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Opinión

Solidaridad… Bien entendida

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Solidaridad

Tengo la costumbre, antes de ayudar (muy humildemente) a personas de la calle, de preguntarles siempre

– «¿Es usted español?«-

En caso negativo sigo mi camino como si nada hubiera pasado.

¿Por qué ayudo sólo a los españoles?

Por varias razones, a saber:
1.- Porque soy español y ellos son mis compatriotas, mis hermanos, mi «prójimo» (Del Latín proxĭmus). Esta razón debería bastar y sobrar, pero tengo más.

2.- Porque este es su país y si están en la calle es porque no tienen nada más, a diferencia de los inmigrantes, que siempre tendrán en sus países a sus familias y sus primeras viviendas.

3.- Porque son los españoles el colectivo olvidado y hecho olvidar, el amordazado y estigmatizado con la etiqueta de «racista«, «xenófobo«, «insolidario«, etc. Palabras «policía» para manipular el pensamiento que han venido a sustituir al antiguamente tan utilizado vocablo «Hereje» que tan bien sirvió a su función: paralizar y estigmatizar a quien no comulgara con la tendencia moral de la época. Precisamente, el Español es al que han expoliado, siendo el que más ha sufrido los azotes de la globalización en forma de dumping social traído por la inmigración a manos de los codiciosos vendepatrias de derechas y los perros vividores y traidores de izquierdas, teledirigidos desde altisimas esferas que han hecho que el obrero español, además de convertirse en puta deba poner su propia cama, y en ocasiones hasta la de sus hijos.

4.- Porque, a diferencia de la mayoría de razas humanas, el español es tremendamente digno y aún hoy conserva esos rasgos característicos del pundonor y de la honra. Y es que si uno es mínimamente empático, notara que para un español de raza, mendigar es una de las mayores penas que puede experimentar. Otros pueblos, como el gitano o el judío no experimentan vergüenza ni conflicto alguno en su autoestima por andar dando pena y llorando por las esquinas para obtener prebendas a costa del trabajo ajeno; lejos de ello, lo consideran su estilo de vida, un don, una habilidad de dominio y manipulación a los demás, (payos/goys). Muy de trastorno disocial de la personalidad. Pero eso es otro tema.

5.- Porque sé que, de algún modo, al saberse que han sido ayudados por su condición de español, algo que les identifica, algo que nunca les podrán quitar quienes les han quitado todo, su autoestima, aunque sea mínimamente, se fortalece y en las personas que están en la calle, la autoestima es vital para que mantengan la cordura y la fuerza y muy a menudo esta se nutre más de atributos que trascienden al individuo que de los meramente vitales, muy especialmente en estas personas.

6.- Porque es políticamente incorrecto, es herejía para este Régimen hijo de puta y malvado, antiespañol en esencia, que los españoles ayuden a españoles. Y ser un hereje, un disidente, en este Sistema tan maligno, es una obligación, una necesidad para cualquiera con mínima conciencia.

7.- Porque los inmigrantes, a diferencia de los españoles, son comunidades más solidarias entre ellos mismos, disponen de multitud de facilidades, de ayudas específicas, de «activistas» y políticas del Régimen dedicadas a ellos específica y prioritariamente. Ninguna para los españoles, para los nativos. Un sinsentido que ni los propios inmigrantes comprenden.

8.- Porque esto es España y este país lo han levantado ellos y su sangre. Es obsceno, doliente, que un sólo español esté viviendo de la puta caridad en su propio país mientras forasteros se lo llevan calentito cada mes gracias a traidores vendepatrias gobernantes y «activistas«, los verdaderos culpables.

9.- Porque el pueblo español es posiblemente el más solidario del planeta -hasta extremos suicidas- y es de Justicia el retribuir con solidaridad sólo al solidario, nunca al que no lo es y mucho menos a quien se lucra de ella. La solidaridad indiscriminada es una tremenda Injusticia.

10.- Porque yo soy solidario con quien me da la real gana y no voy a permitir que nadie fiscalice mi caridad ni lo que hago con mi tiempo o mi dinero.

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    J. M

    07/07/2019 at 13:55

    Yo también lo he hecho, e incluso a alguno le he recriminado que estuviera afeando mi ciudad y que si no había tenido suerte en España, que volviera a su país o buscara mejor fortuna en otro. Pues no me han pegado porque afortunadamente soy un hombre de bastante envergadura, pero me llamaron de todo menos bonito con una agresividad que se mostraba hasta en sus gestos. Vamos, que como digo creo que no pe intentaron agredir porque mis casi dos metros y más de cien kilos imponen, que si es otra persona algún bofetón sí que se habría llevado.

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    J. M

    03/12/2018 at 01:32

    Yo también lo he hecho, e incluso a alguno le he recriminado que estuviera afeando mi ciudad y que si no había tenido suerte en España, que volviera a su país o buscara mejor fortuna en otro. Pues no me han pegado porque afortunadamente soy un hombre de bastante envergadura, pero me llamaron de todo menos bonito con una agresividad que se mostraba hasta en sus gestos. Vamos, que como digo creo que no pe intentaron agredir porque mis casi dos metros y más de cien kilos imponen, que si es otra persona algún bofetón sí que se habría llevado.

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España

Elecciones autonómicas o juegos florales. Por Jesús Salamanca Alonso

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«El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria».

