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Tebas propondrá a Rubiales jugar la Liga en mayo y junio incluso cada tres días

Redacción

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La Liga planteará a la Federación extender el campeonato español al mes de junio si la pandemia se extiende en el tiempo. Todo dependerá de la posible suspensión de la Eurocopa, que debería disputarse entre junio y julio, decisión que la UEFA ha de determinar el próximo martes en una videoconferencia con los 55 presidentes de las federaciones europeas, más el sindicato internacional de futbolistas, FIFPro.

Federación y Liga se han citado el 25 de marzo para decidir el futuro desarrollo del campeonato. Los dos entes crearán ese día la comisión para planificar cómo se jugará el resto de la temporada. Se planteará por parte de la Liga jugar incluso en junio cada tres días con el fin de disputar las once jornadas restantes, un ritmo que podría comenzar en mayo en los miércoles libres de competición continental, copas europeas que también deberán apretar su calendario para poder llegar hasta las finales.

Las dos entidades deberán forma una comisión para tomar posibles decisiones. Si no pudiera jugarse la Liga en su totalidad, cosa que no se espera, la comisión, integrada por los secretarios generales y los jefes de competición de ambos organismos, tendría que decidir el campeón, los puestos que clasifican para la Champions y la Liga Europa y las posiciones de descenso. Pero la idea es jugar todas las jornadas restantes.

Los clubes no cederán a las selecciones a ningún futbolista internacional, pues los partidos internacionales se han suspendido ante la pandemia, incluidos los duelos suramericanos que ya eran clasificatorios para el Mundial 2022. Los jugadores sudamericanos que deberían disputar eliminatorias oficiales han sido informados por sus federaciones que no se jugarán.

El artículo 188 del Reglamento de la Real Federación Española de Fútbol es quien dictamina cómo sería la clasificación final de la Liga si no se pudiera acabar en su totalidad . Ligas y competiciones europeas están paralizadas. Faltan once jornadas por disputarse en Primera. El artículo 188 del Reglamento concreta que «en caso de fuerza mayor o circunstancias excepcionales, la Federación podrá suspender total o parcialmente las competiciones, así como prorrogar o reducir los períodos de inscripciones en coordinación, en su caso, con la Liga Nacional de Fútbol Profesional, cuando así resulte legalmente oportuno».

Este artículo del reglamento señala que se crearía una comisión formada por el secretario general de la Federación, su homólogo de la Liga, y los jefes de competición de ambos organismos y argumenta lo siguiente:

«Tratándose de los campeonatos nacionales de Liga de Primera y Segunda División, las propuestas sobre el desarrollo de la competición, clasificación final y determinación de los clubes vencedores, corresponden a la Liga Nacional de Fútbol Profesional, requiriéndose el previo acuerdo de la Federación Española de Fútbol para llevarlas a efecto».

Sería por tanto la Liga la que decidiría la clasificación del campeonato en caso de no poder disputarse por completo, una decisión que requeriría el visto bueno federativo. Si no hubiera consenso sería el presidente de la Federación Española, Luis Rubiales, quien resolvería la clasificación final.

Pero Tebas espera que puedan jugarse todas las jornadas, aunque sea en junio y cada tres fechas..

El Barcelona era líder en el ecuador del campeonato, si se decidiera contabilizar la mitad de la Liga en esa decisión, y lo es también ahora. La importancia de una decisión final de la clasificación sería para decidir especialmente los equipos que competirían en la Champions y en la Europa League así como los tres clubes que descienden.

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Zapatillas: comodidad, moda y decisiones de compra en el Perú de hoy

Redacción

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zapatillas: la palabra suena cotidiana, pero en el Perú de hoy concentra una discusión más grande sobre consumo, identidad y hasta salud pública, porque lo que nos ponemos en los pies dice mucho de cómo vivimos y de lo que priorizamos. En Lima y en regiones, la escena se repite: gente que se mueve más, que combina trabajo con trayectos largos y que, en medio de un ritmo acelerado, busca algo que aguante el trote sin castigar la espalda ni el bolsillo.

La “zapatilla” ya no es un objeto reservado para el deporte. Se metió en la oficina (cuando el código de vestimenta se relajó), en el campus, en la combi, en el mall, en la salida familiar del domingo y en la caminata improvisada por el malecón cuando el día se presta. Y, sobre todo, se instaló como una compra que no se hace a ciegas: se compara, se calcula y se decide con una mezcla de gusto, necesidad y presupuesto. Lo interesante es que el mercado lo entendió antes que muchos: el abanico de opciones se ha ampliado al punto de que, en una sola vitrina digital, conviven líneas urbanas, deportivas y “de uso diario”, con marcas globales y otras más accesibles que apuntan al volumen.

