España
Tenemos lo que merecemos: Viticultores franceses bloquean camiones españoles en la frontera y tiran su carga de vino. OTRA VEZ
Los Mossos d’Esquadra y la Gendarmería francesa están desviando los vehículos pesados a La Jonquera (Girona)
Decenas de viticultores franceses se han concentrado para protestar contra las importaciones de vino español en el peaje de Le Boulou, cerca de la frontera española, en el sur de Francia, han cortado la carretera y han parado a varios camiones españoles, destrozando su carga.
Los viticultores del sur de Francia han convocado manifestaciones para exigir esfuerzos económicos para ayudar a la industria vitivinícola regional, que ha atravesado una cosecha difícil en medio de condiciones climáticas difíciles. Lanzan una «guerra económica contra los criminales económicos que abusan de los viticultores arruinados», ha asegurado al medios franceses Frédéric Rouanet, presidente del Syndicat des Vignerons de l’Aude (SVA).
Los viticultores franceses ha vertido sobre la carretera el vino de algunos camiones españoles y han quemado la carga de tomates de otros.
Después de cuatro años de riesgos climáticos, los viticultores ya no pueden rentabilizar sus explotaciones. «Es toda la zona de producción la que se ve afectada, a nivel regional e incluso más allá», ha asegurado David Drilles, presidente del sindicato de viticultores, a l medio actu.fr «Tenemos respuestas del Estado francés que no se corresponden con los problemas que encontramos. Entre un mercado decadente y una agricultura que sufre incertidumbres, nos encontramos manifestándonos para ser escuchados».
Los Mossos d’Esquadra están trabajando en colaboración con la Gendarmería francesa y están desviando los vehículos pesados a La Jonquera (Girona), pero la Confederación Española de Transporte de Mercancías (CETM) considera que esta actuación resulta «insuficiente».
Por ello, ha pedido a las autoridades que velen para que no se produzcan este tipo de ataques y que lleven a cabo las actuaciones necesarias para que los causantes dejen de actuar «con total impunidad». «Deben responder ante la ley y pagar por los actos que están cometiendo. Además, hay que recordar que ante cualquier manifestación, ha de respetarse el derecho a la libre circulación de viajeros y mercancías», ha defendido.
Debido a esta manifestación en Le Boulou, la circulación de la AP-7 ha sido cortada durante una hora desde las 11.50 entre Figueres (Girona) y Francia en sentido norte.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