Trascurrido el 8-M con división, amenazas entre las diversas «tribus» innombrables, desnudos malogrados –aunque ellas mismas se llamen feministas o «feminazistas»– esputos, amenazas e insultos a las periodistas que cubrían la noticia, parece que volvemos a la normalidad diaria que, en estas fechas, son las elecciones de las distintas comunidades, siendo las más cercanas las de Castilla y León.

Tal comunidad, decíamos hace unos días, que tenía sus revoluciones pendientes; incluso León (solo) trabaja por su independencia uniprovincial, otra revolución pendiente y que ya huele. Sigue insistiendo Fernández Mañueco que va a exigir a Vox que, si hay acuerdo, lo sea para toda la legislatura. Él tiene la impresión de que el Mediterráneo estaba sin descubrir hasta que llegó a presidente con su declaración rimbombante. Algo que es lógico y que no se cumplió la legislatura pasada por la falta de cuadros y la división interna del partido que «acaudilla» un tal Santiego Abascal y del que empiezan a mofarse sus seguidores más jóvenes y buena parte de la ciudadanía madura. En fin, si la incompetencia volara…seguramente no nos daría el sol.

Alguien dijo eso de que «éramos pocos y parió la abuela». Pues justamente es lo que está sucediendo en el partido a la derecha del Partido Popular. Abascal se ha ido quedando sin los mejores por las cacicadas que se han impuesto desde la cúpula ultraderechista. Recordarán a Macarena Olona, a Espinosa de los Monteros, la ejecutiva de Murcia y más recientemente a Ortega Smith. Quienes mejor podían conformar los cuadros de gestión están en la calle y durante la campaña electoral tan sólo se ha visto a Abascal. ¿Le molesta que otros chupen cámara? ¿Acaso piensa que le van a destronar de un plumazo por su caudillismo mal enfocado? ¿quiere seguir presumiendo de su enfrentamiento pasado con ETA?

Por mucho que hable Alfonso Fernández Mañueco de exigir compromisos para toda la legislatura, eso no lo puede hacer con Vox porque hay una tremenda deficiencia en sus inexistentes cuadros de gestión. Carece de banquillo, como se dice ahora. Lo estamos viendo en Extremadura y en Aragón, aquí parece que los militantes son más sensatos. En Extremadura ha sido calamitosa la actuación del líder regional de Vox, asesorado por los de más arriba, por eso se están marchando los militantes a chorro. No olviden que los políticos son como los libros de una biblioteca, cuanto más latos están menos sirven.

Casi un 70% de la población extremeña culpa a la formación de Abascal de huir, de no dar la cara y de no haber entendido el voto de las urnas. Han aterrizado en política como podían haber planeado y caído en una vaquería. Si quieren presumir de torpeza, allá ellos, pero la ciudadanía no se lo va a consentir. No deben olvidar que los atropellos se pagan siempre en las urnas y, a veces, antes.

En Castilla y León de prevé un proceso parecido al de Extremadura: «aguanto como que soy fuerte, pero en dos meses te desgasto». Eso no es hacer política, sino terrorismo electoralista y con ello se parece a EH Bildu, pero desde otra perspectiva. ¡Qué poca cabeza tiene el líder extremeño de Vox, si al final acabará claudicando, como dejaba constancia de ello el 53% de los extremeños! La actitud de Vox en Extremadura se conoce en mi pueblo como «enmarranar más al cerdo». En otros tiempos le hubieran «hecho los perrillos» como hacíamos en el colegio a quienes presumían de algo o fantasmeaban demasiado. Y lo hacíamos por su mala fe, tocapelotas, imbécil e insensato.

Tan sólo el 31% de extremeños culpa a María Guardiola del bloqueo por no haber sabido atraerse a los de Santiago Abascal. Posiblemente, la peor noticia para Vox sería convocar ahora mismo nuevas elecciones porque, según las dos encuestas consultadas, esa formación ultraderechista perdería entre dos y cuatro diputados, que sumaría el PP y dos perdería el PSOE.

Si Vox no tiene más que estratagema, esa se combarte con una buena estrategia. Siempre ha sido así. Al PSOE de Extremadura le hundió los engaños del «hermanísimo», las trampas mafiosas de Garrido y la desconfianza de los socialistas. Si se hubieran convocado antes las elecciones generales sería otro el resultado, pero donde no hay mata, no hay patata.

Según veo en una encuesta de Signa Dos para El Mundo, siguen divididos los deseos de los extremeños y mientras uno de cada cuatro apoya que el PSOE permita un gobierno de la derecha pepera en solitario, entre quienes se dicen votantes socialistas, un 40% quiere ese gobierno en solitario del PP. Un 22% de extremeños prefiere que haya repetición electoral porque creen que la ultraderecha acabará de morros contra las urnas. Y créanme que no van descaminados.

El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria. Ni Castilla ni León van a permitir tonterías, ni se va a esperar a que caiga el higo de la higuera o a Abascal lo alumbre San Apapucio, patrón de la estupidez.

Cuando ese santo alumbra, la estupidez y la torpeza ya están instaladas en la persona. Y si no ceden las partes todo lo que haya que ceder, que dejen la política y se vayan a poner copas y cacahuetes a los lupanares de Pedro Sánchez y malversadora señora «catedrática» o a República Dominicana a contar los aterrizajes del Falcon sin transparencia.

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