Ese crecimiento se nota en la oferta. En el catálogo de marcas de zapatillas de Ripley, por ejemplo, la variedad es tan amplia que el listado se cuenta por miles de resultados y reúne nombres que van desde Adidas, Nike y Puma hasta New Balance, Converse, Skechers, Reebok y Steve Madden, entre muchas otras marcas presentes en el mismo espacio de búsqueda. No es un detalle menor: cuando el consumidor encuentra tanta diversidad en un solo lugar, la competencia deja de ser únicamente “quién vende” y pasa a ser “quién orienta mejor”, “quién ofrece mejor experiencia” y “quién resuelve rápido” si algo no calza como uno esperaba.

También hay un componente económico que empuja la conversación. Las campañas de descuento, cupones y temporadas comerciales han convertido a las zapatillas en uno de los productos emblema del e‑commerce, con mensajes agresivos de precio y urgencia. En esa misma página se promocionan ofertas “hasta 30% OFF” y se menciona incluso la dinámica de cupón en app, un guiño directo al nuevo consumidor que compra desde el celular y caza promociones con paciencia. No estamos hablando solo de calzado: hablamos de un hábito de compra cada vez más sofisticado, donde la gente no solo busca “algo bonito”, sino “algo que rinda” y que, si puede, salga con descuento.

Pero la zapatilla no vive únicamente en la lógica del ahorro. Hay un fenómeno cultural, silencioso y persistente: el calzado se volvió una forma de pertenecer. En el Perú urbano, sobre todo entre jóvenes, la zapatilla comunica. Una silueta ancha o minimalista, un color sobrio o una combinación llamativa, un modelo clásico o uno más “tech”: todo eso funciona como lenguaje. No hace falta decirlo en voz alta. Se ve. Y esa lectura se ha normalizado tanto que hoy hay personas que planifican su outfit alrededor del par que tienen, no al revés.

En paralelo, la demanda de comodidad dejó de ser “un gusto” para convertirse en criterio principal. El ciudadano promedio camina más de lo que cree: para llegar al paradero, para atravesar centros comerciales, para hacer trámites, para moverse en jornadas largas. En ese escenario, la amortiguación, el soporte y la durabilidad pesan tanto como la apariencia. Por eso se ha vuelto común que una misma persona tenga distintos pares según uso: uno para entrenar, otro para calle y otro para el día a día, incluso si todos se llaman “zapatillas”. Y esa segmentación explica por qué los catálogos se han hecho tan extensos y detallados: no se compra lo mismo para correr que para caminar o para estar de pie ocho horas.

La otra cara de esta historia es la digitalización del consumo. Comprar zapatillas por internet —antes visto con desconfianza— hoy es rutina, especialmente cuando el usuario siente que puede filtrar por marca, talla, estilo y precio en segundos. Esa “sensación de control” es clave. La navegación por grandes listados, donde aparecen decenas de marcas y una cantidad muy alta de opciones, refleja que el consumidor peruano ya no quiere una tienda con pocas alternativas: quiere un buscador con muchas puertas. Y el retail ha respondido con páginas que organizan el caos: filtros, categorías y un lenguaje comercial que insiste en el beneficio inmediato (descuento, envío, cupón, campaña).

Ahora bien, en medio de tanta oferta, surge la pregunta que vale oro para cualquier comprador: ¿cómo elegir sin perderse? Aquí, más que recetas, hay criterios prácticos. Primero, tener claro el uso: no es lo mismo una zapatilla urbana, pensada para caminar y combinar, que una de entrenamiento, que debe priorizar estabilidad y soporte. Segundo, mirar el material: la promesa de “ligereza” puede ser buena, pero si el uso es intenso conviene revisar costuras, suela y ventilación. Tercero, no subestimar la talla: el pie cambia con el tiempo, con el calor y con el tipo de media; comprar por impulso suele ser el camino más corto a la incomodidad.

Al final, las zapatillas concentran un retrato bastante exacto del Perú contemporáneo: un país que se mueve, que mezcla lo formal con lo práctico, que compra con más información que antes y que, pese a las diferencias de ciudad y bolsillo, comparte una misma idea básica: caminar cómodo ya no es un lujo, es una necesidad. Y en esa necesidad caben muchas historias: la del estudiante que quiere durar todo el ciclo con un solo par, la del trabajador que prioriza salud y resistencia, la del padre o madre que busca calidad sin desbalancear el gasto, y la de quien —simplemente— encuentra en un buen par una pequeña certeza para enfrentar el día.

 

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