Opinión
«Sigues sin aprender, Feijóo (Fiascóo)» por el Coronel Efrén Díaz Casal
Alberto Núñez Feijóo, (a) Fiascóo:
Después de la reprensión que te dirigí por tu deplorable declaración institucional el pasado 11/11/2022, en vista de que no solo no has prosperado sino al contrario, me veo en la penosa obligación de volver a las andadas intentando que prosperes albergando pocas esperanzas al respecto.
Desde mi derecho a decirle a la gente lo que no quiere oír porque según el filósofo americano Ralph Waldo Emerson, “los hombres sólo son respetables en la medida en que ellos respetan.” y desde mi irrenunciable ideología derechista, que no es la tuya por cuanto manifiesto a continuación, te dirijo estas líneas sobre tu discurso en el pleno del Senado para enfrentarte a Pedro Sánchez el pasado martes 22/11/2022.
Es del dominio público que careces de carisma, y si a eso se le añade que tuviste que leer tu discurso en el pleno del Senado para enfrentarte a Pedro Sánchez, es obvio que lo que le dijiste no lo sientes, que es algo artificial.
En principio llama la atención que no hablases de economía, al parecer tu flanco fuerte y débil de Sánchez, animándole a crecerse ante tu endeble acometida.
Acusaste a Sánchez de presidir un Gobierno en llamas, de haber entrado en shock, de que los daños que ha ocasionado son ya irreparables, afirmaciones que revelan que donde la inteligencia calla, la necedad habla.
Repruebas la política de Sánchez que en solo 15 días ha conseguido desproteger el Estado, derogar el principio democrático básico de igualdad de todos los ciudadanos ante la Ley, dañar el prestigio internacional de España y “seguir evidenciando que lo único que mantiene a su Gobierno unido es el ansia de poder “o sea, lo mismo que vienes haciendo tú con mis reiterados requerimientos para que respetes la Ley Orgánica 9/1983, de 15 de julio, reguladora del derecho de reunión, en la tramitación de actos religiosos en la vía pública.
Dijiste también que “no hay institución, organismo, o política de Estado que no se hayan impregnado de un barniz de indignidad. Y están generando un clima irrespirable en España” o sea, la misma contumacia que estás empleando para negarte a enviar una circular a los alcaldes militantes del PP, entre ellos el de la capital de España, para que respeten y hagan respetar la citada Ley Orgánica 9/1983.
En el citado cara a cara amenazaste a Pedro Sánchez con que “ojalá pudiéramos hacerle una moción de censura”, frase que provocó la hilaridad del sujeto en cuestión.
Si amagas con una moción de censura tienes el deber de presentarla enmudeciendo en caso contrario para no demostrar que te faltan “arrestos” para ello.
Los extremos a los que hemos llegado exigen esa moción de censura, por no decir la exigencia de responsabilidad criminal de Pedro Sánchez ante la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo, como dispone el Artículo 102 de nuestra Constitución.
Tuviste también la osadía de vender la piel del oso antes de cazarlo al decir que “con 350 diputados, la mayoría le debe obediencia debida y la otra está encantada con usted y no lo digo yo, lo dice Otegi”. Como quiera que Pedro Sánchez empezaba a respirar tranquilo, añadiste que “esto no quiere decir que no vaya a hacerse, la moción de censura se hará, y se hará el 28 de mayo” agregando que “la moción no se hará en una urna en el Congreso de los Diputados, sino en miles de urnas en todos los Ayuntamientos de España”.
Con esta frase demuestras que padeces un lamentable complejo de inferioridad ya que, exceptuando los aplausos de tu bancada demostrando que una necedad aplaudida por muchos que no superan la condición de turiferarios a sueldo, no deja de ser una necedad, eres incapaz de concitar esa obediente mayoría que reprochas a tu rival, atribuyendo la idea al etarra Otegui en tanto que omites tus reuniones con Andoni Ortuzar, presidente del PNV y simpatizante de Otegui, con el fin de alcanzar los mismos objetivos que reprochas a Sánchez.
También dijiste a Pedro Sánchez que “su Gobierno ha entrado en shock y los daños ya son irreparables para estar unos meses más en la Moncloa está arrastrando a toda la Nación, generando un clima irrespirable en España”. Estas palabras y tus hechos demuestran que estás continuamente en shock, en tanto que los españoles quisiéramos saber las actuaciones que has llevado a cabo para evitar tan calamitosa situación.
En una palabra, que te pareces a los alfileres en los que su cabeza no es lo más importante de su cuerpo.
Efrén Díaz Casal
Coronel de Infantería (R)
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
