cientos de estudiantes de la Universidad de Nottingham se sumaron a los actos en memoria de sus dos compañeros fallecidos. Grace Kumar, de 19 años, había sido estrella del equipo sub 18 de Inglaterra de hockey y Webber jugaba en los equipos de cricket de la universidad. Los dos fueron apuñalados en plena madrugada cuando estaban a cinco minutos de sus casas y murieron en el acto, en un acto de odio promovido por una religión violenta y una política de Estado que por décadas le abrió las puertas sin control alguno.
La tercera víctima ha sido identificada como Ian Coates, de 65 años, que trabajaba en administración en la Huntingdon Academy. La dirección de la escuela le recordó como “un trabajador ejemplar, dispuesto siempre a ir más allá al servicio de los estudiantes”.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
