Sucesos
Solo 49 periodistas asesinados en el mundo en 2019, la cifra más baja desde hace 16 años
Este año han sido asesinados 49 periodistas en el mundo, lo que significa un 44% menos que en el 2018 y la cifra más baja desde hace 16 años, según Reporteros sin Fronteras (RSF), que señala a Latinoamérica como un punto negro con 14 muertos, la mayor parte en México.
En su informe anual sobre la violencia contra los periodistas publicado este martes, RSF destaca que México es el país del mundo con más asesinados (10) junto con Siria (10), que tiene la particularidad de que está en guerra desde hace más de ocho años.
Además, la probabilidad de que los autores intelectuales de los asesinatos de periodistas en México sean juzgados «es casi nula», teniendo en cuenta que «la tasa de impunidad» en ese tipo de delitos contra los informadores «supera el 90 %», denuncia la organización.
El informe hace hincapié en «la ineficacia de las autoridades mexicanas» ante esta situación como lo ha puesto de nuevo en evidencia el asesinato de Norma Garabia, en el estado de Tabasco, tras solicitar sin éxito protección al recibir amenazas por sus artículos sobre la corrupción policial. También el de Francisco Romero Díaz, a pesar de que en su caso si se beneficiaba de medidas de seguridad.
Para la oenegé, Honduras -donde dos periodistas han sido asesinados «fríamente» y «a plena luz del día» en el 2019- también está «superada por la corrupción y el crimen organizado» y Colombia -donde murió el documentalista Mauricio Lezama- se ve confrontada de nuevo a los «viejos demonios» de la violencia.
Reporteros indica que más allá de los 14 asesinatos registrados oficialmente en su informe, la situación en Latinoamérica es tal vez peor de lo que dejan entrever esas cifras porque otros 10 periodistas han sido asesinados en Brasil, Chile, México, Honduras, Colombia y Haití, pero de momento no se han contabilizado porque se están haciendo verificaciones.
A parte de la situación en esa región, lo que verdaderamente ha marcado el descenso de los asesinatos de periodistas en el mundo es la evolución de los conflictos en Oriente Próxmo y en primer lugar de Siria, donde hubo 11 muertos en 2018 y donde se había llegado a cifras de 64 en 2012 y 69 en 2013.
En Yemen también ha disminuido en 2019 el número (2 en lugar de 8 en 2018), lo que para RSF pone en evidencia sobre todo una menor actividad de los periodistas locales y no una menor virulencia de los combates. De hecho, la realidad es que «cada vez menos periodistas yemenís pueden ejercer su profesión en condiciones aceptables de seguridad».
Algo parecido ocurre en Afganistán, donde «la cobertura mediática se ha reducido igualmente», y solo quedan la mitad de corresponsales extranjeros en Kabul de los que había en 2014. Allí han muerto 5 profesionales de la información este año, frente a 16 en 2018 y 15 en 2017.
El cinismo de Pekín
Reporteros recuerda que 389 periodistas están encarcelados por razón de su profesión en todo el mundo, lo que supone un 12% más que en el 2018. Eso sin tener en cuenta los que han sido detenidos «arbitrariamente» durante horas, días o incluso semanas por su cobertura de protestas que han estallado en Argelia, Hong Kong, Chile o Bolivia.
Casi la mitad de esos 389 están en tres países que tienen «las mayores prisiones del mundo» para periodistas: China (120), Egipto (34) y Arabia Saudí (32). No se quedan muy atrás ni Siria (26), ni Egipto (25).
RSF no se priva de señalar el «cinismo» de las autoridades de Pekín, que han publicado un «libro blanco» en el que presentan su país como una verdadera democracia cuando el número de informadores entre rejas se ha duplicado en un año. En cuanto a los periodistas que están rehenes en alguna parte del mundo, son al menos 57 en la actualidad, una cifra que casi no se ha movido en un año y que en su inmensa mayoría resulta de los mismos cuatro países: Siria (30), Yemen (15), Irak (11) y Ucrania (1).
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
